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miércoles, 26 de abril de 2017

PRESENTACIÓN DE JORDI LEDESMA


 
Lo que nos queda de la muerte, de Jordi Ledesma.

Por Sergio Vera Valencia, coordinador del Club de lectura las Casas Ahorcadas.

 

Es verano. Pero no azul. Desde lo de Chanquete, ya no hay veranos azules. Todos son negros.

Estamos en un pueblo de costa sin nombre. Un pueblo sin nombre de la costa catalana. Podría ser Cambrils, podría ser cualquiera. Porque cualquier pueblo de costa  tiene sus cosas, las mismas cosas. En todos cuatro gatos en invierno, en todos cuatro mil en verano. En todos clases y clases, en todos ciudadanos de primera y segunda línea de playa.

Pero este verano negro y caluroso como todos los veranos, será diferente. Será diferente para los habitantes de este pueblo sin nombre de la costa catalana.

Será diferente para Lucía Xerinacs. La preciosa Lucía Xerinacs. La única diosa, de este ateo pueblo sin nombre. Nada será lo mismo, después de que una noche sueñe con un mortal. Un sueño demasiado terrenal para una inmortal, demasiado mortal para una diosa.

Y será diferente para el comandante de la guardia civil. Un viejo cocodrilo, gordo como un cerdo y peligroso como solo puede serlo un viejo cocodrilo. Un animal de bellota, que saca los dientes si no se lleva su mordida. Una bestia que nadie entiende que esté casado con la bella Xerinacs.

Y será diferente para el Bocachancla. Un niñato que se junta con quien no debe, y termina donde no debería, bajo el agua, bajo tierra.

Y por supuesto, este verano será diferente, para el joven e inocente narrador omnisciente de esta historia. Un joven que todavía no sabe que algún día contará esta historia, pero sí que pronto dejará de ser joven e inocente.

Así es Lo que nos queda de la muerte, vida. Una novela corta y coral como la vida. Corta y coral como la vida en un verano de un pueblo sin nombre de la costa catalana.

Y Lo que nos queda de la muerte es poesía. Poesía en prosa negra. Poesía en verso libre y criminal, con el ritmo y musicalidad del mar. Con el ritmo y musicalidad del mar de un pueblo sin nombre de la costa catalana.

Por eso, Lo que nos queda de la muerte es La novela negra más premiada del 2016. Premiada por los lectores de la Asociación Novelpol, premiada por los expertos del congreso de la Universidad de Salamanca.

Así que, si te gusta la prosa poética, o la novela negra que no parece novela negra, aprovecha Lo que nos queda de la vida, para venir a la presentación de Lo que nos queda de la muerte.

Porque Las Casas Ahorcadas se complacen en invitarte a conocer a Jordi Ledesma, el viernes 5 de Mayo a las 19 h, en el salón de actos de la Biblioteca Municipal de Cuenca, en el Centro Cultural Aguirre.

domingo, 23 de abril de 2017

LORENZO SILVA


 

 
 Empezamos esta antologuía por  el capitán de la selección española del crimen. Es el capitán de “la Roja”, porque es el autor con el que me inicié en el género negro, y uno de los grandes culpables de que  ahora estés leyendo estas líneas.

Descubrí a este letrado juntaletras nacido en Getafe en 1966, cuando se alzó con el prestigioso premio Nadal en el año 2000.

 Servidor tenía catorce primaveras.

 Y recuerdo con especial cariño La isla del fin de la suerte, una novela enigma al más puro estilo Diez Negritos que Silva fue publicando por entregas en internet ese mismo año, porque al final de cada fragmento, los lectores debíamos votar cómo queríamos que continuase la historia (que a mí me traía mi tito Willy impresa, porque todavía no tenía conexión en casa).

Por eso, cuando años más tarde tuve que escribir mil y una solicitudes para colegios mayores, siempre destacaba a Lorenzo Silva como mi escritor favorito, mi autor de adolescencia.

Antes de seguir, ¿qué te parece si lees este breve relato y juzgas por ti mismo?

Pues si te ha gustado, deja que te presente a Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro,  la peculiar pareja de guardias civiles creada por Silva, que hoy en día son un clásico dentro del género negro español.

¿Por qué?  En mi opinión, debido al tono desenfadado con el que Vila nos cuenta sus pesquisas, al gran encanto que destilan sus dos protagonistas, y a lo dispares ambiental y argumentalmente que resultan las entregas de la serie.

Y es que, a lo largo de ocho novelas y un libro de relatos, hemos acompañado a esta benemérita pareja de sabuesos atypical Spanish por toda la geografía nacional (Mallorca, Guadalajara, Canarias, Madrid, Barcelona, Valencia….) y hasta por el Afganistán en guerra, desenredando toda clase de madejas, con la situación social del país como telón de fondo.

Aunque si tuviera que empezar a leerlos hoy, lo haría sin duda por el principio, por El lejano país de los estanques (Premio Ojo crítico 1998), para conocer a Bevilacqua cuando era un irónico sargento treintañero recién divorciado. Un picoleto con la curiosa manía de pintar soldaditos de plomo de ejércitos derrotados, que tiene que ir a Mallorca a esclarecer la muerte de una joven extranjera, junto a una bisoña cabo Chamorro que acaba de incorporarse a la unidad. Además, tiene el valor añadido de ser la entrega más divertida de la serie (mención especial a la escena en que los dos guardias acuden a una playa nudista de incógnito….).

