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domingo, 25 de diciembre de 2011

¡Feliz Nazidad!

¿Qué, cuántos habéis sobrevivido al atracón de Nochebuena?
¿Y a la bulicomilona de sobras conocida como comida de Navidad?
Pues para ayudaros a hacer hueco para la próxima bacanal de triglicéridos, ¿qué mejor que la serie de Javier Pérez sobre los primeros días del nazismo?

Un magistral retrato del turbulento Munich de entreguerras, sacudido por la perpetua amenaza de la revolución bolchevique, el golpe de estado de los camisas pardas y el nacimiento del crimen organizado, en unos tiempos de inflación galopante en que el dólar pasó de cambiarse por un marco a hacerlo por más de 4 billones en cuestión de meses, Y la última esperanza para la depauperada República de Weimar era el incorruptible comisario Muller.
Ni el mejor clarividente habría augurado que Muller, el mayor azote del nazismo durante los nada felices años veinte, estaría al mando de la Gestapo en apenas dos décadas.

Obras:
• “La crin de Damocles”, editorial Planeta (Premio Azorín 2006).
• “La espina de la amapola”, Planeta 2008.
• “El gris”, Ediciones B, 2010.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Guerra Incivil, Paz Militar (II)


Muerte de un nacional, Rebecca Pawell.





Por Luis Ángel Clemente.

Esta novela criminalista se desarrolla en el Madrid del día siguiente de acabar la guerra, una capital que, en un principio se nos presenta como un paseo expectante por unas calles ante un futuro incierto marcado por la muerte execrable, pero en la que luego se urde una historia policíaca que protagoniza un sargento de la Guardia Civil, empecinado en descubrir el asesinato de un cabo amigo suyo. Y así, entre los contrastes entre la esperanza y la desesperación, la mentira y la conservación, la honra y la vileza, la resignación y el inconformismo, el lector deambula a través de los elementos genuinos de la novela negra, en especial las pesquisas, que en este caso se materializan en las páginas de un cuaderno escolar hallado en el lugar del crimen.



El arte de matar dragones, Ignacio del Valle.





Por Amparo Prados.

Arturo Andrade es un teniente del Alto Estado Mayor al que se le encomienda recuperar una tabla pre-renacentista que desapareció en el traslado de los fondos del Museo del Prado entre 1936 y 1939. Los rastros de la obra le depararán a nuestro protagonista recorrer la España más profunda cercana a la Guerra Civil. La novela cuenta sus investigaciones para encontrar el cuadro y descubrir otras muchas historias en torno a esta que forman parte de una tela de araña compleja.
Es un honroso homenaje a Don Quijote con una trama inteligente. La novela engancha, un puzzle para encajar, lectura muy recomendable, nada que envidiar a muchos best-sellers.



La tristeza del samurai, Víctor del Árbol.




Por Guillermo Muñiz.

María Bengoechea, una abogada joven, ambiciosa y de prestigio, pero enferma, en la Barcelona de 1981, con el 23 F por ahí rondando.
Isabel Mola, esposa de un hombre importante del Movimiento en la Extremadura de 1941, con el franquismo en plena juventud y lozanía.
Dos historias con las que la novela comienza, que consiguen que te enganches rápidamente y vayas encaminándote hacia donde esas historias se encuentran.
Muchos personajes variopintos, hay malos, hay violencia, hay política, hay mucha desazón. También hay muertos, y muertos en vida, descreimiento, cutrez, tristeza, arrepentimiento y hasta un poquito de esperanza en algún momento. Tiene de todo, hasta algún gazapillo histórico y alguna explicación de más, fácilmente perdonables.
Aunque tiene altibajos, te mantiene interesado, y el final, siempre difícil, está bien resuelto.
Leedla, sin duda.




domingo, 11 de diciembre de 2011

El club de los martes ya no es lo que era (V):

Tras un largo parón motivado por la escasez de negritos literarios, volvemos a la carga gracias al ingenioso teclado de nuestro paisano juntaletras Mauricio Romero, que vive bajo el anodino pseudónimo de Antonio para evitar el acoso sexual de sus numerosas gruppies, y que, salvo imprevistos de última hora (¡corre, insensato!), será el nuevo fichaje estrella del club.
Y, como propuse hace mucho mucho tiempo, en un post muy muy lejano, de ahora en adelante cada entrega del microcrimen tendrá un título distinto para que, cuando finalmente concluya (y cruzo los dedos para que así sea) elijamos el que más nos guste.
Ni que decir tiene, que vuestras sugerencias serán más que bienvenidas.


La agente especial Asensio, detective de mesa camilla, sacó los pertrechos necesarios y se dispuso a liar un cigarrillo. Estiró el papel con delicadeza en su mano, colocó el tabaco sobre él y añadió el ingrediente secreto que le permitía soportar el mundo cada mañana: un poquito de orfidal. Intuía que iba a necesitar mucha paciencia y alguna química artificial para llevar este caso que tenía todos los ingredientes de una macabra chirigota a la española: ensañamiento, no había visto una cosa igual desde que Fidel Hernández matara a su mujer con una lezna de zapatero, sospechosos a porrillo, nada más y nada menos que un grupo de frikis de los crímenes para los cuales esto era la oportunidad de sus vidas de vivir en primera persona una novela, y para colmo un compañero ciego Llamado Max que se postulaba como estrella que indica el camino correcto por las oscuras vidas de la sospecha y el crimen. Solo le faltaba ya, tener un aborto del mismísimo Espíritu Santo.
Miró a Max, que desplegaba sus cuatro sentidos en la habitación como una mezcla de murciélago y perdiguero de Burgos, y se dispuso a hablar con él. Si iban a trabajar juntos, cosa que temía iba a tener que hacer sí o sí, era mejor dejar las cosas claras cuanto antes, aunque él fuese ciego y lo viese todo oscuro. Las cosas claras, y el chocolate, con churros.

viernes, 9 de diciembre de 2011

La mejor guía turística de la ciudad del crimen



Ni Pepe Carvalho, ni Toni Romano. El detective patrio más auténtico se llama Mauricio Romero y, no sé si por suerte o por desgracia, apatrulla la ciudad del crimen.
Y es que, como todo españolito de ppro, el bueno de Mauricio no dudará en aprovecharse del débil, derrochar en vicios el dinero de sus clientes y criticar a todo hijo de vecino, reflejando/denunciando nuestros usos y costumbres más arcaicos y arraigados.
Así, mientras trata de resolver los tres casos que componen este volumen, a cuál más disparatado y esperpéntico, su avezado ojo clínico pasará revista a las calles, monumentos y tugurios más cutrefactos e idiosincrásicos de nuestra ciudad, sin dejar títere con cabeza ni escatimar en sarcasmo y expresiones del terruño, que, a buen seguro, dejarán al lector paisano con una sonrisa en la boca y ganas de más
Porque, afrontémoslo de una puta vez, España es un país de Lazarillos, no de Quijotes, así que ¡no más anacrónicos caballeros andantes dispuestos a jugarse el tipo por preservar sus principios y ganarse cuatro chavos!
¡Basta ya de remedos chandlerianos, que nuestra crisis en valores es cien veces más atávica y profunda que la económica!
Si el género negro se jacta de ser el más apropiado para conocer una sociedad, señoras y señores, le pese a quien le pese, aquí tienen la mejor guía turística de Cuenca.
Y además, gratis.

http://www.bubok.es/libros/208476/Los-casos-de-Mauricio-Romero-el-detective-de-Cuenca

domingo, 4 de diciembre de 2011

De guías sin michelín y presentaciones en su salsa:

Las presentaciones literarias no suelen ser plato de buen gusto.
Convences al autor para que más que gratis venga pagando, al editor para que te haga una rebaja jugosa, haces tanta publicidad que pareces llevarte comisión… y al final en la sala está sólo tu familia y terminas gastándote una pasta en platos combinados de ejemplares con patatas y “culpabilidad on the Rocks”.
Por eso, en cuanto el escritor se marcha, te juras por lo más sagrado que jamás de los jamases volverás a meterte en un embolao semejante.
Pero lo haces.
Porque en tu fuero interno mantienes la esperanza de que al fin llegue la excepción a la regla.
De que alguna vez marche tan bien como la de Yanet Acosta.
Por eso, y porque además de autora es periodista, prefiero serviros su jugosa crónica en bandeja, en vez del típico post de la casa. (Haz clic en el enlace siguiente)
http://bit.ly/tCwwak






Y de postre, cortesía también de la chef, un microplato especial para las Ahorcadas:
Guía canina en su jugo
-Hmm -se relamió-. Es el mejor plato que he tomado nunca.
-Gracias, señor. Buscamos siempre el sabor más familiar.
Luis, cuando se levantó, ya no llevaba perro guía.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Guerra Incivil, Paz Militar I



La guerra civil es como un buen traje, nunca pasa de moda.
Cada año aparecen cientos de libros, ensayos y novelas ambientados en esos años de fratricidio sin tregua, más presentes que pasados.
Y, por supuesto, la novela criminal no iba a ser una excepción, máxime cuando estamos hablando de un momento histórico particularmente proclive a la barbarie y la injusticia, porque no olvidemos que la intriga y el misterio son una mera excusa para airear las cloacas del sistema, y que las españolas fueron especialmente hediondas durante el siglo XX.

Por ello, el segundo centro de interés está dedicado a esos tres años de contienda, y a los treinta y seis de supuesta paz que le siguieron, ah nuestro pesar cuarenta años de fructífera cosecha roja.



Nadie debería matar en otoño.
José Luis Ibáñez.





Por Herminda García Morillas.

Otoño de 1936, en Barcelona aparecen los cadáveres de tres patrulleros anarquistas con signos de tortura. Toni Ferrer, detective privado, es llamado por Juan García Oliver, dirigente anarquista y futuro ministro de justicia, con el encargo de descubrir a los asesinos, pero lo que podría parecer una represalia política, esconde oscuros intereses: la implicación de funcionarios en la desaparición de objetos requisados de importante valor.
Personajes reales y de ficción dan forma a esta trama cargada de intriga, autenticidad histórica y profundidad, con el dramatismo justo y un desenlace con clase, que utiliza bien los recursos y trata al lector con respeto.


Cuatro días de Enero
Jordi Sierra i Fabra.




Por Sergio Vera Valencia.


En la Barcelona derrotada, hambrienta y espectral de principios del 39, el inspector Mikel Mascarell es el único policía de la ciudad que no ha cruzado la frontera, para velar la agonía de su esposa moribunda y los estertores de la segunda República.
Triste, solitario y con más fantasmas en los bolsillos que balas en la recámara, recorrerá las calles sitiadas en pos de la hija desaparecida de una antigua prostituta, descubriendo en su búsqueda que los verdaderos hijos de puta son los mismos de siempre.
Porque el baile está a punto de terminar, y ya no hacen falta máscaras.



P.D. Espero vuestras reseñas. Y os recuerdo, que el viernes tenemos una cita con Yanet Acosta y su Chef a las 6. Si todavía no habeis recogido vuestro ejemplar, ya estais tardando.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Con sangre, pero sin título (IV):

Ya, sé que era al revés, pero así mola más, ¿no os parece?
Y hablando de molar….esta cuarta entrega lo hace, y mucho.
Además, tiene el mérito añadido de haber sido escrita por alguien físicamente ajena al club, aunque muy activa en este vuestro blog, la incombustible Raquel Soler, mi vascoleísta favorita
Como se nota que no conoce a Cris Marple…aunque si no tuviera quince años menos que la psicopastelosa, juraría que ha parido a Carolina.
Un millón de gracias, Raqueltxun, y un par de cómplices para continuar el microcrimen, please.
Por cierto, os recuerdo que se ha abierto la veda para el próximo Todo a 100, animaos y enviadme vuestras reseñas a sergioveravalencia@gmail.com para montar el centro de interés sobre la Guerra civil y el franquismo, que el de Thompson está causando furor.



