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domingo, 4 de diciembre de 2016

El expreso de Tokio.


Konichiwa, babies.
¿Qué tal lleváis ese acueducto? Si no tenéis pasta para viajar, ¡siempre podéis visitar el país del Sol Muriente!

No tenéis más que pasaros por Elemental, para echar un vistazo a los artículos que hemos publicado sobre los orígenes de la novela criminal japonesa y sobre Edogawa Ranpo, el padre del misterio nipón y el subgénero erótico grotesco.
Pero antes, ¿qué os parece hacer una parada en el Japón de los cincuenta, de la mano de Seicho Matsumoto y la estupenda reseña que Pilar Narbón ha preparado de “El expreso de Tokio”?

Aunque si no has terminado la novela, te recomiendo que no leas el último párrafo.
¿Qué, preparados?

 ¡Pues lectores al tren!
 
 

El expreso de Tokio, de Seicho Matsumoto.
Por Pilar Narbón.

 No sabemos si es casualidad o una estratagema, pero la novela está armada con una estructura narrativa circular. Es cierto que los sucesos se narran de forma cronológica, y que el primer capítulo sitúa al sospechoso en el ámbito espacial y temporal de la estación de trenes de Tokio. Es cierto que su objetivo es conseguir testigos para fundar la certeza de que las víctimas son pareja. No es menos cierto que la intriga criminal se inicia con el presunto suicidio de esa pareja de posibles amantes y finaliza con el suicidio cierto de otra pareja de amantes imposibles. Las dos parejas: víctimas y asesinos perecen con la ingestión del mismo veneno. En torno a esa polaridad de sucesos idénticos se construye la trama novelística. Esa estrategia hace que consideremos que el relato pivota sobre una estructura circular o elíptica. Se vuelve al lugar donde se propicia la historia, no sólo a través del hecho repetido (el suicidio de dos amantes); también a través de la experiencia itinerante. El investigador Mihara, en busca de respuestas a sus sospechas, se ve obligado a repetir el mismo itinerario que el presunto homicida. Obcecado en encontrar una fisura en una coartada perfecta, lo vemos viajar de sur a norte y de norte a sur, en el expreso de Tokio. Si bien los espacios geográficos donde paran los convoyes únicamente se mencionan, el viaje es parte del enigma. El itinerario se convierte en un auténtico puzzle con ese enrevesado horario de trenes. El viaje físico e intelectual que realiza el detective para resolver el misterio del falso suicidio es también el viaje del lector. El narrador interactúa con el lector, para que este participe activamente en el proceso deductivo. A través de la fragmentación del relato, el lector hace suyas las sospechas de los dos investigadores y elabora conjeturas que a veces se descalabran. La complejidad del argumento reside en la exposición de hipótesis que unas veces se frustran, y otras se convierten en una madeja que se va desenredando. Pese a que ambos investigadores parten de una intuición, la investigación se desarrolla con irreprochable lógica. El interrogatorio de testigos, la comprobación de coartadas, el análisis de escenarios, se conduce con el rigor de la confirmación de pruebas.

Existe una sutil crítica social en torno a la corrupción, con un tono resignado de moraleja: que la corrupción no pasa factura y que los corruptos son premiados con un cargo político de mayor enjundia. La investigación de un caso de corrupción es el eje sobre el que gira la trama. Se inicia con la muerte del funcionario investigado  y su presunta amante. La vuelta de tuerca es que al final de la historia, las víctimas se convierten involuntariamente en verdugos, en una jugarreta irónica del destino.

Otra rareza de la estructura narrativa es la intervención de dos investigadores sin que veamos –como es de suponer- dos diferentes puntos de vista. Se evidencia que la perseverancia es el principal rasgo del perfil psicológico de los dos policías que intervienen en la resolución del caso. Su perspicacia se guía en principio por instinto. Algo les hace sospechar que un suicidio no es lo que parece ser. Van creciendo en profundidad a medida que perseveran en el planteamiento de hipótesis irrefutables. Desmontar las coartadas esgrimiendo pruebas, intenta demostrar que el instinto solo no funciona. La oposición entre los dos investigadores sólo opera en el aspecto físico. Frente al viejo y desastrado Torigai, se opone el joven y atildado Mihara. Sus caracteres constantes, disciplinados y metódicos se complementan. Se echa de menos –eso sí- una mayor diferencia en la manera de ser y comportarse en la investigación.