Y si luego quieres seguir con los del tricornio, todo por la patria: continúa con El alquimista impaciente (Premio Nadal 2000), La niebla y la doncella (2002, I Premio Tormo)…. Y desde luego con La marca del meridiano (Premio Planeta 2012), donde Vila desnuda al fin su pasado ante el lector.

Por supuesto, la bibliografía de Silva es mucho más extensa y no se limita al género negro, pero no quiero concluir sin recomendar Líneas de sombra (2005), un interesante ensayo sobre algunos de los crímenes reales más importantes de la Historia reciente de España, y Todo por amor y otros relatos criminales (2016) una recopilación de más de cien textos breves inspirados en noticias reales publicados semanalmente en El Mundo, del que hemos extraído el cuento para la antologuía.

Con sangre entra: Antologuía criminal para la animación a la lectura.


 
Léeme, si no te gusta leer (Introducción)

Es probable que estés leyendo esto (gracias, por cierto), y no te guste leer.

No te preocupes, para eso estamos. Además, a muchos les pasa como a ti. Según un estudio del CIS publicado en junio de 2016, en España se leen una media de cinco libros por placer al año.

Algo que parece una tontería, pero no lo es. Las personas que leen más libros voluntariamente, suelen tener mejor competencia lectora. Y los lectores más competentes, acostumbran a obtener mejores resultados académicos y tienen más posibilidades de encontrar empleo.

¿Qué, ahora que sabes lo importante que es leer, eres un poco menos reticente?

Pues solo te pido, que llegues hasta el final de esta introducción. Nada más. Si después logro convencerte de que pases de aquí, muy bien, y si no, ya sabes dónde está la salida.

Tú mandas.

Se acabó eso de la lectura obligatoria. Creo que la lectura obligatoria es lo peor que podemos hacer por la lectura.

Aunque también pienso, que si no te gusta leer, es porque no has encontrado tus libros.

En otras palabras, no es que no te guste leer, sino que no te gusta lo que has leído hasta ahora.

Ya, menudo trabalenguas. Déjame que me explique.

Desde la prehistoria, A todos nos gustan las historias. Es así. Algo inherente al ser humano. Lo mismo da que sean mitos contados por un chamán al calor de la hoguera, o series de televisión vistas al frescor del aire acondicionado.

Todas son historias.

Por eso, el reto está en encontrar libros que cuenten las historias que puedan interesarte, y de la forma más atractiva posible, ¿no crees?

Si estás de acuerdo conmigo, sigue leyendo. Porque pienso que en eso, la novela negra, tiene mucho que decir.

Porque yo creo que “la letra, con sangre entra”. Ojo, no digo que tengas que leer a base de palos. Todo lo contrario. Digo que una buena forma de contagiar la afición a la lectura (la letra) es con sangre literaria (es decir, con novela negra).

No temas, no voy a soltarte un rollo macabeo sobre qué es la novela negra. Baste decir que son historias de crímenes (normalmente, sobre su investigación), que utilizan el delito como pretexto para denunciar injusticias.

Pero, ¿por qué leer novela negra? Dos razones: intriga y compromiso.

Intriga por descubrir quién es el asesino o qué le pasará. Aunque muchos autores no se limitan a plantearte un enigma o crear suspense, la novela negra en mi opinión, debe conservar algo de sus orígenes, cuando era literatura de masas, un entretenimiento  para mantenerte atrapado desde la mayúscula inicial hasta el punto final.

En cuanto a al compromiso… ¿sabías que hoy en día la novela negra es la que mejor refleja la realidad? Mucho mejor que los medios de comunicación, que también te están contando un cuento, y ni siquiera te avisan de que es ficción.

Por tanto, la novela negra puede ser la respuesta a lo que estábamos buscando, al combinar un estilo ameno, que persigue atrapar al lector, y tramas que además de evadirte, te plantean preguntas y te hacen reflexionar sobre el mundo en que vivimos, que es el primer paso para cambiarlo.

Pues si quieres conocer lectura entretenida y comprometida, estás en el lugar indicado.

Porque esto es una antologuía de algunos de los mejores escritores de novela negra de nuestro país.

¿Antologuía? ¿Qué carajo es eso?

Una mezcla de antología, es decir, de selección de textos, y de guía, de recomendación de lecturas.

¿Y eso cómo funciona?

Elemental, mi querido guacho. No tienes más que leer las primeras líneas de las entradas de la etiqueta “Con sangre entra”. Si alguno de los autores te llama la atención, puedes probar un pequeño relato suyo. Y luego, si te gusta, te he dejado unas cuantas pistas sobre su vida, su obra y el argumento de mis libros favoritos del asesino literario en cuestión, los crímenes por los que empezaría a investigarlo, para que si quieres y cuando quieras puedas empezar.

Sin obligaciones ni imposiciones.

Tú eliges.

Y de propina, te invito a conocerlos, porque todos los autores de esta antologuía son (qué casualidad) invitados del V encuentro de las Casas Ahorcadas, que se celebrará en Cuenca del 16 al 18 de Junio.

Porque así es como yo mismo me hice devorador de libros. Acudiendo a festivales a conocer a mis autores favoritos. Después de eso, no pude parar, y ahora leo más de 120 novelas al año.