La agente Asensio y Max continuaban en la sala. Aún no les había dado tiempo a intercambiar más ironías (situación que probablemente desembocaría en una tórrida escena donde compartirían cama, cigarros y pistas) cuando otra persona hizo su aparición.
-Pero bueno ¿Qué pasa aquí?
Es Carolina, una de las negritas, móvil en mano.
-Me han dicho que han matado al pobre perro de Luis Clemente.
-Dueño incluido- matizó socarrona Asensio.
-Poco me importa eso. Cómo miembro de PETA, Ecologistas en Acción, Greenpeace y vegetariana, estoy indignada. Pobre animalito.
Max y Asensio se quedaron mudos…La aparición era de lo más inoportuna. Aparte, esa chica era de los negritos (por tanto sospechosa) ¿Acaso estaría utilizando su vegetarianismo como excusa?
Max fue el primero en reaccionar:
-¿Está diciéndome que no le importa lo más mínimo que matasen al señor Clemente? ¿Y cómo cojones se ha enterado de que estamos aquí?
-¿Ese patea-perros? Na´, era un gilipollas. Aunque claro-corrigió rápidamente- eso no es motivo para matar a una criatura de Dios. Respondiendo a la otra pregunta: Todos los negritos saben que estáis aquí. Es lo que tiene dejar un teléfono gratuito a la secretaria.
Asensio y Max lo tenían claro. Había aparecido un sospechoso

lunes, 14 de noviembre de 2011

Sin título, pero con sangre (III):

Lo sé, llego tarde. Pero con motivo, que he estado todo el fin de semana fuera y sin Internet, presentando a Álamo, Cerdán y Bueso en la convención de literatura fantástica, ciencia-ficción y terror española que se ha celebrado en Mislata este fin de semana.
Pese a lo dicho, mis más sinceras disculpas por la demora a su autora, Amparo Prados, la negrita más aplicada de las Ahorcadas (a la que ya ando buscando mote, ¿Petra Deliprados, quizá?) porque me lo envió a toda prisa, y siempre está dispuesta a echar una mano.
Aunque sea al cuello del pobre Luis.
Que lo disfrutéis, y os recuerdo que nos vemos el viernes 18 a las 7 para comentar “El valle de las sombras”, y entregaros vuestro flamante ejemplar de El chéf ha muerto con un 30% de descuento, merced al editor pirata Salem.

Vaya mierda. No era suficiente un investigador, tenían que ser dos, y con un sentido mermado, el tal Max podía captar esas cosas que los ojos no ven. Esto no era lo que le preocupaba, de esa parte ya se había ocupado, ja, ja, ja, y no por haber borrado las pistas, sino por haber dejado una, solo temía que diese con un forense torpe que no fuese capaz de encontrarla, todo es posible en esta ciudad de provincias. Le había visto actuando alguna vez: un robo de radio de coche, una cartera…., nimiedades, con esa pinta de modelo del pull and bear no parecía lo bastante espabilado para encontrar el pelo rojo hábilmente escondido.
Pobre Luis, todo se había precipitado por ese Plinio que llevaba dentro, quería aprovechar el juego de la cena navideña para llevar a cabo sus planes, haber tenido mas tiempo para manipular a los demás como si de marionetas se tratara, pero bien pensado, tampoco había salido mal, lástima del animal, pero habría sido dejar un testigo; ya normalmente le olfateaba de forma insistente, parecía ver más allá de su aspecto bonachón y dicharachero.
Ahora tocaba preparar el interrogatorio para esa Cris. Debería haber sospechado.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Sin título, pero con sangre (II)

Mientras encontramos un título para este segundo microcrimen (ya podéis ir dándole al magín), lo llamaré de esta forma.
La entrega que hoy nos ocupa la tecleó el único hijo biológico de mi madre, y supone un cambio radical con respecto al inicio.
Espero que no sea para mal.
Y que alguien se anime a continuarla, que en cuanto pregunto, más que negritos parecéis de Estocolmo y alrededores.



-Un año infiltrada de abuela detective a la mierda… falto un puñetero día y el club se convierte en un libro de Biedma- rezonga la agente especial Asensio.- Pero a mí no me la dan. Aunque los fiambres aparecieran ayer en la sala de las Amigas de la Lectura…como que me llaman Cris Marple que esa charcutería es cosa de los negritos.
Según el informe del forense, las obras completas de García Pavón se le atragantaron más de lo normal al pobre Luis Clemente, pues se encontraron páginas del primer tomo a medio digerir en el estómago, y otras tantas obstruyéndole la tráquea.
Por no hablar del macabro Perro Grullere que encontraron a sus pies, guiándole hasta en la otra vida.
-¿Es usted el encargado de la investigación?- un hombre, a su espalda.
-¿Y usted gilipollas?- dispara, automáticamente, sin girarse.
-Sólo los días pares- retruca el nuevo, socarrón-. Como sabrá, el perro guía pertenecía a la ONCE, así que me han enviado para esclarecer el canicidio. Por cierto, además de gilipollas, suelen llamarme Carrados, o simplemente Max. Y éste es Snoopy, mi ayudante.
Impossible is nothing- masculla Asensio, ojiplática perdida.- Joder, un Sherlock ciego y el sabueso de los Baskerville.

domingo, 30 de octubre de 2011

Año nuevo, muerte nueva.

Más de dos semanas llevaba postergando este momento, en espera de conmemorar el primer aniversario del blog y el cuadragésimo desde que la presunta culpable del nuevo microcrimen vino al mundo, y subrayo presunta con premeditación y alevosía, porque todo el mundo sabe que en realidad fue perpetrado por Alba, la niña prodigio del crimen literario, único retoño de la imputada por el caso.
Quincena larga, desde que elegimos democráticamente el inicio del microcrimen de este año, descubrí que el sufragio universal no es tan bueno como lo pintan, y que el totalitarismo tiene su punto.
Más de quince interminables noches llorando desconsoladamente por mi humillante derrota, porque diga lo que diga la Inquisición moderna, alias corrección política, ni lo importante es participar, ni el bronce medalla, máxime cuando sólo había tres participantes.
Por fortuna, la espera ha tocado a su fin, y ya podéis disfrutar del genial relato pergeñado por Carolina Vázquez, la más pastelosa y entrañable de las psicópatas vegetarianas.
Y darle la enhorabuena por su victoria.
Además del pésame por su edad.
Permaneced atentos, que los negritos tienen sed de sangre… y se ha abierto la veda.


Silencio. Nadie entiende, nadie recuerda. Ha pasado un ángel, un sangriento ángel exterminador. La escena parece una de esas que tanto les gusta leer en su club de novela negra. Uno a uno van volviendo de una ensoñación macabra. El perro-guía yace en el suelo, ensangrentado, con la mirada helada en el momento en que el último bolígrafo le atravesó el vientre. Clips, lápices, hasta un puntero láser para lacerar su cuerpo. Demasiadas armas del crimen, demasiadas manos asesinas.

¿Hasta que punto es flexible el límite? Eso es lo que a Noelia más le intriga de las mentes criminales. Es su primer día en el club, un grupo de raros, con vidas y sombras. Le van a ofrecer las prácticas que ni el becario más suertudo jamás encontrará en el mundo de la criminología. Se acaba de dar cuenta de que es la única sin lado oscuro. Si es que en 15 años apenas da tiempo para imaginarlos.

Todos tienen también un lado luminoso y es ese el que les desconcierta. Nadie se siente partícipe de la orgía de sangre y sin embargo todos saben que sus manos han escogido temblorosas el objeto más punzante.
Silencio. Alguien observa.

martes, 25 de octubre de 2011

Vuelta a Getafe en 40 líneas




I Tormo Negro




Con la del sábado, es ya la segunda vez que nuestro ínclito club visita Getafe Negro…y la tercera que me pregunto por qué demonios Lorenzo Silva no lo monta en Cuenca. Total, si el 90% del aforo éramos nosotros, ¿no es más normal que Mahoma venga a la sierra, que la sierra a Mahoma? Si yo soy capaz de abarrotar el Volao (últimamente me siento como los Rolling, llenando todos los días), no quiero ni imaginarme que ocurriría si viniera alguien que de verdad supiera del tema (aunque tuviera menos sex-appeal).
Pero bueno, empecemos por el principio, que hay mucho que contar y tampoco es cuestión de convertir el post en testamento (que eso sería más putada que milagro).
Con exquisita puntualidad británica, aunque sin Noelia (¡traidora!), partimos de la estación, diez negritos y dos mulatas, que se apuntaron al bombardeo de forma espontánea.
Dos horas de jarana más tarde, nos apeamos del minibús. Tras llenar el depósito de café y vaciar el otro, pusimos rumbo a la carpa donde Lorenzo Silva actuaría como insigne maestro de ceremonias de “acceso no autorizado”, última novela de Belén Gopegui (que en unas semanas se dejará caer por Cuenca, novia cadáver dixit).
Acto seguido, y nunca mejor dicho,, les llegó su turno a Enrique Rubio, Nicolás Casariego, Yanet Acosta (que me ha dado su palabra de honor de que pasará por las Ahorcadas próximamente), Alejandro Pedregosa (gratísima sorpresa este granadino, y su novela negra ambientada en el camino de Santiago, todo un descubrimiento) y Gabriela Cañas (autora novel paisana que también perjuró por lo más sagrado que pasaría por aquí a hablarnos de su ficción sobre el incendio de la Torre Windsor).
Las 2, hora de comer. Y qué mejor que hacerlo con otro plumífero amigo y futuro visitante de nuestra banda: el inigualable Javier Márquez Sánchez.


Paradójicamente, los platos fuertes llegaron después de los postres, cuando hicimos entrega de su “Tormo Negro “(soga y objeto contundente por fuera y veneno por dentro, el premio criminal definitivo) a Lorenzo Silva, por “La niebla y la doncella”, y saeteamos a preguntas a Luis García Jambrina durante una hora larga.
Mención especial merece la crítica que Francisco le hizo a un latinajo que aparecía en la novela… ¡mal declinado! Cualquiera le tose a Paco Didio Falco….
Por último, acudimos prestos a la carpa para la mesa redonda sobre novela negra de ambientación histórica, donde el propio Luis, el cardo del Norte, Francisco Balbuena y Jorge Navarro departieron animosamente sobre sus últimas novelas: “el manuscrito de nieve” (¿os suena?), Espido Freire (¿o era al revés?), “El alcalde del crimen” (cuyas 700 páginas me estoy hincando con fruición ahora mismo) y “Las cinco muertes del barón airado”.


Concluida ésta, ocho y media pasadas, nos pusimos en ruta, con tan mala fortuna que nuestro hasta entonces apacible conductor descubrió su vocación de kamikaze y casi nos estampa, volantazo va, volantazo viene, de regreso a la ciudad del crimen.
Por suerte, no fue así.
Y… volveremos.


…a menos que Silva entre en razón.

domingo, 16 de octubre de 2011

Thompson reloaded.


Última entrega de reseñas thompsonianas exprés para nuestro Centro de Interés sin pareado.
Centro que, si todo marcha según lo esperado, estará en la biblioteca a finales de la semana que viene, junto con una breve hagiografía del bueno de Jim.
Por cierto, digno de mención y elogio es que una de las críticas corra a cargo de una simpática bibliófila cántabra afincada en Salamanca, que pasará a los anales de las Casas Ahorcadas como la primera negrita a distancia.

