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miércoles, 12 de noviembre de 2014

ADIOS, PAPÁ




Manolo Polo 
(Alba negral VI)


La familia tiene ventajas, pero los padres son, seguramente, la carga más pesada a soportar, y de la pareja, la mitad peor es la hembra.
No tengo ni tendré madre de mis hijos, ni hermana, la única mujer molesta es mamá, que no es mujer, ni hembra, sino una gobernanta vieja que tiende a convertirse en una enfermedad crónica. Ella siempre me incordió con lavoteos y carantoñas, imponiendo silencio y quietud, embuchándome porquerías y obligándome a ir a misa, rezar mil rosarios e incluso tragarme la primera comunión. No tiene perdón. Pero primero sobra mi supuesto padre, su marido, ese bulto, el “sicariño”, su aliado. De esta semana no pasa. Anuncian buen tiempo, luego podré aprovechar el permiso por defunción para disfrutarlo.  
*
No quería morirse el pelmazo, me costó más de lo previsto. ¿Qué apego lo retenía? No le imagino oportunidad ninguna de placer con el trabajo, casa, mujer o hijo que soportaba. Callado y lento como tortuga, vegetaba releyendo sus libros viejos de poesía. De poesía, tío, y los leía y releía el degenerado. Murió abrazado a uno de ellos como a tabla de salvación.  
Domingo. Mamá en la iglesia impartiendo catequesis. Papá, tumbado en el sofá con su tocho de rimas en la mano, se cubre con una manta, enciende su cigarrillo semanal, y a las tres caladas empieza a dar cabezadas de sueño. Me vino la inspiración imaginando que el seguro de incendios nos pagaría suficiente para reponer tresillo, televisión y cortinas mejores que las que teníamos. Y así fue.
-Acudí al olor del humo -dije a la policía-, me embocé con un pañuelo empapado en agua y pude sacarlo vivo, o casi, sin apenas quemaduras. Yo casi no sufrí, aunque tuve que aguantar un poco la respiración. El humo me molestó en los ojos y poco más, pero él tragó bastante y con su asma no pudo superarlo. Murió boqueando como pez fuera del agua.
Cuando llegaron los bomberos se portaron muy bien. Además de confirmar que estaba muerto, que tranquilidad para mí, y declarar una colilla como origen del incendio, a su paso destrozaron las puertas de las ventanas y todos los muebles de la habitación, incluidos libracos, y el seguro nos lo ha renovado todo. Amplié una foto de mi padre en sus juventudes, la enmarqué y ahora luce en la pared sobre el televisor nuevo, de pantalla plana por fin.
Me falta averiguar si mamá sigue rezando a dios y a los santos o  ahora  trapichea con papá. Yo le noto ahora más confiada y alegre en sus oraciones.

1 comentario:

AMELIA CARRILLO COBOLLO dijo...

Manolo, muy logrado tu relato. Creo que ganas en las narraciones cortas.