¿Entonces, qué me dices? ¿Preparado para conocer a la roja, la selección española del crimen?

Cada domingo hasta el festival, iremos añadiendo autores. Y con el tiempo, ampliando la lista de convocados con nuevos nombres, para que cada vez, tengas más donde elegir.

Tan solo espero que disfrutes con esta antologuía, la mitad que yo con los autores que la componen.

Y sobre todo, que te contagies de la letra.

 

Sergio Vera Valencia, Doctor en Comprensión Lectora y capo de las Casas Ahorcadas.

domingo, 16 de abril de 2017

Adelanto del V encuentro de novela criminal las Casas Ahorcadas


Sergio Vera Valencia, Doctor en Comprensión lectora y capo del evento.
 
 
España es muy poco lectora. Según el último barómetro publicado por el CIS en junio de 2016, los españoles leemos una media de cinco libros al año (muy lejos de los 38 de Japón, el país más lector del mundo según la UNESCO).


Un dato que podría ser meramente anecdótico, si no fuera porque estudios internacionales como PISA ponen de relieve que el hábito lector está íntimamente ligado al nivel de competencia lectora de la población, y éste al de fracaso escolar y desempleo juvenil de los países (siendo los índices de España los más altos de la Unión Europea, según un informe de la UNESCO).

Pero, ¿qué podemos hacer para cambiar esto, si existen planes de fomento de la lectura y no parecen dar resultado?
Pues animar a la lectura de otra forma. Promocionando literatura popular de forma popular, con libros y actos para todos los públicos, porque el reto no radica tanto en atraer lectores, como en formar lectores.
Y si como dice el premio Nobel Mario Vargas Llosa, vivimos en la civilización del espectáculo, una buena forma de captar lectores será alejando la lectura del tradicional elitismo intelectual, que tan flaco favor ha hecho por su imagen social.
Por esta razón, desde la Asociación cultural las Casas Ahorcadas, llevamos años apostando no solo por uno de los géneros literarios más reputados y exitosos hoy en día (como atestigua el hecho de que el premio Nobel Patrick Modiano, los princesa de Asturias John Banville y Leonardo Padura, o el último Cervantes Eduardo Mendoza lo hayan cultivado con asiduidad, y que a él pertenezcan tres de los cinco últimos ganadores del Planeta), sino también por organizar actos dirigidos a público menos dado a acudir a este tipo de eventos.
Desde 2013, Las Casas Ahorcadas mantienen un encuentro anual donde se dan cita algunos de los mejores autores del género. Un evento público con un marcado carácter horizontal, donde durante un fin de semana, los asistentes pueden no solo disfrutar de gran número de actividades más descerebradas que sesudas, sino también compartir mesa y charlar distendidamente con los escritores. Y desde la primera edición del festival, antes de su clausura se otorga el Tormo Negro, premio concedido por los miembros del club a la novela mejor valorada de cuantas se han leído durante el curso anterior.
Un festival organizado por lectores y para formar lectores, con actividades dirigidas a los aficionados al género negro, pero también a niños y adultos menos amantes de la lectura.
Así, en esta quinta edición, en un intento por acercar la literatura criminal a los ”telectores”, consumidores de ficción en formatos ajenos al libro, tendremos una charla sobre ciencia forense y series de televisión, la explicación de cómo se prepara una dramatización radiofónica y una mesa redonda sobre el “making off” de una película de cine negro rodada en nuestra ciudad.
En aras de atraer al lado oscuro de la literatura a lectores generalistas, tendrá lugar una mesa con dos de los negros literarios más laureados de los últimos tiempos, Lorenzo Silva y Víctor del Árbol, la lectura dramatizada de obras de microteatro criminal y un recital a cargo de uno de los poetas de más éxito entre las nuevas generaciones: Carlos Salem.
Y es que, desde las Ahorcadas somos plenamente conscientes de la necesidad de crear cantera criminal, para lo cual hemos preparado eventos tan llamativos como un taller de iniciación a la creación literaria para niños, una exhibición samurái y la presentación de un juego de rol de misterio.
Por si fuera poco, vamos a leer los ganadores de certámenes de relato policíaco escrito por estudiantes de bachillerato, y a preparar una antología con textos de los invitados y recomendaciones de su obra para hacer talleres en centros de secundaria y que los jóvenes puedan iniciarse en el género siguiendo sus propias preferencias, sin las clásicas lecturas obligatorias, y venir a compartir sus impresiones con los autores de forma cercana y personalizada, en vez de los tradicionales encuentros multitudinarios.
Todo ello, por supuesto, sin desdeñar a los puristas del noir, para los que habrá un homenaje a PGarcía, el creador del primer detective gay, un debate entre todos los eslabones de la cadena lectora sobre el tema que más polémica ha suscitado durante el último año, si existe igualdad de género en el negro, una mesa sobre un aspecto tan atractivo como poco abordado hasta la fecha, el sexo dentro de la ficción criminal española y una conferencia sobre sagas policíacas españolas, a cargo de los directores del prestigioso congreso de novela y cine negro de la Universidad de Salamanca, que tanto ha hecho por dar visibilidad y relevancia al género dentro de la academia española.
Todo esto y mucho más, será el V Encuentro de novela criminal las Casas Ahorcadas, que se celebrará en Cuenca el fin de semana del 16 al 18 de Junio.
Si os morís por saber más, permaneced atentos a este blog, que cada fin de semana hasta el festival se actualizará con relatos e información sobre los invitados.
Y si no, tiene delito.