Los timadores (1963)








Por Raquel Soler Rodríguez


Roy Dillon es un timador, un estafador, un hábil fullero que tras ser enviado al hospital por una de sus "victimas" se reencuentra con su madre, una joven que apenas le lleva 15 años y con la que creció estableciendo una relación de amor-odio.
Sin tener un hilo conductor sólido ni un protagonista claro, esta nada convencional novela nos muestra la trágica vida de estos personajes, acompañados por unos secundarios de lujo: mafiosos sin escrúpulos, mujeres duras y hermosas…Todos se dedican a la mala vida, los timos y las apuestas trucadas y todos, van sufriendo las consecuencias de sus actos.



1280 almas (1964)



Por Sergio Vera Valencia.

Si preguntas a cualquiera en Potts County, a buen seguro te dirán que Nick Corey, el inolvidable Sheriff de “1280 almas” (obra que numerosos críticos aúpan al podio del género negro), es un idiota corrupto y holgazán cuya única aspiración en la vida es continuar en su cargo por mucho tiempo.
Pero se equivocarían.
Porque el bueno de Nick es cualquier cosa (cínico, psicópata, cabrón), cualquier cosa menos estúpido.
Lo que sí es cierto, es que está dispuesto a todo (mentir, matar, manipular…) para poder envejecer en su puesto.
Y que las elecciones están a la vuelta de la esquina.

domingo, 9 de octubre de 2011

Jim Thompson: the beginning


Previously… on Las Casas Ahorcadas, amenazamos con recomendar algunas obras de Jim Thompson, sospechoso que comparecerá este mes en el aún innombrado Centro de Interés de nuestro excelso (y maravillosamente superpoblado) club de lectura.
Sin embargo, para que las reseñas puedan acompañar a los libros imputados y no se conviertan en testamentos infumables, hemos considerado pertinente limitar su extensión a 100 palabras.

Así pues, querido y voraz lector de género negro, si te apetece criticar esa fantástica novela que acabas de terminar o aquella otra que no conseguiste digerir ni con protector gástrico, no dudes en ponerte manos a la obra y enviárnosla a sergioveravalencia@gmail.com junto con tus datos personales(con el nombre y apellidos bastará, aunque tampoco haremos ascos a los códigos bancarios y números de cuenta), y la colgaremos con la mayor premura posible.
Porque, pese al euro y la crisis, las Casas Ahorcadas son un todo a 100.


EL ASESINO DENTRO DE MÍ (1952).






Por Luis Ángel Clemente


Esta novela muestra la forma peculiar que tenía Jim “Big” Thomson de decir que lo que se cocía en su país no exhalaba aromas salutíferos precisamente. Lough Ford, segundo sheriff de profesión, y psicópata por devoción, se despacha a gusto con sus gentes, precisamente a las que el debe proteger y que lo consideran persona amable y formal. Y cuando un obstáculo se le interpone, él no atasca, lo esquiva como si tal cosa, y a lo sumo, se da cuenta de lo que sufren las personas afectadas por su conducta, pareciendo que las comprende, aunque…no mucho.


ASESINO BURLÓN (1953)





Por Sergio Vera Valencia

Pacific City hacía honor a su nombre, hasta que, cansado de su esposa, Clint Brown, antiguo combatiente de oscuro pasado reciclado en periodista de provincias, decide agilizar su estancado proceso de separación haciendo que la muerte los separe. Así se inicia la rocambolesca historia del “Asesino Burlón”, que culminará con un desenlace tan irónico e inesperado que no dejará a nadie indiferente. Porque, pese a su manido inicio, Thompson logra sorprender a propios y extraños retorciendo una y otra vez la trama, mofándose de los tópicos del género, dando buena muestra de porqué, aunque no popular, siempre será un clásico.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Feliz no cumpleaños, Jim



Un día tal como ayer, hace ciento cinco años, iniciaba su personal descenso a los infiernos, y quizá fuese premonitorio el que lo hiciera en Oklahoma, James Meyers Thompson, más conocido como Jim Thompson.
sin duda, uno de los autores clásicos del noir menos populares, especialmente en vida, apareciendo la mayoría de sus 29 novelas en editoriales de gran éxito entre las masas incultas, pero nula repercusión mediática, siendo uno de tantos escritores desconocidos pese a vender millares de ejemplares en los kioscos estadounidenses. Algo más de suerte tuvo dentro de la industria del cine, colaborando en dos ocasiones con un jovencísimo Stanley Kubrick y adaptándose algunas de sus obras, como “La huida”.
Sin embargo, como nadie es profeta en su tierra, no fue hasta que su hígado dijo basta, allá por 1977, que su prolífica producción alcanzó el merecido reconocimiento por parte de la crítica especializada americana, que llevaba décadas recibiendo al otro lado del Charco, no en vano, su celebrada “1280 almas” tuvo el honor de ser el número 1000 de la serie Noire de Gallimard, la colección de novela negra más prestigiosa del mundo.
Por ello, y porque nos sobran los motivos, desde esta modesta bitácora nos gustaría rendir un humilde pero sentido homenaje a tan insigne maestro, reseñando algunas de sus obras más famosas durante el mes de octubre y preparando un pequeño altar en su memoria dentro de nuestra biblioteca.
¡Feliz no cumpleaños, Jim!

sábado, 24 de septiembre de 2011

Se ha diseñado un (micro) crimen

He aquí la sorpresa largamente prometida, el colofón de nuestra primera micronovela: su portada.
Una obra diseñada, con mucho arte y por amor al mismo, por la sin igual Micaela María, alias Cristina García, gaditana de nacimiento y británica de Erasmus.






Muchísimas gracias, Cristina, y a ver si este año te animas a colaborar como escritora.
Porque, ¿reincidiremos, verdad?
Y, ahora que se ha consumado el primer micro crimen, que no habrá más continuarás, ¿Qué os parece si nos lo autoeditamos?
Por otro lado, negritos, no hagáis planes para el sábado 22 de octubre, que, salvo imprevistos, Lorenzo Silva, Luis García Jambrina y otros juntaletras amigos por confirmar, nos esperan con los brazos abiertos y pluma en ristre en Getafe Negro.
Eso sí, ya podéis ir sacrificando vuestros cerditos hucha, porque este año no hay un euro, cuanto ni más, un minibús.

domingo, 11 de septiembre de 2011

BURROCRACIA

¡Negritos!, por orden de la novia cadáver, se hace saber que:
1. Está terminantemente prohibido escribir sobre su persona, so pena de castración o lapidación pública en la Plaza Mayor.
2. El plazo de inscripción en el excelso club de “las Casas Ahorcadas” estará abierto desde el lunes 12 al viernes 23.
3. Los interesados deberán personarse en la segunda planta de la Biblioteca Fermín Caballero en horario funcionarial tópico típico (9 a 14, almuerzos no incluidos)
4. Las solicitudes en sábados y domingos no serán admitidas, pero son beneficiosas para la prevención del infarto de miocardio, según La Asociación Española de Cardiología.
5. El presupuesto del club es inversamente proporcional al número de ideas, ergo tendrán preferencia aquellos que demuestren su solvencia crematística y generosidad para con sus arcas.
6. Con permiso de la venia y si el tiempo no lo impide, el curso dará comienzo el martes 4 a las 19 h. en el ínclito “Volao” de la Casa de la Cultura.

Cuenca, a 11 de Septiembre de 2011

martes, 23 de agosto de 2011

Se ha escrito un (micro) crimen: 2x10 . Epílogo.

Como amenazaba desde hace días, aquí va la última entrega de nuestra primera micronovela.
La escribí para la cena de fin de curso, en honor de la novia cadáver, que estaba sorprendida y de cuerpo presente.
Pero, aunque la historia termina aquí, todavía me guardo alguna sorpresa más en el tintero.
Así que permaneced atentos, donde quiera que estéis.

Despertó aterrorizada.
Dios te salve, María.
Había soñado que su novio trataba de asesinarla… ¡con lo que le había costado encontrar uno!
Llena eres de gracia.
Tan sólo era una pesadilla- pensó.- Además,es sábado.
El señor es contigo.
Así que, duérmete, no sea que ligues y luego no rindas.
Bendita tú eres, entre todas las mujeres.
Pero no podía. Estaba incómoda, no era su cama.
Y bendito es el fruto de tu vientre.
No, no con ese dolor agudo y punzante en el estómago.
Jesús.
Gritó, al caer en la cuenta de dónde estaba.
Santa María.
Aulló, desesperada, a dos metros bajo tierra.
Madre de Dios.
Blasfemó el párroco, al oírla, interrumpiendo el rosario del día de todos los santos.
Ruega por nosotros, pecadores.
-¡Que alguien llame a un exorcista!-propuso el monaguillo, servicial y peliculero.
Ahora.
Por fortuna, alguien fue más cabal… y los bomberos llegaron primero.
Y en la hora
-¡Milagro, Milagro!-proclamó la beata del pueblo.
-Milagritos para los amigos- replicó, feliz, la resucitada, rumbo al hospital.
De nuestra muerte
Que no todos los días vuelve una a la vida, ni te hace el boca a boca un enfermero tan guapo.

Total, la venganza puede esperar…hasta mañana.
Amén.

viernes, 12 de agosto de 2011

And the winner is…

Tras un largo, larguísimo proceso de deliberación, tanto que me he visto forzado a reducir el número de integrantes del jurado para no alargarlo aún más, por fin, habemus ganador.
Antes de revelar su identidad, me gustaría dar las gracias, como coordinador de “Las Casas Ahorcadas” y administrador de este chiringuito virtual, a los seis participantes, en especial a todos aquellos que no asisten al club, por tomarse el tiempo y la molestia de participar en nuestro humilde certamen.
Y, sin más dilación, vamos a proceder a designar a nuestro ganador.
Sergio Vera, en calidad de vocal del jurado compuesto por Joseph Álamo, Luis Gutiérrez Maluenda y Verónica Martínez, declara ganadora del primer certamen de micro relato “se ha escrito un (micro) crimen” a…
¡Cristina Asensio!
¡Enhorabuena, Cris Marple!
Al tratarse de un miembro del club, la ceremonia de entrega tendrá lugar en algún momento de Octubre, en algún lugar de la biblioteca que, por motivos de seguridad, prefiere permanecer en el anonimato.

Por último, aunque sin duda sea lo más importante, allá va el esperado desenlace de nuestro primer microcrimen.

Las alarmas se dispararon la mañana del lunes. El inspector Casas no se había incorporado al trabajo tras el fin de semana, no se encontraba en su casa y tenía el móvil apagado.
El comisario convocó una reunión de urgencia con los que llevaban el caso de la biblioteca, como habían dado en llamarlo. Sebastián, muy apesadumbrado, repasaba con sus compañeros los últimos acontecimientos y actuaciones.
No salió nada definitivo de esas dos horas, aunque Sebastián no podía librarse de una idea: ¿Por qué el inspector tardó más de lo debido en pedir la autorización del juez para entrar en las viviendas de las víctimas? ¿Por qué accedió, sin renuencia, a que Mauricio investigara por su cuenta, dando por sentado que se trataba de un simple crimen pasional?
Después de cenar, decidió afrontar el insomnio con el libro que tenía empezado, un ejemplar de “El halcón Maltés” perteneciente a un lote colectivo, como todos los que le había proporcionado su amigo, de esos que leían en el taller de novela negra. Qué curioso, pensó, que hubiera una valiosísima figurita de por medio.
En el capítulo VII un párrafo lo sobresaltó, leyó con avidez y al pasar la página encontró una frase subrayada referida al mismo personaje, Flitcraft. “Se fue tal cual- dijo Sade- tal como desaparece un puño al abrir la mano”.
Corrió a la comisaría sintiendo el corazón desbocado. Entró en el despacho del inspector y se sentó ante el ordenador. Los dedos le temblaban mientras tecleaba “Flitcraft”. Fue un ábrete sésamo, buscando entre los archivos abrió “Sam Spade”. A medida que leía la estupefacción daba paso al horror.
“Hola amigo, si estás leyéndome es que has adivinado lo esencial y te mereces el resto. No sé cómo ni cuándo descubrieron mi lado oscuro pero me abordaron en la Semana Negra de Barcelona de 2007. Estaba allí con Domingo Villar, a quien conocía de Vigo, mi primer destino, y había asesorado en la creación del inspector Caldas.
Meses después llegó el encargo: vigilar a Mila, poseedora de una estatuilla de valor incalculable. Hace un año me apremiaron para que estrechara el cerco. Así monté el tinglado de Las Casas Ahorcadas para estar en contacto permanente con ella. Por Mila me enteré de que Ainoa de las Heras estaba decidida a que no le renovaran la beca. Eso truncaba mis planes. Fue fácil liquidar a esa imbécil envidiosa. Pero Salcedo precipitó los acontecimientos matando a Mila y el maldito cabrón con el que comparto existencia volvió a actuar. Mató a Tomé y Salcedo, jodiéndolo todo. Podría haberse controlado por una vez.
Antes de solicitar la orden judicial registré, sin éxito, la casa de Mila y recientemente también la de Leila, con idéntico resultado.
Ahora tengo que desaparecer. La Organización no perdona. Además, ¿cuánto tardarías con ayuda de Mauricio, en empezar a sospechar y llegar hasta mí? Hasta siempre”.
Las lágrimas fluían incontenibles, aliviando la presión de la garra que le atenazaba el corazón. Tendría que hablar con Leila, pensó.

