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sábado, 4 de abril de 2015

Crónicas de la Cuenca profunda


 

Para celebrar que un año más Cristo está de cuerpo presente, y contra todo pronóstico vivimos para contarlo, las Ahorcadas inauguramos  una nueva sección de sucesos ambientados en la ciudad del crimen, de la pluma de Aurelia Martín Mayordomo

 Y sin más,  ahora que sabéis que, esta vez sí, el culpable es la Mayordomo, os dejamos con la primera “Crónica de la Cuenca profunda”.

 

LA VIRGEN DEL CARMEN LLORA

 

            En septiembre de 1959, en Villalba de la Sierra, pueblo de la serranía conquense, hubo un acontecimiento que alborotó a todo el pueblo. La Virgen del Carmen lloraba en casa de Dña. Soledad, la practicanta y comadrona del pueblo.

            La noticia se extendió por montes y valles de toda Cuenca y su provincia.  De dicho acontecimiento daban fe personas de absoluto crédito y solvencia moral, que contaban: “las lágrimas se deslizan por las mejillas de la Señora todos los días, y no a la misma hora.

            El misterio de las lágrimas se repitió durante 22 días, desde el 18-9-1959 al 9-10-1.959. Durante esos días, el coche de línea de la empresa Rodríguez, duplicó sus servicios, con los coches llenos de gente que iban a contemplar el milagro.

            La iglesia, como siempre en estos casos, fue prudente y el párroco del pueblo D. Emilio, permaneció al margen.

            Pasados esos 22 días, la Virgen dejó de llorar.

  Al parecer, todo había sido un fraude perpetrado por la hija de Soledad, que trabajaba en la farmacia del pueblo.

            Y las gentes se preguntaban.

             ¿Ya no llora la Virgen?

            Y la respuesta era esta:

            NO, ahora quien llora es Rodríguez. 

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