 

sábado, 8 de abril de 2017



 
NO ME VACILEN AL COMISARIO, de Ferran Torrent
 Por Miguel Esparcia, el “Grissom de Buenavista”.
 

Formar parte de un club de lectura, y concretamente, de uno de novela negra, nos pone en contacto con unas tramas que a veces pueden ser tan duras, tan sórdidas, que el cuerpo necesita una válvula de escape para restañar las heridas del alma, producidas por tanta desgracia.
 Anhelando esa válvula de escape, me vino a la memoria un libro, una novela de la cuál guardo un magnífico recuerdo.  No he parado hasta encontrarla y releerla, y no me ha defraudado a pesar del paso de los años.
Corrían finales de los ochenta, Aquellos felices años de mi andadura por las enseñanzas medias…en mi todavía existente p Instituto, el I.N.B. Juan de Garay de Valencia.
 Empezaba a afianzarse la democracia, tras el susto del Congreso. Primeros gobiernos socialistas locales y regionales, aires de renovación para unos y anarquía y desgobierno para otros, en fin, nada que pueda sorprendernos en un país como este, con su cainita tendencia al enfrentamiento.
 A ello podríamos añadir, la especial idiosincrasia de la tierra de la traca, donde el todo o nada es moneda de cambio habitual.
Pues en ese ambiente estaba yo inmerso, intentando pasar los estudios de la forma menos dolorosa posible, y ¡zas! de repente nos empiezan a caer las lecturas obligatorias de las asignaturas de letras, que si La Celestina, que si el Libro del Buen Amor… y  claro, la lectura de textos en Valenciano.
El rechazo y las reticencias del rebaño estudiantil no se hicieron esperar, cosa que no extrañó al profesorado, experto en luchar en estos hostiles ambientes de ferocidad hormonal. Yo en el fondo, les veía partiéndose la caja, porque luego, más adelante nos cayeron lecturas del siglo XV de Ausiàs March y el famoso Tirant lo Blanc (primer libro de caballerías en la península). Y eso sí que fue duro….
 ¡Pero  qué sorpresa la nuestra! Comenzamos a leer con resistencia esta primera novela, “No emprenyeu el comissari” (No me vacilen al comisario), y al primer capítulo ya nos había enganchado.
 Una lectura rápida, fácil, con un lenguaje natural, a veces ligeramente soez pero gracioso, que suele provocar tanta admiración en los “teenagers”.
 Fue como una salida al mundo real. Ya no éramos crietes de colegio, leíamos novelas que decían “hostia”, “cojones” y demás palabros que nos sumergían en la realidad. Además, la trama transcurría en nuestra ciudad, a escasos metros de nuestras vidas. Fue el anzuelo, y picamos.
Una visión del mundo del Hampa de la ciudad del caloret de andar por casa, con una clara crítica social y política, y con un humor socarrón que se agradece. Humor que endulza pero no esconde una realidad que trasciende al lector, pero que la hace más llevadera, a pesar de que ocurre a tres paradas de autobús de tu supermercado.
Y sí, queridos, era y es una novela negra, quién lo iba a decir.
Así que con el paso de los años, este texto negro, sí, un poco Light, de mis tiempos adolescentes, y que tan buen sabor de boca me dejó, ha salido a la luz y la he releído con voracidad… y me ha vuelto a enamorar.
 En parte por ella misma, y también por el recuerdo de una época que con todos sus vaivenes hormonales y sentimientos contradictorios fue feliz.

Centrándonos en el argumento, y sin tratar de desvelar su contenido, tenemos a un pobre personaje, una persona que si no es por la novela, hubiera pasado inadvertido ante nosotros. El pobre recibe una herencia “familiar” de mucho peso, y no sólo en su sentido literal. Situación que le provoca una serie de gastos que con su trabajo no puede cubrir. Se ve en la obligación de delinquir.
Pero no se puede ser más desgraciado, elige un chalet para obtener una serie de ingresos extra, y roba al personaje menos indicado de toda Valencia.
La relevancia del personaje afectado, no permite airear el tema y se requiere de la actuación de un detective privado, enfrentado con la policía y que no es santo de su devoción. Detective, Toni Butxana, que se mueve como pez en el agua en el ambiente de ladronzuelos, traficantes, prostitutas y chaperos del centro de Valencia de los ochenta. Y que además tiene en nómina a lo mejor de cada casa.
 Pero nuestro detective es un tipo leal para con sus amigos, y tiene por bandera el no entregar a la policía a los autores de delitos de poca monta. Por lo menos, mientras haya sueltos por ahí de forma impune empresarios sin escrúpulos, políticos corruptos y demás delincuentes de altas esferas.
Aparecen tensiones políticas, expropiaciones de empresas con “abeja”, reconversiones de la empresa siderúrgica de Sagunto (que no conocía peores momentos desde Aníbal Barca), controversias con los inicios de la energía nuclear (que provocan encendidas reacciones de grupos ecologistas), amenazas terroristas de Terra Lliure, secuestros de altos directivos de empresas en alza….
Y en este ambiente tan liado, tan de puzzle, o de “embolic” como dirían nuestros personajes, discurre una historia, de fondo negro, con tonalidades de humor que a veces nos puede arrancar alguna carcajada, y si no por lo menos alguna leve sonrisa, que… no está nada mal con la que aún cae.
 