PD: Dentro de poco, el epílogo.
PPD: Y en Octubre, más y mejor.

jueves, 4 de agosto de 2011

Una proposición no del todo indecente

Era martes, pero no había barco ni altar a la vista, así que estaba tranquilo.
Las librerías, desiertas, y los bares, superpoblados.
Como siempre.
En vez de libros, me encontraba rodeado de botellas.
Como nunca.
Tenía dos buenos motivos: La incombustible Cris Marple y su hija Noelia, un huracán azul que habría hecho ruborizar al Catrina.
Lo juro.
-¿Sabes qué regalé a mi madre por su último cumpleaños? Un fin de semana en unas cabañas rurales, aunque al final se rajó, la muy cobarde- normal, pensé, la Marple no ha nacido para la casa de la pradera, sino para la isla del negro-. Alguien moría, y los asistentes debían descubrir al asesino.
Fascinado, pero sin tiempo, decidí archivar la idea, dejarla madurar.
Luego, un buen día, mis neuronas, en vez de hacer algo productivo para variar, empezaron a darle vueltas al tema.
Y ahora, hechas las pesquisas pertinentes, os propongo, queridos negritos:
-¿Os gustaría ser detectives por una noche?
Interesados, dejad comentarios y firmas.

viernes, 22 de julio de 2011

Panoirjírico

Gijón, a últimos de julio, se viste de largo para celebrar, alegremente enlutada, su vigésimo cuarta Semana Negra.
Diez días en que la capital asturiana, coqueta, se sabe observada, en boca de todos, como una mujer en la plenitud de su belleza.
Diez días en que se erige en el mayor templo al crimen literario en habla hispana, en un lugar de peregrinación obligada para los devotos del género, de cualquier género.
Un maldito lugar mágico, donde miles de visitantes son poseídos por el espíritu de la palabra.
Donde, cada año, multitud de juntaletras reciben su bautizo de tinta y se hacen un nombre.
Donde muchos han recibido su primera comunión sin hostia, o su confirmación literaria.
Donde otros tantos se han dejado rondar por las editoriales hasta entonar el “Sí, quiero”.
Donde se ha dado la extrema unción a toda clase de tópicos sobre el género negro y la literatura popular.
Donde se trata con idéntico cariño a un premio Cervantes que a un zumbado de la Mancha.
Donde puedes comer churros con el último Planeta y salir de copas con un astro del Times mientras un chino trata de endosarte dos pulseras y un CD de David Bisbal.
Un lugar que no os podéis perder, y donde os perderéis de mil amores.
Felicidades, Gijón, y que cumplas muchos más.
¡Larga vida a la Semana Negra!

domingo, 17 de julio de 2011

EL MANUSCRITO DE NIEVE: HISTORIA, FICCIÓN Y REALIDAD



Por Luis Clemente.

Fernando de Rojas, con el título de Bachiller en Leyes recién estrenado, investiga en la Salamanca de 1.498 por encargo del maestreescuela, una serie de crímenes con simbología iniciática relacionados con la Universidad. Identificado ideológicamente con el lado bueno de la ley, se empeña en que los casos no queden impunes, valiéndose de varias vías que, hilvanadas con cierta credibilidad y aderezadas con elementos típicos del género negro, como interrogatorios, pesquisas, reconstrucciones de sucesos, pasos en balde y todas esas vueltas que la investigación acarrea, acaban con la confesión del delincuente.

El estilo es directo, sencillo, con una visión exhaustiva de las banderías que campeaban en la ciudad. Las digresiones históricas se encargan de mostrar unos hechos por los que se puede reconstruir la vida, la sociedad y la arquitectura salmantina de la época, que es precisamente, la misma de la infancia del Lazarillo. Quizá, en lo tocante al dato histórico, cabe decir que a veces resulte excesivo, sumergiendo al lector en un tráfago farragoso por el que puede llegar, si no es avezado, a perder interés. Sin embargo, dentro de este aspecto, pueden salvarse las reseñas biográficas dedicadas a “María la brava”, “La Latina” y San Juan de Sahagún, que a pesar de ser algo extensas, están bien ensambladas en la trama, proporcionando un adecuado juego novelesco. Asimismo, es notable el acierto de la creación literaria del personaje de Lázaro González, un alter ego del Lazarillo, que a modo de confidente del bachiller Rojas, es el encargado de introducirlo en los ambientes de la picaresca. Este truco sencillo, que imprime más verosimilitud a la narración, encaja la realidad intratextual en la extratextual, sirviendo para, entre otras cosas, recrear entornos, en especial los de la Plaza Mayor, justo aquellos por los que Lázaro deambula, como el mesón de “La Solana”.

lunes, 27 de junio de 2011

Los negritos de oro

Los Negritos de oro

Como muchos sabréis, y si no deberíais, mañana martes 28 tendrá lugar la cena de gala y clausura del primer curso de este vuestro club de lectura.
Por ello, para premiar la fidelidad y el carisma de los negritos, la novia cadáver y un servidor, tras un arduo proceso de deliberación basado en el pito pito golgorito, hemos creado los negritos de oro, dotados de un premio testimonial y otro en metálico (una cuchara robada del Togar).

He aquí la lista de candidatos:
Los negritos nominados al premio “soy tan listo que me comería a Holmes con patatas y lupa” son:

• Cris Marple, por adivinar antes que la mismísima reina del crimen, que el juez era el verdugo.
• Rauletaville, que, si en vez del doctor, hubiera sido el sargento Navarro, habría pillado a Ruth sin sudar el tricornio.
• Amparo, que es capaz de encontrar referencias a Baker Street hasta en las cajas de cereales.
• Agustín, por su conocimiento enciclopédico sobre las trastiendas y guardapolvos de la ley seca.

Los negritos nominados al premio “soy más chulo que un Ocho y Marlowe juntos” son:
• Guillermito, por su célebre y largamente discutida frase lapidaria en favor de la democracia y la alianza de civilizaciones: “no, si yo entiendo lo que dices, lo que no respeto es que te guste”.
• - Verónica Lake, por asegurar que Chandler era un bodrio eterno y sentenciarlo al ostracismo diciendo: “me da igual que esto sea un taller de novela negra o de novela histórica, yo leo lo que me da la gana”

Los negritos nominados al premio “tengo la cabeza más dura que un diamante de 24 kilates” son:
• Luis, por su encendida crítica a la traducción de Los Ángeles de Chandler.
• Sergio Torquemada, por defender a capa y espada que ningún picoleto ganará jamás a Kasparov… a menos que jueguen al mus.

Los negritos sospechosos de ser los mayores microcriminales a este lado del Huécar, son:
• Lourdes McGiver, mujer eficiente y con recursos, capaz de desatascar el fregadero y la trama del relato al mismo tiempo.
• El clan de los Prados, la familia más peligrosa de la ciudad del crimen.
• Verónica, que tenía más sed de sangre que Lecter en Transilvania, y se cargó a la protagonista, su amor platónico, su periquito, el apuntador, uno que pasaba por allí y, si me descuido, hasta al coordinador del club.
• Joselito rubio, que, pese a llorar más que la virgen de las Angustias y tener más cuento que Calleja, consiguió resucitar el relato, que no a su protagonista, cuando éste parecía muerto y enterrado.



Los profesionales del crimen aspirantes a Don de la banda de las Casas Ahorcadas son:
 Joe Álamo, que además de visitarnos y colaborar activamente en el blog, es promotor, jurado y patrocinador del concurso.
 Luis Gutiérrez Maluenda, que sin conocernos apenas, nos ha regalado un lote de 32 libros y va a formar parte del jurado del certamen.
 Jerónimo Tristante, peligroso capo de la mafia murciana, pionero en el apasionante mundo de los encuentros literarios low-cost.
 Pedro de Paz, cómplice del microcrimen y de la difusión del concurso.
 Carlos Salem, sospechoso de perpetrar el nombre del club, uno de nuestros telencuentros contra la crisis y sabe Dios cuantas fechorías más.

domingo, 19 de junio de 2011

Los Seis Magníficos de “Las Casas Ahorcadas”








Para que no digan que lo negro no es transparente, aquí va una breve reseña, poco más que un anzuelo editorial made in el hijo de mi madre, para dejaros babeando y con ganas de saber más sobre algunos autores que leeremos el curso que viene.
Estos seis magníficos han sido seleccionados por un servidor, entre los autores mejor valorados (caso de Tristante y Maluenda), los que quedaron fuera por no poder hacer más adquisiciones durante este primer curso (Uribe y Urra) y contarse entre las últimas perlas negras encontradas por el que suscribe.
Además, no es casual que haya dos obras de cada subgénero bibliocriminal (thriller, policiaca y negra), ni que todos sean españoles, pues ello nos permitirá alternar los encuentros (ya veremos si virtuales o reales) con estos nuevos valores, con la lectura de autores clásicos e internacionales cuyo contacto, a falta de mayores conocimientos espiritistas e influencias dentro del mundillo, nos están vetados.
Y, para los que quieran ir haciendo los deberes este verano, Maluenda, Tristante, Jambrina, Uribe y Urra tienen otras obras del género esperándoles pacientemente en las librerías, pues, salvo Jambrina y Tristante, no me consta que dispongan de ejemplares en las bibliotecas de nuestra región.

Allá vamos:

- Mala hostia, de Luis Gutiérrez Maluenda

Atila (no) es un detective duro, sarcástico y malhablado, que tiene su paupérrimo despacho y acaudalado mueble bar en un locutorio tanguero y de mala muerte del Rabal barcelonés. Sin embargo, su cutretilica vida sufrirá un vuelco de 180º cuando reciba el aparentemente sencillo encargo de encontrar a una preciosa joven del Este… porque será necesario mucho plomo, whisky y mala hostia para regresar intacto de los infiernos en que sobreviven los inmigrantes sin papeles de la ciudad condal.



- El valle de las sombras, de Jerónimo Tristante.

Cuelgamuros podría ser el paraíso….si fueras un Tuareg o un camello. Para los que perdieron la guerra civil, en cambio, es el valle de los vencidos. Un lugar donde, aunque parezca increíble, serán unos misteriosos homicidios los que unan y rediman a la atípica pareja de investigadores que protagonizan este adictivo y sentido canto a la reconciliación histórica en clave policíaca.






- El manuscrito de nieve, de Luis García Jambrina.