Además, resulta algo endeble el leit motiv y el perfil de la autora intelectual del crimen. Vertiginosamente resucitada, se convierte en una vengadora viajera que va y viene para matar. El asunto debería haberse centrado más en los motivos de la trama corrupta para eliminar a un testigo incómodo. Sin embargo pasa de puntillas por ese “móvil” y se fija en los irracionales celos y el rencor de una esposa despechada hacia la que cree su rival. Un tanto rocambolesco el desenlace, aunque propuesto desde la perspectiva de un final abierto a dos posibilidades.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Un black Friday con Empar Fernández.


Para celebrar el Black Friday, que mejor que hablar del que compartimos con Empar Fernández la semana pasada.   

Empar Fernández nació en Barcelona en 1962, y es licenciada en Psicología clínica e Historia contemporánea. Desde hace años, compagina su labor como guionista y escritora con la docencia en un centro de secundaria.

Como guionista, ha escrito documentales históricos como “la ciutat foradada”, premio Serra y Moret 1998, y Desde que inició su andadura literaria en el año 2000, con Horacio en la memoria, premio Cáceres de novela, ha publicado una veintena de libros de ficción y no ficción.

Entre sus ensayos, destaca “Planeta ESO” (2003), una reflexión sobre el mundo de los institutos en clave de humor, escrita a cuatro manos con la también profesora Judith Pujadó, que resultó ganadora del premio Pere Quart de humor y sátira.

Y entre sus muchas novelas, no podemos dejar de mencionar “El loco de las muñecas”, finalista del premio Fernando Quiñones 2008, “La cicatriz”, premio Reja dorada de novela breve 2009, así como la trilogía de género negro protagonizada por el inspector Santiago Escalona escrita a cuatro manos con Pablo Bonell.

S.V. A raíz de la ausencia de finalistas con dos cromosomas equis entre los premios de la última Semana Negra, se levantó notable revuelo sobre si existía machismo y diferencias de género en el género escrito en España, ¿cambia en algo tu forma de matar cuando lo haces acompañada de un hombre?
E.F. Sinceramente, creo que no. La diferencia cuando trabajas a cuatro manos y dos mentes, es que todo cuanto piensas y escribes a de satisfacer a dos personas y eso supone una dificultad añadida, indiferentemente del sexo de los miembros del equipo.

 Con “Maldita verdad”, tu última novela, culminas la trilogía de la culpa, que se inició con La mujer que no bajó del avión y La última llamada, ¿por qué la culpa y por qué una trilogía que solo comparte las calles de Barcelona?
La culpa me interesa como tema. Creo que nuestra formación básicamente católica propicia que experimentemos culpabilidad a la menor ocasión, incluso cuando no somos responsables en absoluto de lo sucedido. Muchas de las grandes obras de la literatura abordan el tema de la culpa. Es un sentimiento que todo lo enturbia y enmaraña y que exige una expiación que no siempre es posible.

 Estas tres novelas son criminales, pero no negras al uso, qué significa gris asfalto y porqué esa etiqueta.
A menudo se ha comentado de las novelas de la trilogía que no respondían a los patrones del género negro, y es cierto, pero creo que nos conviene ampliar los límites para que el género no se asfixie y no se convierta en la repetición de una fórmula con más o menos fortuna. Como lectores y expertos insistían en que no podía referirme a novelas negras, acuñé mi propia etiqueta: gris asfalto. Novelas oscuras y muy urbanas, casi novelas de barrio.

 Maldita verdad arranca con que Olga Bernabé, una cuarentona divorciada y hastiada de su trabajo y de su vida, descubre que su hijo se ha suicidado, ¿Cómo se te ocurrió tratar un tema tan duro como ese siendo tú también madre, es que no tuviste suficiente con el de la desaparición de una hija en La última llamada, o es que eres una escritora masoquista?
Me gustan los temas intensos, también como lectora. No imagino nada mucho peor que la muerte voluntaria de un hijo y ligada a ella la necesidad de una explicación que los progenitores consigan entender. Como profesora he tenido algún alumno que ha protagonizado una tentativa de suicidio.

