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domingo, 22 de febrero de 2015

III Encuentro de Novela Criminal Las Casas Ahorcadas

Por Sergio Vera Valencia, seleccionador de la Roja, y  coordinador del club de novela criminal las Casas Ahorcadas.

Digan lo que digan algunos dinosaurios de la Academia que inexplicablemente escaparon al meteorito financiero, la novela criminal hace décadas que dejó de ser exclusivamente literatura popular, paraliteratura de entretenimiento.
 Pruebas de ello, las hay a patadas, pero una de las más  recientes y apabullantes, es que Patrick Modiano, el último Premio Nobel, no sólo haya coqueteado en repetidas ocasiones con el género, sino que incluso algunas de sus obras más insignes como Calle de las tiendas oscuras se ubiquen inequívocamente entre sus coordenadas.
Y le pese a quien le pese,  su creciente reputación crítica, lejos de suponer un lastre para su índice de ventas,  estas no han hecho más que dispararse, como corrobora el hecho de que la primera novela en hacer sombra al amo  Grey fuera “Perdida” de Gillian Flynn, o que las obras ganadoras de la última edición de dos premios españoles de tanta solera y celebridad como el Planeta o el Nadal también sean negro sobre negro.
Un éxito, que últimamente viene arropado por  un sin número de festivales sobre el género, que como setas negras, poco a poco, año a año, van brotando por los lugares más insospechados de nuestra geografía, lugares entre los que, como no podía ser de otra forma, se cuenta la ciudad del crimen.
Sin embargo, en general se trata de festivales para lectores de género, que salvo honrosas excepciones, sólo se preocupan por atraer lectores de género.
Y el encuentro de novela criminal las Casas Ahorcadas es una de ellas.
Así, apostando por una programación más atípica y descerebrada que tópica y sesuda, este modesto festival, que entre el 23 y el 26 de abril celebrará su tercera edición en el Palacio de la Diputación de Cuenca, desde el principio ha tratado de captar no sólo a los lectores de género, sino de formar lectores  de género, con mesas redondas, encuentros y conferencias para toda la familia y todas las familias, sean o no de la cosa nostra.
Y este año, aún más.
Porque este año, la Roja, la selección española del crimen, ha convocado más escritores que nunca.
Así, los más pequeños se lo pasarán pipa resolviendo misterios, al tiempo que descubren el placer de la lectura de la mano de autores tan reconocidos como Andreu Martín, creador de la ya clásica serie Flanagan, y Premio Nacional de Literatura Infantil 1989.
 Para los telectores, más aficionados a los crímenes de celuloide que de celulosa, habrá charlas sobre casos reales con policías con placa como Pere Cervantes o Rafael Melero, y sobre los detectives españoles en serie más conocidos : Plinio y Víctor Ros, de la mano de Carlos Bassas, guionista del documental sobre la productora de la serie del afamado investigador tomellosero, o Jerónimo Tristante, padre del célebre Sherlock Holmes español.
También hay hueco para lectores sin género de dudas ni etiquetas, con mesas redondas sobre temas tan variados como el pasado, presente y futuro del periodismo de sucesos, dictadura y novela criminal, novelas de barrio  o escritores con placa, con la presencia de algunos de los criminales literarios ibéricos más premiados y reconocidos en la actualidad, como Víctor del Árbol, premio Le point a la mejor novela negra europea 2012, Alexis Ravelo, premio Dashiel Hammett 2014, Rosa Rivas, premio Novelpol  2014, o Carlos Zanón, Premio pata negra 2014.
Sin olvidarnos, por supuesto, de los negritos más eruditos e incondicionales, que podrán consolidar sus enciclopédicos conocimientos sobre el género con la presentación de crimipedias como “La novela negra en el mundo” o “La novela negra española”, y se emocionarán con los sentidos homenajes que algunos de los discípulos más aventajados rendirán a los maestros Julián Ibáñez, Andreu Martín y Carlos Pérez Merinero, cuando se cumplen 35 años de las novelas iniciáticas de los primeros, y tres de la desaparición del último, guionista de Amantes.
Y esto es tan sólo un adelanto de lo que será el programa, porque como suele decirse, son todos los que están, pero no están todos los que son.

Más información, próximamente.

domingo, 15 de febrero de 2015

LAS NEGRITAS RECOMIENDAN....





Nunca Volverás, de Hans Koppel

Por Aurelia Martín Mayordomo.