A finales del siglo XV, un sádico asesino en serie siembra de cadáveres mutilados la Universidad de Salamanca, y ¿quién mejor que el bachiller Fernando de Rojas y su pícaro ayudante Lázaro de Tormes para echar el guante al culpable de esta cosecha roja?





- Revancha, Willy Uribe.

Tras la sangrante paliza futbolística que los miembros del servicio les propinaron el año pasado, Miguel y sus amigos, burgueses de clase alta afincados en una exclusiva urbanización a las afueras de la capital, están decididos a tomarse la revancha este año….les sobran motivos, aunque la mayoría no sean deportivos. Un thriller de ritmo endiablado y regusto a “American Beauty”.




- A timba abierta, Óscar Urra.

Julio Cabria, investigador desafortunado en el amor y el juego, se disponía a saltar al vacío cuando recibió el extraño encargo de un mafioso: encontrar a Pandora. ¿Será su nombre un augurio de todos los males que le esperan durante su peregrinación por los peores antros y timbas de la madrileña plaza de Tirso de Molina?







- El país de los ciegos, de Claudio Cerdán.

El tuerto Durán, matón profesional y antigua mano derecha del todopoderoso capo Godoy, ha vuelto a la ciudad de la luz, tras cinco largos años a la sombra de Font Calens. ¿Su objetivo? convertirse en el nuevo rey de Alicante, la ciudad con mayor índice de criminalidad de toda España. Porque, en el país de los ciegos….









Pasen, lean y comenten.

miércoles, 15 de junio de 2011

Miscelanoir:

Lejos de cerrar el chiringuito por vacaciones, volvemos a la carga con un montón de novedades de lo más variopintas.
Pero vayamos a lo Jack, por partes:
1. Como dos no son ni siquiera multitud, prolongamos el plazo de entrega de microcrímenes quince días más, hasta el 1 de julio, para ver si algún otro valiente se anima.
2. Por mediación de José, pues en Yupilandia News no suelen informar de estas cosillas, me entero de que, a partir del sábado que viene, el diario Público (célebre por echar al inefable Rafael Reig de entre sus filas por rojo, por cometer la tremenda desfachatez de proclamar que ¡Miguel Hernández era comunista!) inicia una colección de novela negra al módico precio de 2,5 euros (diario e IVA incluidos). La primera, “Adiós princesa” de Juan Madrid, es, si obviamos el Cameo realizado en “Bares nocturnos”, la última entrega de las aventuras de Toni Romano, un exboxeador y policía que, para muchos, constituye el Marlowe de Malasaña. No es la mejor, pero si nunca has leído al maestro Madrid (padre del género dentro de la capital) por ese precio (a mí me costó cerca del triple) sería un verdadero crimen no adquirirlo. Cuando se hagan públicos el resto de títulos de la colección, lo dejaré por aquí.
3. Entre los finalistas al prestigioso premio Hammett que otorga la Semana Negra a la mejor novela policíaca publicada originalmente en castellano, está, como no podía ser de otra forma, “El humo en la botella” de Juan Ramón Biedma. Desde aquí, desearle toda la suerte del mundo a él. Y a otro autor muy especial que, con la venia de la crisis, leeremos el año que viene: Willy Uribe.
4. Otro amigo juntaletras del que ya hemos hablado en alguna ocasión, el cuencastellonés José Luis Victoria, se acaba de embarcar en su propio proyecto editorial, ediciones Hades. ¡Mucha mierda, camarada!,
5. Habemus cena de clausura, establecimiento, fecha y hora (gracias a las impagables pesquisas de Cris Marple), pero no menú. Se ruega a las mozas casaderas (sean o no cadáveres) que luzcan sus encantos y a los demás…con que no canten ningún himno glaucomasónico nos conformamos. Será el martes día 28, a eso de las 9 de la noche, en el Togar, en cuatro caminos. Para inscribirse y elegir menú (los hay de 20, 25 y 30 euros), basta con que llaméis a Mila a la biblioteca o os dejéis caer por allí.
6. Ya que estamos democráticos, estaría bien que os estrujaseis las neuronas un pelín y pensaseis un nombre ingenioso para el premio que anualmente (mientras no nos corten el grifo) los ilustres negritos de “las Casas Ahorcadas” concederán a la mejor novela criminal que hayan leído durante el curso. En esta primera edición, los nominados, tras la primera vuelta durante la última sesión del club, son los siguientes: 1. “1280 almas”, de Jim Thompson (que sí, que no es coña, y eso que Guillermo no estaba allí para defenderla), 2. “La niebla y la doncella”, de Lorenzo Silva (Que de cantar no, pero de escribir sabe un rato), 3. “Matar y guardar la ropa”, de Carlos Salem (que seguro que manda al carajo el resto de galardones obtenidos en Francia y Gijón como se alce con el nuestro) y 4. “Música para los muertos”, de Luis Gutiérrez Maluenda (Sin duda, el lote con mejor relación calidad –precio de la vasta historia de las bibliotecas públicas).
Y ahora, los deportes.

miércoles, 8 de junio de 2011

5 libros y un millón de gracias:

Mientras nuestros valientes participantes dan los últimos retoques a sus microcrímenes, me gustaría romper una lanza en favor de todos aquellos que habéis hecho posible este modesto concurso.
En primer lugar, al cerebro y principal promotor del mismo, el incombustible Joe Álamo, que no contento con participar dos veces en la micronovela, enviar innumerables comentarios y visitar nuestro cuartel general, tuvo la desfachatez de proponerme este concurso y de enviarme un ejemplar de su oscura “Penitencia” y su genial “Tom Z Stone”. Un novelón como la copa de un pino, que no puede faltar en vuestras estanterías pese a que el angelico cometiera el imperdonable suicidio editorial de incluir una frase promocional mía en la contraportada. No se lo tengáis en cuenta, por favor, que el resto del libro merece muy mucho la pena.
Luis Gutiérrez Maluenda es otro de los imputados por generosidad en tiempos de crisis, un crimen harto infrecuente por estas latitudes, por cierto. No en vano, mandó la friolera de 32 libros a nuestro club y ha prometido actuar, junto con Joe y el inigualable Enrique Rubio, como jurado de honor del certamen.
Los dos libros restantes corren a cargo de otro gran amigo, de otro autor que dará mucho que hablar próximamente, Emilio Bueso, hijo bastardo de Jim Thompson y Anne Rice, que acaba de regalarnos su imprescindible “Diástole”.
De igual manera, me gustaría destacar a tantos y tantos amigos juntaletras, como Jero Tristante, Juan Ramón Biedma, Pedro de Paz, Carlos Salem, José Miguel Vilar Bou, Claudio Cerdán y Luis García Jambrina, que también han aportado sus buenos cubos de arena para que el proyecto saliera a flote.
Muchas gracias, hermanos, ahora sólo queda esperar…y que gane el mejor.

domingo, 15 de mayo de 2011

I Certamen de microrelatos “Se ha escrito un (micro) crimen”

Por la presente, El superilustre, hiperantiguo y ultraexclusivo club de novela criminal Las Casas Ahorcadas, convoca el primer certamen de microrelatos Se ha escrito un (micro) Crimen y declara que:

1. No tenemos donde caernos muertos, así que no podemos pagaros.
Eso sí, disponemos de un cojoestupendo lote de cinco libros para seguir alimentando el ingenio y la sed de sangre del vencedor y prepararemos un diploma a la altura de las circunstancias, que mandaremos al domicilio del afortunado…y sin portes, que somos la generosidad personificada.

2. No nos conoce ni nuestra madre, así que no podemos haceros famosos.
Pero es lo más parecido al Pulitzer que existe en Cuenca, y viniendo de una antigua aspirante a capital europea de la cultura… no es moco de pavo, ¿o sí?

3. Pero, ¿Qué ha de hacerse para conseguir tan suculento premio?
Elemental, si se trata de un concurso de micro relatos…  parad el carro, Sherlocks, que no vale cualquier milonga. Para haceros con el ansiado lote, primero dejaros caer por nuestro blog (casasahorcadas.blogspot.com), leed atentamente la micronovela por entregas que, con el título Se ha escrito un (micro) crimen, llevamos publicando desde noviembre dentro de la etiqueta microcrimen (12 en la primera temporada y 8 en la segunda para ser exactos), y escribid el mejor desenlace que se os ocurra en menos de 500 palabras.

4. Una vez escrito, y repasadas las faltas de ortografía (que para eso inventó el tío Gates el corrector del Word) lo enviáis adjunto a un correo donde aparezcan vuestra dirección postal y  datos personales con asunto Concurso antes del 15 de junio a la ingeniosa dirección de correo lascasasahorcadas@gmail.com.

5. La decisión del secreto e insobornable jurado, compuesto a partes iguales por escritores y miembros del club, será inapelable y aparecerá  publicada, junto con el texto, a finales de junio en nuestra bitácora.

6. Sus sesudos miembros valorarán especialmente la calidad literaria, originalidad y coherencia con el resto de la micronovela.

Si has llegado hasta aquí, muchas gracias. Y si además participas o lo divulgas, te hacemos la ola.


Cuenca, a 15 de Mayo del 2011

jueves, 12 de mayo de 2011

Se ha escrito un (micro) crimen (2x08):

Más de uno, a estas alturas, debía de andar cavilando si, no sé si por fortuna o desgracia (supongo que eso, como todo,  va en gustos ), el pérfido coordinador de las Casas Ahorcadas había sido el siguiente  defenestrado del relato, y que tal vez la ficción se hubiese hecho realidad (algo que, por otra parte,  explicaría el que la novia cadáver tenga siempre esa voz tan chunga, a medio camino entre lo megafiestero y ultraterrenal, y vaya arrastrando su bibliocarrito de acá para allá como una zombi), ergo  este vuestro blog había pasado, así mismo,  a mejor vida.
Chorradas.
La verdad es que me atropelló un camión de reparto (de libros de Crepúsculo, para más INRI) y que, desafortunadamente,  no todos los venidos al mundo en Nochebuena tenemos igual pericia en el noble arte de resucitar…así que me ha costado más de un mes volver a las andadas.
En fin…que ya estamos aquí, aunque nos haya costado un óvulo de pollo y parte de otro, y que lo hacemos con el vigor propio de su avícola primo del Zumosol,  el ave Fénix, pues además de continuar nuestro micro relato, adelanto, para que los que quieran puedan empezar a darle al magín y la tecla, que en breve vamos a publicar las bases de un concurso para premiar al culpable de perpetrar el menos de 500 palabras el mejor desenlace para nuestro querido microcrimen.
Pero antes, ahí va la penúltima entrega microcriminal, cortesía del gran Joe Álamo, que nos mima tanto que se merece un monumento.
O un buen psiquiatra.

Leila Vindel, arqueóloga, guapa, inteligente y adicta a la absenta y al Camel sin filtro, contempló la estatuilla, que había colocado encima de la mesa de su cocina. Había retirado los paños con los que solía cubrir la figura y se deleitaba en el suave brillo oscuro que despedía. Prendió fuego a un Camel y se sirvió otra absenta con todo el ritual que mandan los cánones: cucharilla agujereada con terrón de azúcar, agua helada y un pulso a prueba de bomba. Dio un trago largo a la bebida mientras repasaba lo que había descubierto poco antes: habían registrado su casa.
 Cuando abrió la puerta esa tarde, la encontró revuelta, hecha un auténtico desastre. Sin embargo, no habían encontrado lo que buscaban. Se rió para si misma.
 ¿Quién iba a sospechar que el objeto del deseo de tantos era utilizado de porta trapos en una cocina de apenas 6 metros cuadrados?
 Apagó el cigarro, acarició la figura y la volvió a cubrir. Sabía que tenía que hacer algo. Podían no haberla encontrado pero volverían, eso seguro. Y cuando lo hicieran, estaría esperándoles y haría que se arrepintieran de haberse acercado a ella.