 En Planeta ESO, demostrabas conocer a la perfección el mundo de los adolescentes como el difunto Daniel Carreras, un chaval que apenas habla con su madre, que ni siquiera sabe que tenía novia y que fue víctima de acoso en las redes sociales, ¿tan diferentes pueden ser los adolescentes dentro y fuera de casa como para parecer extraterrestres?
Sí, lo son. La visión que unos padres tienen de su hijo no siempre coincide con la que tienen sus profesores. La adolescencia es la edad de los silencios, la de los secretos y la de los encontronazos con las figuras que representan la autoridad (padres, profesores…) Años difíciles para todos, en especial para el propio adolescente que está creando su propia identidad y que se siente desorientado y maltratado por la adversidad.

A mi juicio, “Maldita verdad” es ante todo una novela de personajes, que resultan muy humanos, especialmente Olga, su exmarido y el detective protagonista, ¿Qué crees que te ha ayudado más para dibujar tan bien su psicología, tu formación clínica o tus años de experiencia como domadora de hormonas?
Creo que los estudios de psicología ayudan a reconocer reacciones y conductas y la experiencia a saber reaccionar frente a ellas. Quizás para escribir una novela resulte más importante la formación psicológica.

Su carismático protagonista, Raúl Forcano, es un neurótico aspirante a detective tan logrado que me recuerda a mí mismo, que a sus treinta años todavía no ha terminado la carrera ni se ha emancipado, con el que compartiremos dudas y obsesiones ¿por qué elegiste un detective tan inexperto y normal, si hoy en día lo que se lleva son los sabuesos traumatizados de vuelta de todo?
Precisamente porque creo que proliferan los detectives de perfil violento que han sido abandonados por sus esposas y se han alcoholizado de pura amargura. Buscaba dibujar un detective low cost completamente normal en su conducta y algo maniático, y eso es lo que encarna el debutante Raúl Forcano.
 
Como el pobre Forcano no tiene donde caerse muerto, su familia le cede el piso de su difunta abuela. Mientras lo remodela, conoce a Alejandra, una preciosa argentina desesperada porque no tiene dinero para pagarse un alojamiento, con la que pronto compartirá casa pero no cama, ¿tan enamoradizos y pagafantas somos los neuróticos?
Sí, en especial los que no han tenido demasiado éxito en sus relaciones afectivas y siente la necesidad de establecer una relación duradera. Raúl se enamora de inmediato de una chica guapa que le presta atención.

También me ha llamado la atención que durante sus pesquisas, este aprendiz de detective menciona manuales de criminología y sus discrepancias con la realidad, ¿has consultado bibliografía o algún detective privado para documentarte sobre el noble arte de buscar cuernos humanos?
Sí, a menudo me asesora un detective privado también autor de novela negra, Vicente Corachán. Para asuntos relacionados con el procedimiento policial en ocasiones recurro a Rafa Melero. Tengo una amiga doctora que responde a mis preguntas y un pariente abogado que también se presta.

 Cuando Forcano descubra al fin la maldita verdad sobre el suicidio de Daniel Carreras, tendrá el dilema moral de revelársela o no a su clienta, porque puede destrozarla, ¿si tú fueras Olga, preferirías las mentiras piadosas o la maldita verdad?
Preferiría la mentira piadosa. Sin duda.

La trama es muy realista y verosímil, y los giros, que los hay y muy logrados, están más relacionados con la personalidad de los personajes que con sus actos, retratando a la gente normal como hacían las novelas de Simenon que tanto le gustan a Forcano, ¿es el creador de Maigret uno de tus referentes literarios?
Sí. Admiro su capacidad de observación de la condición humana. Era un creador incansable y el número de personajes que llegó a retratar magistralmente, infinito. Tiene algunas novelas olvidables, pero era un maestro en el retrato de tipologías humanas.
 
Al margen de la novela, este año has participado en dos antologías de género negro, una de relatos ambientados en Barcelona, algo lógico porque es donde sueles ambientar tus novelas, y otro de cuentos pornocriminales, ¿cómo fue la experiencia de escribir un relato pornoir, tú que, hasta donde sé, no sueles incluir sexo en tus libros?
Fue interesante, un reto. Acabé inclinándome por la vertiente criminal de la propuesta. Es un crimen perpetrado durante el rodaje de una película porno.