Se trata de la primera novela en solitario de Ferran Torrent, un periodista y escritor nacido en 1958 en Sedaví (Valencia), un pueblo del área metropolitana de la ciudad del Turia. Normalmente escribe en valenciano, pero multitud de obras han sido traducidas.
Se caracteriza por escribir novela negra con una ácida crítica de la sociedad valenciana de los ochenta en adelante, y quizá por ello no sea tan conocido por el gran público nacional, pero ha obtenido gran cantidad de premios. La mayoría en el ámbito de la literatura en valenciano y catalán. Pero no nos olvidemos que en 2004 fue finalista del Premio Planeta con La Vida en el Abismo, que no es moco de pavo.
 


 

 
 

sábado, 1 de abril de 2017

Habana Réquiem, de Vladimir Hernández.
Por Sergio Vera Valencia.

 
En septiembre, estuve a punto de ir a Cuba.
Ya sabéis, el típico pack de cuatro días en la Habana y tres en Varadero, que muchos españolitos utilizan como excusa para mojar en chocolate sus arrugados churros.
Pero en el último momento, la última semana, un cólico nefrítico me forzó a abortar misión.
Algo que, francamente, me jodió por mi familia y por la pasta que tumbamos, más que por quedarme en tierra.
Y sin embargo, después de “Habana Réquiem”, estoy deseando ir.
Así se titula la segunda novela negra de Vladimir Hernández, un guionista y escritor nacido en la Habana en 1966, con varios premios de ciencia-ficción, que desde 2000 reside en Barcelona.
Un novelista que el año pasado debutó en el género con “Indómito”, una crook story ambientada en su isla natal, Premio L’H Confidencial 2016, pero que la verdad, no terminó de convencerme. Y es que, aunque la trama (una historia de venganza que empezaba con el protagonista enterrado vivo) era potente, su ambientación y sus personajes me dejaron demasiado fríos para ser caribeños.
Pero con “Habana réquiem”, el cubano ha conseguido transmitirme toda la calidez del Trópico y sus gentes.
Aunque mejor, empecemos por el principio, por la Mazmorra, la unidad que la Policía Nacional Revolucionaria tiene en la Habana vieja, la zona más turística de la ciudad.
Y leído lo leído, también una de las más peligrosas.
Porque a lo largo de sus trescientas treinta y seis páginas, seremos testigos de toda clase de delitos: brutalidad policial, maltrato de género, violaciones, falsos suicidios, ajustes de cuentas … una completa postal criminal de la zona, que logra dotarla de vida a través de la muerte y mantener el interés del lector capítulo tras capítulo.
Porque así es el día a día de los cinco polis protagonistas: el teniente Puyol, un veterano sagaz y paciente, sin más aspiraciones que encontrar culpables y cuidar a su hijo autista; el teniente Eddie, un antiguo delincuente protegido del coronel, de métodos siempre al borde de la ley; la teniente Ana Rosa, una trepa estirada y clasista, dispuesta a cualquier cosa para ascender; el sargento Batista, un superviviente con placa al que le encargan ser la niñera de un poli novato; y Manolito, un agente que aprovecha las patrullas para extorsionar chulos y jineteras.
Cinco personajes muy distintos, que Hernández dota de singular carisma e inusitada vida desde su primera aparición, con apenas dos pinceladas biográficas y un puñado de diálogos. Porque los diálogos están tan vivos, tan repletos de giros y expresiones cubanas como solo las calles de la Habana vieja pueden estarlo. Unas calles mucho más sucias y criminales que las de Mario Conde, que demuestran que la novela negra cubana es mucho más que Leonardo Padura.
Y a lo largo de los cuatro días en que transcurre la obra, patearemos el distrito de arriba abajo, desde los lujosos hoteles para Pepes a los putiferios no aptos para turistas, de los palacios de las tribus urbanas a las casas de sus protagonistas, en un paseo tan pintoresco y fascinante que convierte a “Habana réquiem” en una guía turisticriminal ideal para incondicionales del género como yo.
 
Y como tú.
Porque después de leerla, tú también querrás ir a la Mazmorra.
 

 

domingo, 26 de marzo de 2017

LOS NEGRITOS RECOMIENDA...


Dos novelas muy negras y muy distintas, que bien merecen una oportunidad.

Vosotros decidiréis, si el año que viene se la damos.

 
31 noches, de Ignacio Escolar.

Por Antonio Elena
 

Ignacio Escolar (Burgos, 1975) es periodista y fundador del diario Público. Trabaja en prensa, radio y televisión. Es autor de un blog sobre política www.escolar.net, coautor de "Reacciona" y en septiembre de 2010 publicó su primer ensayo "La nación inventada". Con "31 noches" debuta como novelista.

Es una historia "corrosiva" ambientada alrededor de una discoteca, en la que no faltan matones, barcos, polis corruptos y el propio protagonista, un periodista que se ve envuelto en una trama de la que difícilmente podrá salir vivo, si es que sale.

Una novela corta, sencilla de leer y con unos toques de humor que se agradecen.