Continuará…gracias a vosotros.

domingo, 10 de abril de 2011

FRANCISCO GARCÍA PAVÓN, PLINIO, LORENZO SILVA, BEVILACQUA Y CHAMORRO

Al escuchar y leer en diversos medios la intranquilidad que ronda por el campo español, y particularmente en el de La Mancha, motivado sin duda por los innumerables robos y delitos que se vienen dando de manera continuada, echo de menos a alguien que intente deshacer esos entuertos. Y es en ese instante cuando acude a mi cabeza Manuel González, “Plinio”, un personaje, jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso (GPM), que lo creara Francisco García Pavón, allá por 1953, para introducirse en el día a día de la vida rural, y por concatenación, en sus entresijos criminales. Pero no lo dejó sólo, le puso a su lado a don Lotario, un veterinario que, en las horas libres que le dejaban las mulas y las ovejas, practicaba de Watson; a Rocío,  “La buñuelera” que, sin dejar de cortar la rosca de churros, intentaba sonsacarle algunas de las pesquisas que llevaba entre manos; al cabo Maleza, el de ¿se paga un cafetito, jefe; y a la Gregoria y la Alfonsa, esposa e hija del municipal (Sus mujeres), encargadas de tenerle a punto, con respeto y ternura,  tanto el condumio como el uniforme. Gracias a estos, y a unos cuantos más, el lector, a través de las conversaciones y lances  que mantienen con Manuel, se pone de pie en escenarios como Tomelloso, sus alrededores e incluso Madrid (a donde es requerido) y, en definitiva, le permiten sentarse en primera fila de butaca, sin perderse ni un ripio del nudo ni del desenlace de la trama.

Por todo ello, me resisto a que cuando se habla de Plinio, o bien, cuando leo en algunos tratados del género policiaco autóctono, se le ignore de plano, o incluso lo excluyan a sabiendas, por ejemplo como hacen algunos autores sobre tesis de la novela negra española, con el solo justificante de que su costumbrismo y folclore llega a anular los aspectos literarios genuinos del género, cuando yo entiendo todo lo contrario: que el dato engorroso y el documentalismo excesivo bien pudiera sacrificar la gracia del relato, o como si no fuera costumbrismo ni folclore las situaciones en que se haya inmerso Carvalho -por no citar a otros-, especialmente en la provincia de Albacete, a la hora  de encontrar pistas para el caso de “la Rosa de Alejandría”. Y si lo siento, es  por lo mucho que se puede perder el lector aficionado al policiaco  (o el que está en trance de aficionarse) con este lapso.

Pero, voy a dejar aparcada mi reivindicación y allá con aquellos que no entiendan esta obra de García Pavón como yo, o bien, como Juan Ramón Biedma que ha aseverado que es una de las piezas básicas para entender el panorama literario del siglo pasado. Y la dejo de lado, ya que ahora mis cavilaciones me llevan a otros derroteros, a los de pedir una pluma (más bien un teclado qwerty), que salga alguien que escriba, para que ocupe el vacío que se abrió, en 1989, con el óbito del escritor tomellosero, y se pueda reflejar en el papel la cotidianeidad ya inherente al campo: Las mafias que extorsionan a trabajadores extranjeros, las bandas de ladrones, la inhumanidad en campamentos clandestinos de emigrantes, las envidias que corroen el alma, la amenaza de muerte como ultimátum, en fin, la ruindad humana en sus más variadas modalidades.

Entonces, me puse a buscar en una amplia lista de escritores del ramo que hallé en la red. En un principio, ignoraba si su pluma la debería asociar a un detective privado, a un madero o bien a un personaje de esos que cría el terruño para estos menesteres. Pero enseguida lo vi claro: la Guardia Civil era la solución más válida para adscribirle alguno de esos números al campo. Por algo muchos de ellos vienen del campo, se han criado en el campo e incluso, trabajan en el campo. Y en estos devaneos me hallaba, cuando mi índice se paró en Lorenzo Silva. Su rastro en la novela policíaca está lo suficientemente trillado que su pareja de picoletos ha abierto una brecha importante en nuestras lecturas. Nos hemos acostumbrado a ellos, no sólo en la manera de actuar, sino en el interior de sus vidas y sus ascensos.

Lorenzo Silva, ha llegado tu tiempo: vete al campo, vete a La Mancha, Vete como sea, nada más echarte de la cama, en el primer AVE que salga, o por cualquier autovía de las que ahora mismo la cruzan. Vete ahora mismo, que esta anchurosa llanura te necesita; y llévate contigo al brigada Bevilacqua y a la sargento Chamorro, para que en las tierras manchegas queden, como bien tú podrás adivinar, algo de sus huellas  singulares, complejas, paradójicas, y sobre todo, congruentes con la realidad en la que se desenvolverán. Hazlo Lorenzo, para que si alguien quiere saber de la Guardia Civil, pueda; para tapar alguna boca; y para que alguien diga en el casino, a la hora del dominó,  a mí me pasó algo parecido». Vosotros, los escritores, estáis para eso: para hacer de puente con los demás,  para que nos subamos sobre los pretiles de vuestros renglones, y así percibir desde lo alto todo lo que nos rodea.



La Mancha, a 8 de abril de 2011
Luis Clemente

lunes, 28 de marzo de 2011

Se ha escrito un (micro) crimen (2x07):

Con un ligero retraso (lo bueno…) Julián María Guzmán, compañero de bibliofatigas  de la novia cadáver, me envía este micro que, amén de acabar con no pocas lagunas narrativas, que sin querer íbamos arrastrando desde el inicio de esta segunda temporada, ofrece nuevas e interesantes posibilidades para continuarla, para que otros negritos  se atrevan a abordar, de una vez por todas, su ansiado desenlace.



A la misma hora en que Leila estaba siendo perseguida por una siniestra figura que entonaba una canción infantil, Mauricio y Sebastián paseaban con aparente despreocupación por las calles del casco antiguo de Cuenca. Aunque el andar de ambos parecía errático, propio de turistas despistados, procuraban cruzarse con el menor número de gente posible, y hablaban entre ellos con voz casi susurrante.

- ¿Por qué no me has dejado acompañarte en el registro de las casas? Si estoy metido en el caso, debería tener acceso a la máxima información posible ¿no?
- Mauricio, compréndelo, los buitres de la prensa andan como locos detrás de cualquier carnaza que pueda aparecer en torno a esta matanza. Si descubren que un personaje como tú está haciendo indagaciones, se multiplicarán las alarmas absurdas. Tendrás que fiarte de lo que yo te vaya pasando.
- Pero entiende que esta no es manera de trabajar, ¡coño! estoy dando palos de ciego sin saber realmente a quién o qué estoy buscando. Bueno, ¿qué habéis encontrado en las casas?
- Poca cosa. En la de Bartolomé Zarco, simplemente nada. Empiezo a pensar que fue un desgraciado que estaba en el lugar equivocado en el momento inoportuno. Sin embargo en las casas de Mila e Iván si hemos encontrado ciertas conexiones. En la de Mila, ubicada en la plaza San Julián, tengo la sospecha de que alguien se nos adelantó y estuvo rebuscando antes que nosotros. Aunque no forzaron la puerta, algunos de los armarios estaban revueltos, mientras que otras partes de la casa permanecían intactas. Creo que buscaban un objeto grande, que no podía guardarse en cualquier sitio. En la de Iván, y esto es extraño, hemos descubierto que seguía desde hace algún tiempo a Mila con mucho interés. Tenía fotos de ella, guardaba también información sobre su trabajo, sus rutinas, y algunas cosas más. Todo de un modo muy profesional. Además parece ser que se conocieron en un chat, y que un par de horas antes de que los encontrasen muertos en la biblioteca, los vieron juntos tomando café.
- Mierda, Sebastián, esto que me cuentas apenas me sirve para nada. ¿No tienes algo más concreto? ¿Algo a lo que aferrarme de verdad?
De manera subrepticia, Sebastián pasó un pequeño papel a Mauricio. Este lo observó con detenimiento. Un nombre y una dirección.
- ¿Leila Vindel, arqueóloga? ¿Esto que coño es?
- Algo a lo que aferrarte, capullo. Parece ser que últimamente era la persona que más tiempo pasaba con Mila.
Mauricio tuvo un presentimiento: contrabando de arte. Mientras, Sebastián se alejaba de él, esta vez de manera que parecía definitiva, y no tuvo tiempo de avisarle." “Mantente alejado del inspector Casas, siempre sabe más de lo que parece”.

Continuará…

miércoles, 23 de marzo de 2011

Cuerpos Descosidos, de Javier Quevedo Puchal



Pastor de dios que traes el pecado al mundo, danos la culpa
Tan impío salmo es el que muy bien podrían repetir incesantemente, como un sacrílego mantra, los personajes que pueblan esta maravillosa novela de terror recién publicada por NGC Ficción.
No en vano, sus atípicos protagonistas, un chapero afincado en Ambsterdam, una artista gráfica con una más que enfermiza necesidad de autolesionarse y el anónimo autor adolescente de un diario, conforman los tres vértices de un triángulo de dolor y remordimiento que ninguna penitencia en el mundo será capaz de extirparles. Ni siquiera  la Papisa. Ni siquiera  René, por mucho  que cuente con el don maldito de absolver pecados ajenos a través de su propio sufrimiento.
Una apasionante novela que profundiza con sensibilidad y crudeza en el lado más oscuro e inconfesable de la condición humana, y que tiene en la profunda humanidad sus personajes, el la apabullante maestría lingüística de su autor y su impecable y ambiciosa estructura narrativa sus principales virtudes.
Probablemente la mejor novela, y van cerca de una treintena ya, que he leído en lo que va de año.
Palabrita del niño Jesús.

Y, con toda seguridad, un más que firme candidato a arrasar en un sinfín de premios el año que viene.


domingo, 20 de marzo de 2011

Se ha escrito un (micro) crimen (2x06):

Cuates, ahora sí que hay tomate, que diría Luis. Y además del bueno.
 Los acontecimientos se precipitan, las emociones se disparan y el espectáculo está servido, merced a la capo Serrano, más conocida como Hada Traviesa por estas latitudes
No digo más.
Bueno, sí, que siga la fiesta, que ya casi se vislumbra la oscuridad que espera, paciente, al final del túnel.



Veneno intuía el peligro, no en vano, llevaba años viviendo al borde del precipicio.
 
Se recordaba a ella misma con 17 años, aquel viaje de estudios a Túnez, y aquel hombre... aquel hombre que le destrozó la vida para siempre.

Y se recordaba meses después, dando a luz a una niña, su hija, a la que sólo pudo abrazar durante una hora, porque aquel hombre se la arrebató de los brazos con amenazas.

Habían pasado 24 años, pero Sofía siempre se las ingenió para ver a su hija desde lejos. Leila se llamaba, ese era el nombre que le puso aquel bastardo, aquel ser despreciable que se la arrebató de las manos.


Aquel bastardo la había visto crecer, y estaba completamente segura de que jamás le habló a Leila de su madre. De eso, y de que cada día, cuando aquel mal nacido miraba a su hija, tenía que verla a ella, a Veneno: ¡Leila tenía sus mismos ojos azules!


Pero ahora las cosas se estaban complicando, Mauricio le había contado algo sin darse cuenta de todo lo que le contaba y Veneno sabía que su hija estaba en peligro. Y tenía que actuar, tenía que hacer algo.
Y no se equivocaba, las madres nunca lo hacen, como pudo comprobar cuando vio a Leila caminar deprisa y asustada y una sombra detrás de ella, una sombra que entonaba una canción:
- Tengo una muñeca vestida de azul...