 Y hablando ya del futuro, ¿por dónde irán los tiros, veremos más a Forcano, y más sexo explícito? ¿Dejará de ser un pagafantas para ser un rompebragas?
Creo que habrá más Forcano, pero el calendario está por concretar. Seguirá siendo un pagafantas, pero le concederemos una alegría de vez en cuando.

Para terminar, como Forcano es un gran aficionado al género, en Maldita verdad se mencionan algunos libros como los de Philip Kerr, ¿qué novelas crees que nos recomendaría leer el aspirante a detective? ¿Y cuál, tirar a la basura?
La trilogía Berlin Noir de Philip Kerr, no las novelas posteriores, y la obra negra de Hening Mankell, sin dudarlo.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Gokumon to. La isla de las puertas del infierno, de Seishi Yokomizo.



Por Fermín Cañizares.

La isla de Gokumón, situada en el Mar interior japonés de Seto, fue bautizada con el nombre de Isla de las Puertas del Infierno  por la Historia turbulenta de sus moradores, a lo largo de muchos siglos de existencia.

Finales de la Segunda Guerra Mundial. Los soldados japoneses vuelven a los hogares que les vieron partir, salvo aquellos que se quedaron en el camino, en lo que fue  una de las experiencias más horribles de la Humanidad.

Entre estos soldados, se encuentra nuestro protagonista, el investigador Kindaichi Kosuke, aunque esta última faceta la desconocen los habitantes de la Isla, de lo que se valdrá para sus indagaciones.

La población de la isla de las puertas del infierno, cual conformación de la Tierra, se formará en diversas capas o estratos a lo largo del tiempo, con la llegada de distintas oleadas de personajes, todos ellos caracterizados por ser gente de mal vivir, desterrados de otros lugares de Japón: nobles caídos en desgracia, delincuentes, asesinos, convictos, piratas …. profesión, ésta última, que ejercieron durante siglos, y que hizo que aunque haya algunas islas muy cercanas, sus habitantes no se aventuraran a ir a Gokumon.

Kindaichi Kosuke, recibe el encargo de su difunto compañero de armas Kito Chimata de ir a su casa con una carta, cerrada, y con un mensaje incompleto, en el que teme por la vida de sus hermanas.

Una vez llega a la Isla, Kindaichi se encontrará una sociedad desconfiada y encerrada en sí misma, pues al no mezclarse con otras gentes, se ha ido formando una sociedad endogámica, impenetrable, con unos personajes y estatus muy marcados, sobresaliendo por su influencia, el Abad del templo Budista, máxima autoridad no solamente en lo Divino, sino también de facto en lo humano.

El autor Seishi Yokomizo nos ofrece una certera visión de Japón. Entre las cosas que podemos  destacar, está la grandísima relación de los Japoneses con la Naturaleza , reflejada en los nombres de las hermanas de Kito Chimata (Luna, Nieve y Flor); en Los Haiku, poemas en los que se  debe hacer mención a una estación del año; en la descripción de los árboles y flores que circundan el templo y los lugares más sobresalientes de la Isla; y en las referencias a flores en los diálogos.

También nos hace un semblante de sus creencias, pues además del Budismo, hacen prerrogativas a numerosos Dioses del Imaginario colectivo ancestral de la Cultura japonesa.

En este ambiente, profundizando en sus símbolos culturales, lleva Kindaichi a buen fin sus pesquisas.

sábado, 12 de noviembre de 2016

El principio de MALDITA VERDAD de Empar Fernández

PRIMERA PARTE


Noviembre de 2012

·I·

 Salió de casa muy pronto, a primera hora de la tarde y sin la acostumbrada cabezada en el sofá que le ayudaba a sobrellevar el madrugón diario. Necesitaba aire fresco, rumor de voces, asfalto. Los secretos le asfixiaban y no encontraba arrestos para volver a mentir. Tenía la sensación de que llevaba demasiado tiempo inmerso en un engaño. Algo más de tres años desde aquella primera y lejana media verdad. No quería dar explicaciones y no las dio, simplemente le anunció a su esposa que volvería a la hora de cenar y le rogó que no sufriera si se retrasaba. Marisa lo miró con extrañeza, quizás con cierta contrariedad; Julio pudo leerlo en sus ojos, pero no preguntó.