 

 
Por la mañana me habré ido, de Adrian McKinty.

Por Leonilde Álvarez

 Irlanda del Norte, 1984. El IRA realiza numerosos atentado; las dos ciudades más importantes, Belfast y Derry, viven en guerra, patrulladas  por los soldados británicos, entre el odio de la mayoría de la población. En una de esas columnas está el agente Sean Duffy, un ex-inspector de policía católico que por insubordinación ha sido degradado a patrullar la peligrosa frontera.

De la cárcel se han fugado 38 terroristas del IRA que están preparando una gran cadena de atentados, entre ellos Dermont McCann, un antiguo compañero de clase de Duffy experto en explosivos y un alto mando del IRA. El MI5, a través de una mujer, contacta con Duffy y le promete la reincorporación en la policía si les ayuda a encontrar a McCann. Él accede para librarse de la primera línea de guerra y empieza a conectar con la gente de su pasado, sus barrios destruidos, sus antiguos amigos, las mujeres de la  familia McCann en la miseria, la decadencia de la población en guerra y además se encuentra con un antiguo asesinato cometido en una habitación cerrada que debe resolver si quiere recibir ayuda para encontrar a su antiguo rival.

Con estas dos tramas que combinan enigma, misterio y thriller, Adrian McKinty nos describe el terrible conflicto del Ulster, la violencia, el desorden moral de una zona de guerra, como malvive la población y como los altos mandos de ambas partes manejan el conflicto a su conveniencia. Es la tercera novela de la serie de Sean Duffy y es muy interesante; la forma en que escribe con un lenguaje  muy fluido y preciso, como combina ambas tramas, y como juega con los conocimientos que tenemos sobre la verde Irlanda mitológica y la actual, hacen que no puedas dejar de leer para saber cómo resuelve el enigma de la habitación cerrada (sin ningún truco) y como consigue salvarse de ser una de las bajas colaterales del conflicto.

Esta novela me ha gustado mucho, tanto en fondo como en forma y os la recomiendo.

sábado, 18 de marzo de 2017

Presentación de “El ángulo muerto”, de Aro Sáinz de la Maza.



  Aro Sáinz de la Maza nació en 1959 en Barcelona, ciudad en la que cursó sus estudios universitarios y donde reside.

Desde que debutara como escritor hace dos décadas con “Nada es azul” (Montesinos, 1997), ha publicado un total de veintitrés obras de géneros muy diferentes. Desde novelas para adultos como “La mujer de judas” (Montesinos, 1998), novelas juveniles como “El jugador de frontón” (La Galera, 2001), recopilaciones de relatos tradicionales como “Cuentos de todos los colores” (RBA, 2004) y hasta libros de divulgación como “Como cura la musicoterapia” (RBA, 2003).

Una labor creativa que durante años compaginó con la de corrector y editor de mesa para distintos sellos.

P: ¿Cómo edita un escritor?

Al conocer ambos lados de la barrera, con mayor facilidad que un editor no escritor.

P: Y tras varios años editando títulos para RBA serie negra, Anik Lapointe te reta a ponerte del otro lado, ¿cómo escribe novela negra un editor de género? ¿Cuáles fueron tus referentes?

¿Con mayor responsabilidad, tal vez? Respecto a mis referentes, fueron todos y ninguno. Cuando digo “todos”, me refiero a los maestros de aquí y a muchos de fuera. Pero luego, a la hora de sumergirme en la escritura, los borré de mi cabeza y procuré que fluyera mi propia manera de hacer las cosas.

P: Esa primera novela se llamó “El asesino de La Pedrera”, recibió la mención del jurado en el V Premio de novela negra RBA 2012, y fue un verdadero bombazo en España y en Francia, donde vendió decenas de miles de ejemplares, ¿cómo viviste el fenómeno?

Lo viví, y lo sigo viviendo, con una mezcla de asombro e incredulidad, en un estado permanente de levitación.

P: Después de investigar un asesino en serie inspirado en la obra de Gaudí, el inspector Milo Malart volvió en 2016 con “El ángulo muerto”, una novela mucho más personal y comprometida, que hunde sus raíces en la crisis, ¿cuál ha sido la acogida de tus editores y lectores?

A pesar del cambio de registro, igual de entusiasta que con la primera e incluso superior. Y aquí respiré con alivio. Ahora asisto como un niño con zapatos nuevos al debate que se ha abierto sobre cuál de las dos es la preferida de los lectores.

P: La trama principal gira en torno al asesinato de Carolina Estrada, una estudiosa estudiante de Derecho e hija aparentemente ejemplar, que trabaja de becaria en un bufete que se dedica al cobro de morosos, pero cuya familia apenas llega a fin de mes, ¿ ¿por qué un caso tan paradójico para diseccionar la crisis?

Hoy la realidad es pura contradicción. Surrealista, podríamos decir. Diseñé así este caso porque me permitía mayor eficacia y economía de medios a la hora de retratar la situación que nos ha tocado vivir.

P: Al mismo tiempo, empiezan a aparecer perros empalados en parques de la ciudad, ¿no te pasaste un poquito con el modus operandi?

