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domingo, 22 de octubre de 2017

Vuelven los microcrímenes



Ya hacía mucho tiempo que no publicábamos ningún microrelato, ningún microcrimen.
Pero afortunadamente, la sangre ha vuelto al río (Júcar), y aquí tenéis el último parto de nuestro frailecillo favorito.
Si os deja secuelas, no diréis que no avisé.
  

EXILIADO

Por (fray) Manolo Polo

Tuve que emigrar. Al principio me compadecieron huérfano. Ahora sé que, algunos que me desprecian bastardo, me sospechan soltero y viudo. ¿Podré irme sin aclarar las confusiones?

Todo fue culpa de ella, una hembra excelsa. El óvalo de su cara, su perfil, cuello, hombros, caderas, pubis, nalgas, corvas: un concierto de líneas puras en el esplendor de la curvatura. Sus pechos: la perfección de las cúpulas. Con razón podía considerarme afortunado, más aún, bienaventurado. Veinte años yo, cuarenta ella en plenitud de esencia, presencia y potencia.

Éramos dos con ella. Mi padre, viejo tontorrón, acabó penitenciándose por tamaño desliz de madurez, aunque había sabido perdonarse el de juventud del que yo soy fruto. Lo sustituí, ahora toda mía en exclusiva.

Pero llegó un tercero y la oí gritar de placer en sus brazos. Luego, húmedo brillo en su mirada ausente y húmeda sonrisa en su boca que asomaba al más feliz de los mundos desde sus entrañas enfebrecidas, la misma cálida sonrisa de su entrepierna, me confirmaron su pérdida.

No pude aceptarlo. Hice justicia. Murieron los dos amantes y mi padre cargó con la culpa. Crimen pasional sentenciaron, yo diría místico. Se está pudriendo en la cárcel. No durará. No me quedará nadie.

Es duro, en una ciudad pequeña, ser el hijo del cura, pero si además está en la cárcel por haber matado a una buena señora, madre de cuatro hijos y esposa del mejor alcalde que hemos tenido, se hace casi imposible soportarlo. Tuve que emigrar.

3 comentarios:

Encarni Prados dijo...

Que bueno, me ha encantado. Llevo poco por aquí y es la primera vez que veo esta sección. La seguiré de cerca.

Leo Alvarez dijo...

¡Que relato tan estupendo! Muy divertido .

Cristina dijo...

Tan bueno e irreverente como tienes por costumbre.