En la calle hacía frío y el viento que subía desde el mar despejaba de transeúntes las aceras. Era un atardecer verdaderamente desapacible, aunque hacía tiempo que Julio apenas reparaba en ciertas cosas. Ya no le molestaba la lluvia pertinaz y habían dejado de alegrarle los días especialmente luminosos.

Les Corts era uno de los pocos barrios que apenas conocía, nunca le asignaron esa ruta, pero no tardó el localizar el portal en el que se hallaba la consulta de Samantha Damon, muy cerca del Camp Nou y del edificio de la Maternitat, en un inmueble de cierto porte venido fatalmente a menos. Buscó entre la hilera de ventanas de la segunda planta, pero nada permitía distinguir unas de otras. Se alejó.

Había salido de casa demasiado pronto y necesitaba dejar correr el tiempo hasta bien entrado el anochecer. Tenía dos horas de vacío por delante. Dos horas que pensaba dedicar por completo a intentar serenarse y a comprender la razón por la que estaba allí, a punto de consultar a una médium. Algo que años atrás le hubiera parecido un verdadero disparate propio de personas fáciles de engatusar.

Localizó un bar junto a una plaza pequeña y recogida a pocas manzanas. Ni un alma en los bancos y solo un par de madres custodiando de cerca a sus criaturas junto a los modernos columpios de colores. Una de ellas saltaba sobre sus pies para alejar el frío, la otra apremiaba a su hija que se demoraba en el balancín y no parecía tener ninguna prisa por llegar a casa. Pidió un whisky. Lo necesitaba. Ya habría tiempo para aparcar el alcohol. Uno no puede luchar a la vez en todos los frentes.

Quizás la médium, la mujer clarividente, la que aseguraba tener la facultad de hablar con los muertos y conocer el paradero de los desaparecidos, fuera la clave. Lo esperaba todo de ella, demasiado bien sabía que no podía esperar nada de nadie más. Era su clavo ardiendo.

La experiencia televisiva había sido un verdadero fiasco y el interés de la prensa, que volvió a ocuparse de Noemí en el tercer aniversario de su desaparición, tampoco había aportado nada nuevo. Por otra parte la policía había investigado el asunto de la gasolinera aragonesa y había contrastado sin éxito los datos proporcionados por las numerosas asociaciones integradas por familiares y amigos de personas que parecían haberse desvanecido y de las que Julio era un miembro activo. Por el momento todo esfuerzo había sido en vano. Incluso los detectives privados habían abandonado recientemente el caso, incapaces de hallar nuevos indicios.

Julio llevaba casi tres años viviendo como en una cripta. Marisa, su mujer, permanecía ausente en todo momento, perdida en una consoladora duermevela inducida. Fármacos para dormir y para despertar, para moverse y para quedarse quieta, para alejar la angustia y para sentirse viva solo a medias. Nunca demasiado viva. Se sobreponía a los días infinitos y a las eternas noches, siempre olvidada de sí misma. Completamente extraviada. Casi un espectro. Una sombra. Una mera presencia que a veces, en un descuido, requería en voz alta la presencia de Noemí para poner la mesa o retirar la ropa del tendedero. Una frágil presencia que rompía a llorar hasta ingerir la píldora siguiente, cerrar los ojos y esperar.

Por el contrario, Yolanda, su hija mayor, llevaba meses, años quizás, haciendo cuanto podía por escapar de un piso diminuto y habitado por fantasmas. Ocupada en mil cosas, Yolanda regresaba diariamente tarde, muy tarde. Saludaba a sus padres, cenaba deprisa y corriendo y, con cualquier pretexto o sin él, se confinaba en su cuarto y no volvía a salir. Julio sabía que Yolanda no podía soportar tanto dolor como se escondía en cada uno de los rincones de aquel piso que siempre resultó pequeño y que, de un día para otro, se quedó grande. Muy grande. Un enorme y desolado páramo de sesenta metros cuadrados cuyos ocupantes habían perdido todo interés por encontrarse.