Continuará

domingo, 13 de marzo de 2011

Se ha escrito un (micro) crimen (2x05):


Para evitar que el micro crimen termine por convertirse en un interminable culebrón criminal, y puesto que además el número de negros literarios más que escasear brillaba por su ausencia (más que los platos de Villarriba de los anuncios de Fairy, oiga), he decidido  meter mano en el asunto, e iniciar una segunda vuelta para animar a aquellos que ya colaboraron previamente a que reincidan, lo cuál no exime de su pena a los negritos más perezosos que todavía no han hecho su primera aportación.
Concretamente, se trata de un relato rompedor a todos los niveles, desde el argumental (dado que supone un giro de guión de 180 grados) al estilístico  (rebosante de cinismo, procacidad, homofobia y humor negro), e incluso en la persona narrativa (pues hasta ahora todos habían sido en tercera). En definitiva, se trata  de mi humilde pero sentido homenaje a uno de mis autores fetiche: el gran Carlos Pérez Merinero, discípulo aventajado de la escuela thompsoniana en España.
Espero que os guste.
Bueno, en realidad me conformo con que no me retiréis la palabra forever.
Allá va.
¡Señoras y señores, negritas y negritos, Os presento al asesino de la Casa de la Cultura!


-¿Cómo te has atrevido, so cabronazo?- estoy tan furioso que no puedo evitar gritárselo a la cara, aunque sea a su puto reflejo.
 -No... no lo sé...-lloriquea, como siempre. Pedazo de nenaza.

-…si es que no tienes corazón, me  cagon la puta, sólo cojones y rabo. Nada más. Ni cerebro, ni sentimientos,  ni hostias. Sólo ganas de meterla en caliente- lo sé. No hace falta que me lo diga nadie.  Como poeta no valgo una mierda en verso. Pero sentimental y sensible, cien veces más que el julai de García Lorca, oiga. Y eso que con la tontería de perder aceite, jugaba con ventaja el muy mamón.- Dos días, cuarenta y ocho  putas horas, y ya andas babeando detrás de otro chochito, lo tuyo es de juzgado de guardia.
-Sé que tienes razón, pero soy débil…no puedo evitarlo….- si no compartiésemos la cara, te juro, me juro, que se la partiría. Menudo gilipollas.
-Pero yo sí. y de una vez por todas. No dejaré que mancilles la memoria de Mila con esa putilla del tres al cuarto…- ¿Qué? ¿Quién lleva los pantalones aquí? En sentido figurado, se entiende.
-Tú también hiciste un juramento… que no volverías a matar a nadie, ¿recuerdas?- y sonó la flauta, por casualidad. Además, qué esperabas, compartimos neuronas, no  podía ser tan sumamente retrasado como parecía, el pobre.
-¿Yo? Pero qué cosas tienes, hombre. Seguro que se la carga el pringao ese, el tal Mauricio…ya sabes que las pruebas, como el algodón, no engañan ¿O sí?
Toc Toc
Llaman.
Ya no puede estar uno tranquilo ni en el tigre, la virgen puta.
-¿Te encuentras bien, inspector? Me ha parecido escuchar unos gritos…-ya  está, el que faltaba,  el soplapollas de   Sebastián, dando por culo, como siempre, para qué variar.
- Perfectamente, Sebastián, mejor que nunca. ¿Querías algo?- dejo la batuta al julandrón, que para eso fue a colegio de monjas, no vaya a ser que el mongolo empiece a sospechar a estas alturas, después de tantos años. Y eso que sé de buena tinta que lo único que este pánfilo con placa tiene en común con Holmes es la primera inicial.
Y que en su calle también hay un panadero.
 Y es que, ya lo decía el refrán: asesino precavido, mata por dos.
 Amén, hermano.
-No, qué va…Por cierto, ¿te vienes a echarte unas cañas al Alexis?
Y antes de que el mariquita supremo que llevo dentro ponga rumbo al garito, y se salga otra vez con la suya, me apresuro a tomar las riendas de la situación:
-Lo siento, tío. Tengo trabajo atrasado…asuntos pendientes.

Continuará…

domingo, 6 de marzo de 2011

Se ha escrito un (micro) crimen…Primera Temporada Completa (Versión extendida para Masoquistas)

Se ha escrito un (micro) crimen…Primera Temporada Completa (Versión extendida para Masoquistas)
Antes de reanudar nuestro microcrimen con una nueva andanada de micros, me temo que  a cargo de autores reincidentes, la semana próxima, por petición popular, recopilo en un solo post toda la primera temporada junto con un final alternativo que elaboré cuando, merced a la  impactante y macabra aportación de psico-Vero, pensé  .que ya estaba todo el pescado vendido y tenía que ir recogiendo el tenderete de la forma más digna posible.
 Así, me sirvo de tan pueril excusa para organizar el primer concurso de la breve pero intensa historia de Las Casas Ahorcadas:
Adivina, adivinanza,¿quién quiere abrirle a Tomé la panza?
En otras palabras, ¿quién demonios es el sanguinario y enamoradizo asesino de la Casa de la Cultura, según ese primer final?



I
Sergio Vera.

Era tarde de viernes en la biblioteca y, por fortuna para Mila, más tarde que viernes. Media hora, y  podría dar la bienvenida al ansiado descanso del becario, cien veces más merecido que el del guerrero.
Un último esfuerzo, se dijo. Disimula. Finge que no tienes ganas de mandarlos a la mierda. A ellos y a sus  novelas negras como la mierda.
Mientras  prodigaba maldiciones gitanas a todos los miembros del último Club de lectura en abandonar el edificio, Mila ensayaba su mejor sonrisa falsa y empujaba su carrito repleto de bodrios en dirección a su despacho, pensando amargamente que, aparte de para estar más explotada que Kunta Kinte, haber logrado ser la primera de su promoción, únicamente le había servido para batir el récord mundial de insultos por segundo. Lástima que no hubiese forma de demostrarlo, su madre estaría la mar de orgullosa.
No obstante, dudo sinceramente que exista titulación, o serie televisiva, capaz de prepararte para lo que la buena de Mila encontró esa tarde. O si no, listillo, dime, ¿qué harías si, tras regresar al aula  donde despachaste, hace  apenas quince minutos, a los amantes del crimen literario, te topases con un cadáver?

II
Raúl Navarro.


El cadáver, de sexo femenino, fue encontrado por Mila en el ladies’ room (como a ella le gustaba llamarlo). Su cuerpo yacía boca arriba junto a un busto de Cervantes de cuya nariz se desprendían gotas de sangre que caían sobre la gran mancha roja que nacía de la cabeza de la muerta.  Una mancha que ya había rodeado por completo una copia de la tercera parte de la trilogía Millenium y que ahora se dirigía hacia el marca páginas con la novela “Fin” de Monteagudo que la mujer sostenía sobre su mano derecha.
Mila observaba todos aquellos detalles con estupor. Sin embargo, recordando la máxima de su adorada Amelie Nothomb («Si un invitado muere repentinamente en tu casa, sobre todo no avise a la policía. Usted será el primer sospechoso»), abandonó el baño, recogió su bolso del mostrador de préstamos, se puso su abrigo, apagó las luces de la biblioteca y cerrando las puertas de entrada tras de sí, pensó que mejor sería que fuera otro, mañana, quién tuviera que dar explicaciones. Al fin y al cabo había quedado con aquel chico que conoció por Internet y no pensaba faltar a su cita por nada del mundo.

III
Pedro de Paz.



Durante su encuentro con «Hawk69», un friki adolescente aspirante a informático con espinillas hasta en el carné de identidad —hay que joderse con los cibercontactos—, Mila se mantuvo ausente. Al margen de que las majaderías que contaba el susodicho apenas despertaban su interés, no podía sacarse de la cabeza lo ocurrido en la biblioteca. Cierto era que le había dejado el marrón al del turno de mañana, pero sabía por el CSI de la tele que una de las primeras cosas que se averiguan de un cadáver es la hora de su defenestración. Todo el mundo sabría que el incidente ocurrió durante su turno. Y desde un punto de vista objetivo, resultaba harto sospechoso que hubiese abandonado el lugar sin informar del hecho, máxime cuando una de las más estrictas obligaciones de su cargo de becaria consistía en reponer los rollos de papel higiénico de los baños donde debería haberse encontrado con el percal. Había actuado de una forma imprudente. Quizá debería pedir ayuda para resolver el enigma y alejar las culpas de ella. ¿Y quién mejor para ayudarla que aquellos imbéciles del Club de Lectura, acostumbrados a lidiar con muertos, asesinatos y demás zarandajas? Sí, quizá lo mejor sería…

IV
Luis Ángel Clemente.


Sólo llevaba media hora y no cociéndosele el pan, Mila no quiso perder más tiempo extrayendo espinillas de la espalda sebosa del cibernético. Sin embargo no quería romper esa relación  “(no sea que este chalao de los botones me tenga que sacar del aprieto): “Me duele la barriga y olvidé en casa el neubrofeno. Mañana nos vemos, cariño. “
Apenas puso los pies en la calle, contactó con Tomé. Tomé, como se le conocía en el taller de lectura, era, en realidad,  Bartolomé Zarco Fernández en la pila bautismal. Actualmente preparaba las oposiciones para “madero”, no por perpetuarse embutido en un uniforme caki, sino con la única idea de llegar a sub-inspector.
Tomé, al ver el nombre en la pantalla, quedó sorprendido, pues llevaba más de un año en el que sólo eran teleoperadores quienes se acordaban del número de su móvil. De ahí que, tras reconocer la voz  de Mila, atajara rápidamente: “En cinco minutos espérame allí”.
 Y no pasaban de las diez de la noche, cuando ambos, ayudados por una linterna, se adentraban hacia los servicios de la biblioteca con las pupilas como platos.
 “Aquí, en el retrete,  ni rastro”, soltó el opositor al franquear la puerta.




V
Lourdes Gómez.


 -¿Cómo que ni rastro?, pero ¿has mirado bien todos los aseos?
. Mila empezaba a pensar que los opositores de Cuenca  no eran como los becarios de Bones  y los investigadores del CSI. Se empezaba a arrepentir de haber vuelto (¿quien diablos le mandaría meterse en este fregado?, ¡y además con Tomé!).
      Siguió mirándole fijamente, mientras le señalaba con el dedo:
- Los muertos sólo desaparecen en las novelas, en las pelis malas y en alguna que otra morgue. ¿Acaso crees que la muerta se ha levantado solita,  ha limpiado la sangre, ha recogido el busto de Cervantes, ha ordenado  los libros y  después  se ha largado a tomar cañas?
Según hablaba Mila, ambos cayeron en la cuenta de una cosa muy evidente (no hay cosa más instructiva que el club de novela negra, y las películas policíacas): si el cadáver no estaba…. ¿quien se lo había llevado?
Y sobre todo ¿dónde estaba el que se lo había llevado?
Rápidamente, Mila empezó a temblar, y Tomé se quedó con las ganas de hacerlo (no porque fuera a ser  subinspector, sino porque ¡había ligado!).

      Tomé, que recordaba el caso práctico de los últimos exámenes que había suspendido, dijo:
- Empezaremos la búsqueda en los servicios de hombres.
Cuando abrían la puerta para inspeccionarlos, se oyó un ruido débil, tal vez un libro que caía en la sección de préstamos. Se miraron sobresaltados, dudaron un segundo y bajaron las escaleras, sorprendiéndose ellos mismos de su valor y de su inconsciencia.
      Antes de llegar a la puerta, encontraron el libro de Millenium cubierto de sangre. La empujaron sigilosamente, y allí, iluminado por las luces piloto, sentado en la silla tras el mostrador de préstamos, estaba el busto de Cervantes. Alguien lo había limpiado, pero ¿quién?
Se escuchó un grito…..




VI
Joe Álamo.


