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martes, 22 de agosto de 2017

La novela negra española más potente del 2017


 
Por Sergio Vera Valencia



    Cuando coincido con otros lectores compulsivos de género negro, hay una pregunta que suele repetirse como un mantra: ¿Qué es lo mejor que has leído últimamente?


Y más en Gijón, que supone el paso de ecuador del año antes del aluvión de novedades otoñales.

Normalmente, la respuesta suele ser: poca cosa, el año va flojo (y supongo que, o bien todos lo van, o bien como cada vez se publica más, cada vez es más difícil separar el grano de la paja).

Generalmente, solo un par de títulos pasan la criba. Y así fue en la última Semana Negra, donde había un título que se repetía como las lentejas. Un libro que me recomendaron libreros, autores y fanáticos. Se llamaba Ya no quedan junglas a donde regresar. La ópera prima del periodista de investigación y editor de novela negra Carlos Augusto Casas (Madrid, 1971), que ha resultado merecedora del VI premio Wilkie Collins.

Pero, todavía no sé muy bien por qué, no la compré.

Sin embargo, al poco de volver a Cuenca, me escribió Claudio Cerdán – que nunca antes me había recomendado un libro, dicho sea de paso- diciendo que tenía que leer una novela.

 La misma novela.

Así que dejé de hacerme el duro, y  se la encargué a Miguel Ángel Díaz Ortega, el amo y señor de la librería Somn Negra (que se pilló vacaciones de su otro trabajo para montar el tenderete en Gijón, y fue el primero que me habló de ella).

 Y cuando finalmente la leí, en apenas un día, tuve que rendirme ante la evidencia. Ya no quedan junglas a donde regresar es la novela negra española más potente que he leído este año.

Y en mucho tiempo.

Cuenta la historia de «El Gentleman». Un viudo de setenta y dos años, que solo se siente vivo una hora a la semana. Los jueves, cuando previo pago, pasa sesenta minutos con Olga, una prostituta de la calle Montera.

No pienses mal. El gentleman no es de esos. De hecho, es el único de los ancianos que vegetan por los bares de la zona, que no está allí por el sexo. Lo que realmente le gusta al gentleman es hablar con Olga. Imaginar que, por una hora, no son una puta extranjera y un viejo triste, solitario y final.

Pero un día, después de pasar la noche con cuatro abogados, Olga aparece muerta. Y como nadie está dispuesto a impartir justicia, el gentleman decide tomársela por su mano.

Aunque a su edad, no será fácil. Y menos, tratándose de abogados con vínculos con la mafia.

 Y por si fuera poco, Cuando el viejo empiece a sembrar el foro de cadáveres, la inspectora Iborra y Herodes irán  tras sus pasos.

 Aunque la inspectora Iborra no está para muchos trotes. Todo el día tomando caramelos de menta para disimular que se bebe hasta el agua de los floreros, en un intento por olvidar el abandono de su marido, al que, no obstante, no puede evitar dejar mensajes en el buzón de voz.

Y el asesino profesional conocido como Herodes, tampoco pasa por su mejor momento. Después de un trabajo en Italia, que le ha dejado tocado y casi hundido, quiere cambiar de oficio. Dejar de fingir que lleva una vida normal junto a una preciosa madre soltera y su hijo, para vivirla realmente.

Estas son las tres líneas argumentales de esta vigorosa novela que conjuga lo mejor del pulp americano y de los clásicos españoles. Una obra tan tarantiniana como castiza, con una trama salvajemente compleja como la del mejor Andreu Martín, unos antihéroes sentimentales como los que pueblan las calles de González Ledesma, ambientes cutres y marginales como los de Julián Ibáñez y un hijoputesco humor digno del mismísimo Pérez Merinero.

Y todo esto y mucho más, en menos de 200 páginas.

200 páginas sin tregua, gracias a su continuo y magistral uso del cambio de escenario. Una auténtica montaña rusa de acción, emoción, violencia y sarcasmo. Escenas cuidadas como microrrelatos, que dejan al lector hipnotizado ante la capacidad casi ilimitada del madrileño para putear a sus personajes una y otra vez, poniéndoles trabas y más trabas, y consiguiendo que salgan ingeniosamente airosos.

Una novela que no podrás parar de leer, pero que no querrás que se acabe.

Un libro que, desde ya es un firme candidato a mejor primera novela negra del año, y a todos los premios del 2017.

Eso sí, cuando llegues a su redondo desenlace, prepárate. Prepárate, porque las próximas novelas negras que leas, te parecerán papel higiénico.

Porque ya no quedan junglas a donde regresar, ni novelas como esta.

 

 

 

5 comentarios:

Aurelia Martin Mayordomo dijo...

Sergio me gusta tu reseña y me ha entrado el gusanillo de la curiosidad en el cuerpo. así que espero impaciente el nuevo curso y que sea uno de los libros escogidos para leer.

cristina asensio dijo...

Genial, estoy deseando leerla pues tiene una pinta buenísima. Lo único negativo es que sea tan corta, según lo cuentas me voy a quedar con ganas de más.

Firestarter qnk dijo...

Qué reseña.
A por él.
Y con este puedo fijo.

Miguel Esparcia dijo...

Pinta bien, sí señor

Anónimo dijo...

Lo de menos: el argumento, lleno de tópicos, o mejor, lleno de guiños a los topicazos del género.
Hasta la pretendida originalidad del atípico protagonista resulta tópica. Pero yo creo que todo es deliberado.
Lo de más: el estilo, directo, sin circunloquios, contundente.
Y el humor, negro por supuesto, con tanta influencia que muy bien os ha comentado Masa
Se lee en un momento, engancha, interesa y divierte.
Ya estáis tardando...
Tito W