Y siempre aquella enloquecedora sensación de encontrarse en un callejón sin salida. Siempre, siempre, siempre aquella obstinación que lo consumía, aquella nula disposición a darse por vencido. Aquel puto empeño imposible que no concedía tregua ni perdonaba.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Presentación de Maldita verdad, de Empar Fernández.


Por Sergio Vera Valencia, coordinador del mejor club de lectura de Castilla-La Mancha 2016.


La vida de Olga Bernabé está lejos de ser perfecta. A sus cuarenta años de soledad, lo único que le queda es un trabajo que le hastía, un divorcio que le frustra y un hijo adolescente con el que apenas comparte silencios.

Sin embargo, esa vida gris parecerá idílica, casi perfecta, después de la tragedia.

Y es que, ¿cuántas madres podrían superar el suicidio de un hijo?

Por si ello fuera poco, la policía se apresura a dar carpetazo al asunto, dejando a Olga desolada, preguntándose por qué, por qué, por qué.

Pero como no puede permitirse un detective privado y su desalmado ex se niega a correr con los gastos, la pobre Olga no tendrá más remedio que contratar al sobrino de una compañera, un estudiante de último curso de criminología llamado Raúl Forcano.

Un chaval inseguro y obsesivo, que nada tiene que ver con los atormentados e infalibles sabuesos que saturan las librerías. Un pringado con principios con el que resulta difícil no empatizar desde el principio, que con casi treinta años a la espalda y cero euros en el bolsillo, acepta el caso para intentar emanciparse de una vez por todas de sus padres.

Pero como pronto descubrirá este simpático aprendiz de detective, el trabajo de investigador es más duro y peligroso de lo que dicen los manuales de criminología y las novelas de Simenon que tanto le gustan.

Porque nada te prepara para el factor humano. Para una verdad que nadie quiere saber. Una verdad que lejos de apaciguar a Olga, podría hundirla para siempre.

Y hasta aquí puedo escribir de “Maldita verdad” (Versátil, 2016), la última novela de Empar Fernández, finalista del premio Valencia Negra 2016, con la que la escritora barcelonesa pone el broche de oro a su “trilogía de la culpa”, que iniciara con “La mujer que no bajó del avión” (Versátil, 2014) y que continuara con “La última llamada” (Versátil, 2015).

Un libro de personajes corrientes, sin buenos ni malos, solo humanos. Humanos con errores y secretos. Como su carismático protagonista, un mar de dudas con patas que pide a gritos su propia serie.

Una trama realista y cotidiana, fiel reflejo del estilo “gris asfalto” que define a la autora. Una historia tan cercana y verosímil que no necesita del frenesí de Dan Brown y los tramposos golpes de efecto de “La chica del tren” para emocionarte hasta la última página y sobrecogerte hasta la última línea.

En suma, Una novela muy alejada de las convenciones del género, que no puedes perderte.

Por eso, las Casas Ahorcadas se complacen en invitarte a la presentación de Maldita verdad, con la presencia de Empar Fernández, que tendrá lugar el viernes 18 de noviembre a las 19 h en el salón de actos de la biblioteca municipal de Cuenca.

Una buena oportunidad para descubrir por qué somos el mejor club de lectura de Castilla-La Mancha.

domingo, 30 de octubre de 2016

UN PUENTE FICTICIO Y LITERARIO


Una de las pocas ventajas de estar en el paro, es que puedes ir donde quieras y cuando quieras. Sin excusas. Sin pretextos. Sin conmemorar santos, difuntos ni crucifixiones.

Por eso, en vez de este fin de semana, como todo el mundo, yo me construí un puente a medida el pasado, de viernes 21 a lunes 24, de Getafe Negro a Guadalajara gris, para hacer contactos literarios, abrazar amigos literales y recoger premios lectores.

Pero, como diría Moju, vayamos por partes, que esta historia empieza el viernes a las 8 de la mañana.

 ¿Por qué ese madrugón? Porque a las 10, había una mesa redonda en Getafe Negro sobre ciencia forense que no quería perderme, ya que participaba mi primer objetivo: J.M. Mulet.


Llegamos un poco tarde, así que el acto ya había empezado. Pero en cuanto entré en el salón de la Universidad Carlos III donde se celebraba, Mulet se quedó con mi cara. No tanto (o no solo) por mi apostura (que también), sino porque me había puesto la camiseta de las Ahorcadas.