La maldad del ser humano no tiene límites, como demuestra los casos ocurridos en la realidad con modus operandi mucho más perversos y salvajes, y me estoy refiriendo a torturas grabadas en directo y luego colgadas en la red donde se muestra la agonía y el sufrimiento del animal… Lo mío, en comparación, es Disneylandia. Y además, esta forma responde a un motivo, tiene un porqué en la trama. No es gratuita.

P: Conforme Malart vaya investigando, irá conociendo verdaderos dramas, como el de la familia de parados que solo encienden la estufa cuando viene el niño y que ha tenido que vender el coche para comprarle unos zapatos, o la de un conductor de autobuses que denuncia que intentaron dejarle a un anciano con demencia dando vueltas por la ciudad porque su familia no tenía dinero para dejarlo en una residencia…. ¿son historias reales o realistas?

Aunque parezcan ficción, son absolutamente reales, todas tienen nombre y apellidos. Y esto es lo escalofriante.

P: A pesar de las continuas manifestaciones por techo, trabajo y comida, cuando Milo lee los periódicos, en portada siempre aparece el proceso soberanista, ¿crees que en Cataluña se ha utilizado como una cortina de humo para que la gente no vea lo que está pasando?

En Cataluña, como en el resto del Estado, hay una realidad social y una realidad política. Y no siempre ambas van de la mano. Cada cual, en función de sus intereses, conciencia y problemática, decide qué es más urgente solucionar, si las prioridades sociales o las políticas, lo que a veces ha provocado paradojas muy sangrantes.

P: Dejando a un lado la trama, el personaje de Milo Malart resulta fascinante, con esa mezcla de don para empatizar con los asesinos y de maldición a la hora de hacerlo con sus supuestamente colegas, ¿cuál fue su proceso de construcción, visto que conozco pocos ejemplos en que personaje y autor sean tan diferentes?

Fue un proceso muy largo y trabajoso. Primero, porque mi objetivo es la ficción, no la autobiografía; y segundo, porque uno de los rasgos característicos de Milo Malart es ser, precisamente, escurridizo. Constantemente se me escapaba. Para conocerlo a fondo, tuve que escribir primero su vida al completo, un archivo de una extensión similar a la de las dos entregas juntas… Y aún así, me seguía costando comprenderlo. Hasta que un día, cuando él quiso, y solo cuando él quiso, se sentó a mi lado y por fin pude hacerme con él. Sin embargo, es un tipo que hoy todavía me continúa descolocando…

P: Por cierto, que el inspector ha pasado de leer libros de autoayuda a horóscopos, ¿por qué ese cambio y por qué astrología?

Dejó de leer libros de autoayuda cuando comprobó que no existía uno que pudiera serle de utilidad en su caso personal. Tras esta claudicación, me pareció lógico que levantara la vista al cielo y buscara ayuda en las estrellas. El problema es que, con los horóscopos de la prensa, que poco o nada tiene que ver con la astrología, se encontró la misma falta de rigor…

P: Aunque en “El asesino de La Pedrera” Malart estaba muy unido a la jueza Cabot y tiene un escarceo amoroso con su compañera, la subinspectora Rebeca Mercader, en esta ocasión Milo se aísla mucho más, ¿Podrías contarnos un poco sobre sus circunstancias familiares?

Milo vive con el freno de mano puesto. Su padre desarrolló la esquizofrenia, y ahora le ocurre lo mismo a su hermano mayor. Dos de tres. Le angustia pensar que ese es el futuro que le aguarda. Y debido a su lealtad con su círculo más cercano, a la mínima que siente que un lazo se estrecha se ve en la obligación de cortarlo. Posee una rara coherencia interna que no hace más que complicarle la vida. De ahí su aislamiento voluntario.

P: Solo se mostrará accesible con un pastor mallorquín al que le pone por nombre Tío, ¿por qué con un perro y no con una persona?

Porque, para Milo, la relación con un perro no se basa en palabras, sino en hechos, y porque surge de lo instintivo, sin condiciones. No caben las malas interpretaciones ni las circunvalaciones mentales.

P: Otro aspecto que merece la pena destacar de “El ángulo muerto” es el estilo. Está mimado a la coma, así que la lectura fluye como pocas, ¿se atrevieron a tocarte alguna letra? Quien edita a un editor…. ¿también tiene cien años de perdón, o más?

Creo en el trabajo en equipo. Llega un momento en que unos ojos frescos son imprescindibles. Después de repasar el texto en innumerables ocasiones, tus ojos ya no leen, pasan la mirada sobre las frases, lo que te invalida para detectar errores en la parte final del proceso. ¡Por supuesto que me propusieron cambios! Y no solo el departamento de edición de RBA, sino también un reducido grupo de sabios y expertos amigos y amigas, como consta en “Agradecimientos” al final de la novela, que me hicieron reflexionar y sudar de lo lindo. Todos se merecen, como mínimo, cien estatuas en cien plazas de la ciudad.

P: Especialmente brillantes, a mi juicio, son los diálogos del libro, que suenan naturales y naturalistas, radiografiando con maestría la personalidad y el nivel sociocultural de cada personaje, ¿has tenido que trabajarlos mucho o tienes el oído así de fino gracias a la Musicoterapia?

La clave de los diálogos es el trabajo. Pulirlos una y otra vez hasta que suenen naturales. Suelo leerlos en voz alta para detectar los chirridos. La idea es dar a cada personaje su propia voz, su propia “musicalidad”. No hay nada como pegar la oreja en conversaciones ajenas, por ejemplo en los transportes públicos, para cazar voces. Otra clave es condensarlos al máximo. En los diálogos, menos es más.