— ¡Rediós! —exclamó Tomé, agarrándose al brazo de Mila—, ¡parece que estén desollando a alguien!
      Mila no pudo evitar arrimarse a Tomé, aunque este rezumara un tufillo corporal nada seductor. El grito ascendió a alarido y se prolongó durante varios segundos, hasta culminar en un breve soniquete gutural que dio paso al silencio.
 Tanto Mila como Tomé sintieron entonces el repiqueteo agitado y trepidante de sus corazones en los oídos y una vocecita interna que les decía que salieran cagando leches, antes de que lo hiciera su acompañante.
      — ¿Qué ha sido eso? —musitó finalmente Tomé, que  No echaba a correr porque no tenía claro hacia dónde.
      —El timbre de la puerta —respondió Mila, algo más serena, una vez  cesó el grito.
 Tenía que largarse de allí como fuera. Se desprendió de Tomé, que seguía aferrado a su brazo.
      — ¡Hostia, no jodas! —Exclamó él, aliviado— ¿Y de quién fue la idea de poner un timbre así…? —se detuvo al observar la expresión de Mila.
      — ¿Tú eres tonto, o qué? —Le espetó ella con expresión incrédula—. Joder, Yo sabía que los del club erais un hatajo de friquis, pero no que fuéseis también unos capullos. No sé qué más me puede pasar ya.
      Entonces se oyó un silbido, algo pasó rozándole la cabeza a Mila y golpeó a Tomé. Este cayó cuán largo era, y con una brecha del tamaño de una zanja en la frente.
 A Mila se le cayó la linterna al suelo y se quedó a oscuras. Alguien comenzó a cantar:
 Tengo una muñeca vestida de azul…,
Alguien que se acercaba a ella.



VII
Pablo Prados


 Mila, aterrada, palpó buscando la linterna, pero una pila en su mano y su pulso, propio de una anciana aquejada de Parkinson, le hizo pensar que no tendría luz de nuevo. Por suerte Tomé seguía respirando a pesar de su inesperado y doloroso “encuentro” con el maestro de las letras,  lo cual la alivió.
No con poco esfuerzo, atinó a encender su cámara digital Olympus y hacer un par de fotos, sus pupilas, dilatadas por la oscuridad, parecieron esconderse ante los destellos del flash.
Con la respiración entrecortada y el corazón golpeando fuertemente contra su pecho se escondió detrás de lo que, tras el destello de la cámara, parecían unas estanterías…
Sin esperar un segundo, revisó sus dos últimas fotos: en la primera se apreciaba a Tomé en el suelo, con el busto de Cervantes de nuevo manchado de ese tono carmesí que a Mila tanto gustaba en la tinta de los libros antiguos pero que, ahora, no le parecía tan atractiva. En la segunda, una figura borrosa, producida por el amplio tiempo de exposición de la cámara.
 Los pasos y aquella canción ya no se oían por el camino que había dejado atrás, sino en los pisos superiores.



VIII
Amparo Prados.



Hawk 69 quedó preocupado.
¿Cómo había sido tan imbécil de dejar escapar a la chica? Las partidas de los Sims no te preparan para esto. Ya lo decía mi madre: “hijo mío, ten siempre neobrufen en casa, que va bien para todo”.
 No, si al final iba a tener razón, a pesar de haberla cagado con el nombre que le impuso en la pila bautismal: Iván, pero no por El Terrible, sino por aquel cantante ñoño de finales de los setenta, ¡por Dios! Claro que lo de Hawk69 lo compensaba con creces.
Había andado un poco torpe con lo de la pastillita. Se podía haber ofrecido a ir a la farmacia a por una, pero eso tampoco se aprende en los juegos de estrategia, ¡mierda de juegos!, la cosa ya no tenia remedio, pero la chica le gustaba, además le interesaba el sitio donde trabajaba –la biblioteca- y eso que en su cuarto no había un solo libro. Solo cds y dvds. Pero  ahora sabía que no todo está en internet.
Tenía que planear mejor el próximo encuentro, aunque la excusa sonaba un poco a eso: excusa. Esperaba no haberla jodido del todo, y poder quedar con la chica pronto, ella tenia algo……………………



IX
M. G. Villarrubia.

Mila no supo si se había armado de valor o de estupidez, cuando se encontró subiendo las escaleras. Llevaba la linterna de nuevo en mano, pero titilaba como los guiños de Algol.
- “Esto me pasa por ser tan rácana… si al menos hubiese comprado pilas Duracell”. Llegó al último peldaño, que la recibía como entrada a una nueva oscuridad.  Al “¿Pero qué estás haciendo?, ¿no ves que te van a matar a ti también?” le siguió un irónico “No pasa nada, no hay mas bustos que lanzarme”. Si hasta tenía gracia cuando estaba nerviosa.
Atravesó anaqueles atestados de libros añejos, antiguos volúmenes que nadie sin permiso podía ojear, atesorados en esa zona restringida de la biblioteca. Con esa penumbra, la verdad que estaba quedando todo muy de Poe. Sólo faltaba algún cuervo parlante o un suelo que latiese.
La infantil canción volvió a sonar, al fondo.
 Su intensidad aumentó en pocos segundos, haciendo temblar a la otrora valiente Mila, que no pudo hacer más que salir corriendo en dirección contraria al inquietante sonido.
 Siguió huyendo, aunque ya ni sabía de dónde provenía el “la saqué a paseo, se me constipó…”  que tanto la atemorizaba.
Chocó con la oscuridad. Sintió el grasiento calor de una persona contra sí. El eco reprodujo los gritos de ambos, que cayeron fruto del impacto. La linterna rodó, apuntando el cono de luz contra la cara del desconocido.
-Sólo quería darte una sorpresa- Dijo Hawk69, mientras los pétalos aun seguían cayendo.



X
Verónica Martínez.

La sorpresa se dibujó en los ojos de Mila, cuando el filo de la navaja se clavó en su estómago.
 Ahora yacía muerta al lado de Hawk69.
 Éste no podía dar crédito a lo sencillo que había sido el encargo. Meses atrás, todo eran impedimentos y dificultades para eliminar a esta chica, siempre rodeada de gente. Sin embargo, la suerte había estado de su lado aquel día, y el pedido estaba hecho.
Lo cierto es que lo sentía. Un poco. Después de seguir a Mila durante meses, le había cogido cariño, hasta incluso experimentar algo parecido al amor.
 Pero el trabajo es el trabajo.
 Aún así, pensó quedarse un recuerdo de ella. ¿Qué tal ese dedo en el que lucía aquel anillo tan espantoso, probablemente comprado en unos chinos?
En esas andaba, afanándose en cortar el dedo de Mila con la misma navaja con que la había matado, cuando Hawk69 oyó la suave voz que cantaba “tengo una muñeca vestida de azul”.
 Y cuando se dispuso a buscar el origen de aquella voz, ya  era demasiado tarde.
 Un cuchillo se hundió en su espalda, mientras su asesino le susurraba al oído:
 -Has sido muy malo. En esta biblioteca, el único que mata soy yo.


Final Alternativo I
Sergio Vera.

Días más tarde, un solitario ejemplar del Cuenca Times sobrevolaba, errático, un banco del Parque San Julián,  cuando una sombra  entrecana la atrapó poniendo fin a su caprichoso movimiento.
Masacre en la biblioteca de la ciudad del crimen, rezaba el titular que presidía la portada.
Los cuerpos de Milagros Vázquez, bibliotecaria en prácticas, María Elena Martínez,  Inspectora de Farmacia, y un varón joven todavía sin identificar, aparecieron sin vida la mañana del pasado sábado (…) Fuentes cercanas a la investigación aseguran que un aspirante a policía, cuyas huellas dactilares se encontraron en el arma del delito, es el principal sospechoso y sigue en situación de busca y captura.
Y el hombre, mayor pero vigoroso, no pudo evitar que una sonrisa de satisfacción le asomara a los labios, como tampoco mascullar entre dientes, aunque fuese sin puro   habano, la misma frase que  un televisivo tocayo suyo popularizó durante los ochenta:
-Me encanta que los planes salgan bien.
Y se marchó, canturreando de forma inconsciente la nana con que había aprendido a chapurrear español con el método de 1000 palabras del CCC.
Y es que, es bien sabido que no es de buena educación ausentarse con un huésped esperando, por mucho que hubiera hecho todo lo humanamente posible porque se sintiera tan cómodo como si estuviera en su propia casa.
 Al menos, todo lo cómodo que se puede estar cuando llevas días amordazado y atado de pies y manos  dentro de un armario secreto, se entiende.

XI

Guillermo Muñiz .




 Y Todo quedó en silencio. Ya no se oía ninguna canción. Sólo un sollozo, casi imperceptible. Y allí estaba él, con el cuchillo en la mano, pensando una y otra vez: ¿por qué, hijo de puta?, ¿por qué la has matado?, ¿qué te había hecho? Notaba cómo le caían las lágrimas por la cara, por esa cara de pánfilo que se le había quedado.
Alguien se acercaba despacio. Enfocó con la linterna, y vio tambalearse una figura patética que apenas se tenía en pie, con la cabeza ensangrentada y el horror reflejándose en sus ojos.
-¿Quién eres? ¿Qué has hecho?- a Tomé apenas le salía un hilo de voz.
-¿Qué hacías aquí? ¿También te la tirabas, como este cerdo?
No tenía fuerzas ni para discutir. Mejor sería responderle.
-No, no me la tiraba, ¡qué más quisiera! Vine para ayudarla. La quería, igual que tú, por lo que veo. Pero ella a mí no.
- Dime, ¿qué sabes? ¿Por qué lo ha hecho? ¿Qué tenía contra ella?
- Te juro que no tengo ni idea. ¿Y la otra chica? ¿Has sido tú? ¿Dónde la has llevado?
-Ainhoa. Ainhoa de las Heras Gaudioso, otra hija de puta, cómo puede haber tantos. Iba a dejarla sin trabajo al acabar la beca, ¿sabes? Mila era mucho mejor, ella lo sabía, no lo soportaba. Su sonrisa, enorme, aplastante. Igual creía, la muy imbécil, que yo se lo iba a permitir.
- Por favor, ayúdame a salir de aquí. Podemos aclarar esto juntos.
- Podemos, podríamos, habríamos podido. Quién sabe. No. Me caes bien, chaval…pero tú no vas a aclarar nada.



XII
José Rubio.

No le costó mucho esfuerzo hundir su cuchillo ensangrentado en el pecho del debilitado Tomé. Dejar testigos era un lujo que no podía permitirse.
Antes de marcharse, tras ocultar las pruebas que pudieran relacionarlo con los crímenes, dirigió una última mirada llena de rabia y ternura a Mila.
 ¿cómo había podido ocurrir aquello? llevaba algo más de tres años vigilándola, cumpliendo estrictamente todas las órdenes de sus superiores, había sido su ángel de la guarda 24 horas al día, siempre desde el más estricto anonimato, velando porque tuviera una vida cómoda, rutinaria y solitaria, muy solitaria, quizá demasiado solitaria… se había ido deshaciendo uno a uno de los muchos pretendientes que habían amenazado con conquistar el corazón de Mila, ¿pero cómo sospechar que la joven y atractiva bibliotecaria fuera a acceder a citarse con el friky de Hawk69? ¿Quién iba a pensar que el cibernauta quisiera asesinarla?
Había sido un error imperdonable, pero no había tiempo para lamentos, ya estaba amaneciendo, y ahora debía darse prisa en salir del espantoso lugar en que se había convertido la siempre apacible Biblioteca Fermín Caballero. Estaba claro que alguien ajeno a su organización había descubierto que Mila albergaba en su pequeño apartamento, sin ni siquiera imaginar su verdadera importancia, esa exótica figurita que había conseguido hacía algo más de tres años en aquel maravilloso viaje a Túnez, esa extraña figurita que sin ella saberlo había cambiado su vida por completo, hasta tal punto, que había sido la causante de su triste final….