¿Recordáis que hace dos entradas os hablé de Mulet? No era casualidad. Era un plan para que, cuando lo conociera, supiera de nosotros.

En cuanto terminé su estupendo ensayo, me faltó tiempo para reseñarlo (normalmente, dejo que las lecturas reposen antes de comentarlas, pero en este caso lo escribí sobre la marcha), y le pedí a Almudena que le tuiteara la crítica, para que entrara en nuestro blog, y en cuanto me viera con la camiseta, me identificara de inmediato.

Ay, ¡que gran psicópata se ha perdido el mundo!

Lo que no entraba en mis maquiavélicos planes para conquistar el mundo literario era que, cuando levanté la mano para hacer una pregunta (craso error, preguntar en una mesa con dos argentinos y un micrófono), el moderador me llamara por mi nombre.

Y es que, resulta que había sido profesor de periodismo en Cuenca y había estado en el club de lectura un par de veces (todos los caminos llevan a Roma, pero antes pasan por Cuenca).

Terminada la charla, pude al fin cumplir mi primer objetivo: fichar a Mulet para nuestro hipotético festival. Y de propina, dar un abrazo a Pere Cervantes, que acababa de llegar desde Castellón.

Un bocata de tortilla más tarde (todavía andábamos en ayunas a mediodía) entramos de nuevo en la sala, para escuchar a Manuel Marlasca (experto en corrupción de la Sexta), Cruz Morcillo (periodista de sucesos de ABC con varios libros premiados de no ficción) y Juan Rada (veterano director de El Caso) hablando sobre periodismo de sucesos. Y aunque al final, la cosa se alargó hasta las dos horas y pico, fue una auténtica gozada escucharles.


Y más todavía, que al acabar, Cruz se me acercara y me llamara también por mi nombre, ¡cuando yo ni siquiera recordaba que nos hubieran presentado jamás! (así me va con las mujeres….)

Entonces, gracias al omnipresente y casi omnipotente Lorenzo Silva, conocí a Carlos Soto, autor de la más que recomendable “El carbonero” que acababa de leer, con quien compartí una interesantísima (y ultrafriki) conversación durante la mesa y la sobremesa.

Total, que hasta las 4 y pico no salimos de la bulliciosa cafetería de la Universidad, y no me enteré de las llamadas perdidas de Juan Carlos Galindo, el plumilla de elemental, con quien quedé en “el anticuario”.

Cuando llegamos al bar, tras dejar las cosas en el hostal donde habíamos reservado habitación, fuera nos encontramos con Víctor del Árbol y Eva Olaya, más conocidos como Naranjito y la increíble chica Versátil, y con la sorpresa de que Galindo estaba no solo con Marta y Rubén (la rubia pelirroja y el rey de los chistes malos), sino además con Empar Fernández (próximamente, en las Ahorcadas), Nieves Abarca (próximamente, en las Ahorcadas) y Clara Peñalver (próximo objetivo para las Ahorcadas, a la que, por supuesto, aproveché para echar el guante).


No en vano, a las 6 todos ellos tenían que participar en una mesa de seis.

Una mesa, que para que negarlo, fue un verdadero caos, pues no tenía sentido ninguno, y pronto surgió el tan manido como manoseado tema de los límites del género, que ya me aburre hasta a mí.

Por eso, cuando iba por la mitad (en Getafe, muchos actos eran de dos horas), me alegré tanto cuando mi padre me susurró que acababa de llegar Domingo Villar y aprovechamos para tomarnos algo con él y la siguiente remesa de autores que habían venido para la mesa de las 8, entre ellos, otra conocida del club, Berna González Harbour.
Y como el leiv motiv de esa última presentación eran dos antologías, los invitados le echaron un poco de cuento y algo de desparpajo y leyeron algunos textos breves, entre los que destaco, no por amistad, el de Empar y el del propio Domingo.

Para cerrar esta primera y maratoniana jornada, tuvimos el placer de compartir mesa cuadrada con Víctor y Eva, y de irnos a dormir, más pronto que tarde, más muertos que vivos, no sin antes despedirnos de Pere y Clara.