P: Después de un thriller con serial killer y de una novela negra tan social como esta, ¿qué espera a Milo Malart?

Un nuevo caso con un nuevo cambio de registro. Dicho de otra manera, un nuevo desafío. Pero eso sí, manteniendo inalterable a Milo Malart. Bueno, tal vez no del todo. Pero hasta aquí puedo leer.

P: Para terminar, ¿podrías recomendarnos tres de tus crímenes literarios favoritos?

¿Solo tres? ¡Va a ser tarea imposible! “Ocho millones de maneras de morir”, de Block; “El último buen beso”, de Crumley; “Alex”, de Lemaitre; cualquiera de Fred Vargas, o de Rankin, o de Indridason, o de… ¿cuántas llevo?

domingo, 12 de marzo de 2017

LOS ATÍPICOS MAESTROS DEL THRILLER JAPONÉS


 Retomamos nuestro periplo por el país del Sol Muriente con dos senseis del thriller, el controvertido Ryu Murakami (ojo, no confundir con Haruki, aunque este empezara a publicar antes que el eterno aspirante al Nobel), y Fuminori Nakamura, el delincuente juvenil más laureado y prometedor de las letras niponas actuales.

Que los disfrutéis tanto como yo.

 


Sopa de Miso, de Ryu Murakami.

 A pesar de su título, más que un plato japonés, esta novela es una montaña rusa.

Y es que, tras años ganándose el sushi como guía por el Tokyo más sórdido, el joven Kenji creía estar de vuelta de todo… hasta que conoció a Frank.

A primera vista, Frank no se diferencia en nada de otros gayjin con ganas de marcha. Uno de tantos hombres de negocios yankys de interminable billetera y paquete insaciable… pero, ¿qué pasa por la impenetrable cabeza del americano? ¿Por qué es tan frío al tacto? ¿Por qué sus historias están repletas de mentiras y contradicciones? ¿Qué oculta?

El desconcertante comportamiento de Frank y la pasmosa habilidad del maestro del thriller psicológico japonés conseguirán que más de la mitad de la novela sintamos el estómago encogido. Pero además de una adictiva novela de suspense, “Sopa de Miso” es un doble viaje iniciático.

Kenji será nuestro impagable guía por la cara oculta del radiante Sol Naciente. Un país que, a pesar de ser una de las mayores potencias económicas del mundo, comprueba estupefacto como sus jóvenes se prostituyen para pagarse los caprichos, sus intachables padres de familia se emborrachan casi a diario y sus castas madres visitan bares de alterne. Y todo para olvidar la soledad.

 Porque Murakami nos muestra un Japón infinitamente solitario y triste, donde cualquier cosa se vende, cualquier mujer lo vende”, si la cartera es lo suficientemente abultada para pagarlo. Una nación de siervos que pretende emular a un amo capitalista que ni siquiera comprende, que persigue el sueño americano sin saber que se adentra en la pesadilla.

Una pesadilla en la que Frank será nuestro Freddy Krueger, nuestro Cicerone en la particular Divina Comedia de Kenji, en su descenso a los infiernos con todos los gastos pagados, al lado más enfermo del lugar más enfermo de la Tierra: la América más profunda y oligofrénica, la cuna de Trump.

El Murakami menos conocido, confronta la basura blanca con la amarilla, las vergüenzas de oriente con las de occidente, sin misericordia ni escatimar en violencia y detalles escabrosos, pero con sorprendente lirismo.

Engullida con mezcla de temor y ansia, de gula y desasosiego esta sabrosa Sopa de Miso, premiada con el Yomiuri Literary Award por un jurado presidido por el premio Nobel Kenzaburo Oé, sólo puedo decir que me falta tiempo para probar el resto de la escasa carta del restaurante Murakami que, por desgracia, ha sido traducida a nuestro idioma.
 

 

El ladrón, Fuminori Nakamura.

 Ishimura es un joven solitario e introvertido, que huye del pasado hacia un futuro incierto. Un atormentado carterista con ética, que sobrevive al deshumanizado Tokio moderno, metiendo mano solo en bolsillos acaudalados. Una sombra silenciosa al que nadie ve, hasta que un día descubre a un niño robando en un supermercado.

Un niño que le recuerda demasiado a sí mismo como para dejar que siga su camino.

Y hasta aquí puedo escribir. Porque estamos ante una novela intimista, de las que trascienden las convenciones del género, donde la trama no es tan importante como los personajes y la atmósfera. Una atmósfera hipnótica y absorbente, narrada con un estilo engañosamente sencillo, pero que te envuelve y te mantiene pegado al papel hasta su última página, a la que, dada la brevedad de la obra, llegarás casi sin darte cuenta.

 Una historia conmovedora, impregnada de melancolía y ternura, escrita con exquisita sensibilidad, y que podría transcurrir en cualquier gran ciudad moderna.

Una pequeña gran obra, unánimemente elogiada por la crítica nipona y estadounidense, que le concedió premios tan prestigiosos como el Kenzaburo Oé o el David Goodies, ideal para descubrir a uno de los autores jóvenes más prometedores y laureados de la literatura japonesa actual.