A la mañana siguiente, no había ningún acto. Y menos mal, porque me la pasé entera en la Academia de oposición. De hecho, no pudimos volver hasta casi las 5, para abrazar al hermano Bassas, nuestro flamante Tordo…digo Tormo Negro, que además, me tenía preparada una sorpresa digna de Isabel Gemio (aunque por desgracia, sin perro ni mermelada).

Un ejemplar dedicado de su nueva novela.

Vaya chorrada, pensará más de uno.

Cualquiera puede tenerlo.

Y así es, porque si te compras “Un mal trago”, la tercera entrega de la serie Corominas, tú también tendrás un ejemplar dedicado… ¡a mí!
  
Tras agradecérselo todo lo efusivamente que me permitieron mis pilas descargadas y el poco tiempo que tuvimos, a las 6 fuimos a ver otra mesa.

Otra mesa de dos horas… ¡con seis argentinos! ¡A quién en su sano juicio se le ocurre sentar a seis escritores argentinos!

Por eso, no tuvimos más remedio que salirnos a la mitad para coger fuerzas. Volvimos para la mesa de las 8, que trataba sobre un tema que nos toca muy de cerca: los festivales, en el que participaban algunos de sus organizadores, entre ellos Bassas, Jesús Lens y Santiago Álvarez, que hizo un alegato en favor del nuestro que agradezco profundamente.


Cerramos la jornada con la gamberra presentación de Obscena, la antología de relatos pornocriminales orquestada por Juan Ramón Biedma, a quien también tuve ocasión de abrazar, con la presencia, entre otros, del inimitable Fernando Marías, a quién también le vendí la moto, con éxito.


Casi sin fuerzas, nos recogimos a eso de las 2, y quedamos para desayunar con Bassas al día siguiente, antes de poner rumbo a Cuenca a mediodía.

Ya el lunes, nuevo madrugón para estar a las 11 en la biblioteca de Guadalajara, acompañados por Olga Muñoz, la directora de nuestra biblioteca.

Viaje meteórico donde los haya, porque llegamos a la ciudad poco antes de las 11 y partimos de nuevo a eso de la 1, tras la I ceremonia de entrega de premios a la excelencia en bibliotecas, donde como sabéis recogimos el galardón como mejor club de lectura de la región e intenté hablar con el viceconsejero sobre el tema del festival.


Y sin comerlo ni beberlo (ni un triste vaso de Fanta nos dieron), estábamos de vuelta en la ciudad del crimen con nuestro premio, que no obstante, supuso el broche ideal para el puente ficticio y literario que acabo de contaros.

lunes, 24 de octubre de 2016

Los maestros del misterio japonés


Por Leonilde Álvarez.

Hemos comenzado el curso de novela negra japonesa con una selección de relatos de Edogawa Rampo y Okamoto Kido, de principios del siglo XX.
Empezamos con el detective Hanshichi, que gracias a su perspicacia reconoce a los asesinos basándose en su conocimiento de la sociedad en la que vive. No  es un detective con un oscuro pasado ni  necesita apenas pistas, va a por el culpable y después comparte con los lectores como ha solucionado el caso.
 En sus cuentos, vamos aprendiendo sobre la vida japonesa en las primeras décadas del siglo XIX y encontrando algunos paralelismos con nuestra propia sociedad de la misma época.

Con Edogawa Rampo, nos asomamos  a la vida y costumbres del siglo XX. Son historias interesantes y fáciles de leer. Tienen ingenio, pero su desarrollo es bastante ingenuo. El autor utiliza el recurso de la carta en varios relatos para desarrollar las tramas o finalizarlas.
Después llegó el plato fuerte: “Moju, la bestia ciega”, una novela corta plagada de potentes imágenes mentales que impresionan, un clásico del género negro que nos presenta a un asesino ciego que seduce por medio del tacto y que ha creado su propia habitación del terror para las pobres mujeres que se le cruzan en su camino. Un poco gore, nos hace dudar sobre actividades tan inocentes como tomar un masaje.
En conclusión, es literatura popular, fácil de leer, con tramas cortas e ingeniosas para enganchar a los lectores y de vez en cuando hay un relato que  nos impresiona por la imaginación del autor y por la fascinación que sentimos al leer sobre el país del sol naciente.