Esta novela tiene un argumento muy atrayente. Ylva es secuestrada por sus nuevos vecinos un día al salir del trabajo, por lo que estará encerrada justo enfrente de su casa, en la que vivía con su marido y su hija.  Durante su secuestro cuyas raíces hay que buscar en su pasado, será sometida a numerosas vejaciones, abusos sexuales y todo tipo de maltrato físico y psicológico. La guinda la pone un monitor conectado a una cámara que enfoca las 24 horas del día aquel que fuera su hogar y a través del cual, Ylva ve día tras día como continúa la vida sin ella.
Es una novela que atrapa desde las primeras páginas.  La historia de una venganza sin límites en la que de forma paralela a la trama principal, se desarrollan otras que aun transcurriendo en el presente hunden sus raíces en el pasado común que sus personajes secundarios tienen con Ylva, directamente relacionados con la razón de su secuestro.
Un pasado y unos motivos para el crimen que en líneas generales conoceremos desde el principio, así  como evidentemente a los secuestradores.  Todos los datos los tenemos ahí, pero esto no le resta emoción a la lectura, ya que realmente lo importante en esta novela negra que no policíaca, no es la investigación criminal. De hecho, esta es  prácticamente inexistente, y los encargados del caso se nos presentan como unos policías chulos e ineptos y con pocas ganas de descubrirlo.
No es la investigación lo más interesante de esta novela, sino el análisis de los estados de ánimo por los que pasa la persona a la que han privado de libertad y por otro lado como vive su familia sin ella. Cada capítulo comienza con la descripción de esos estados.  Por ejemplo el primero  de ellos trata sobre traslado, aislamiento social y el último sobre perdida de la perspectiva de futuro. Lo que hace que sea una novela muy interesante.






Un millón de gotas, de Víctor del Árbol
Por la negrita invisible

¿Cómo puede cambiar a un hombre una experiencia bestial? ¿Cambia o aflora lo que llevamos dentro? ¿Qué hay detrás de un héroe? ¿Cuánto somos capaces de amar y perder en el intento? ¿Qué cosas se pueden hacer por defender unos ideales o las propias necesidades? ¿Qué estamos dispuestos a perdonar y qué nunca perdonaríamos? ¿Somos quien vemos reflejado en el espejo o somos aquello  que los demás ven? ¿Somos más crueles con nosotros mismos, con aquellos que más nos quieren o con aquellos que se cruzan en  nuestra vida por casualidad?
Estas son algunas de las preguntas que nos hacemos, mientras nos sumergimos en una historia a caballo entre dos épocas: Los años 30, entre guerras mundiales y la civil española, y, una mucho más próxima, a principios de nuestro siglo.

Personajes que nos narran vivencias e historia, y el nexo, mas allá de la sangre, entre ellas. Sangre de la que corre por las venas y sangre de la que mancha toda Europa en unos años convulsos.


Víctor del Árbol nos mete entre estos personajes para que con ellos vivamos, sintamos, lloremos y juzguemos que hay detrás de cada persona, de cada acto y lo poco que podemos conocer de la naturaleza humana, incluso de nosotros mismos.

lunes, 9 de febrero de 2015

No hay frío grande para la Rosa negra


Por Sergio Vera Valencia
Fotografías de Javier Manzano.



Cuanto más leo, menos me gustan las novelas históricas.
 Verdaderos ladrillos de papel, que si no tienen más de quinientas páginas parece que no llegan a imprenta, cuando a mi juicio debería ser al contrario.
Por eso, hasta que “Don de lenguas” no se coló en todas las listas de premios de novela negra el año pasado, no me interesé por esta apasionante recreación de la Barcelona criminal de los 50.
Eso sí, una vez paladeé con gusto mis prejuicios (reconocer los errores no es sólo de sabios, yo también lo hago) que su autora, la barcelonesa Rosa Ribas, pasara por las Ahorcadas este año se convirtió en objetivo prioritario durante la pasada Semana Negra de Gijón, a la que acudía a presentar “El gran frío”, segunda entrega de la serie protagonizada por la periodista Ana Martí y la filóloga Beatriz Noguer.


¿El problema? Que Rosa vive en Francfort. Y que hoy por hoy,  y contra toda lógica, Fráncfort sigue sin puente aéreo con la ciudad del crimen.
Pero como el “no” ya lo tenía, antes de ir a Gijón me preparé a conciencia: adquirí casi todas sus novelas, preparé una camiseta del club para regalarle, pedí a amigos comunes que mediaran entre nosotros…. hasta que la conocí, y de nuevo, se me cayeron los esquemas.
 Porque a pesar de los sopecientos kilómetros que nos separaban, desde el momento cero se mostró deseosa por venir, voluntariosa a más no poder.
Así que, terminado el festival asturiano a mediados de julio, poco a poco, correo a correo, fuimos cuadrando fechas para aprovechar alguna de sus breves estancias en la ciudad condal, a fin de que pasara por las Ahorcadas.
 Por fin, a mediados de Octubre, acordamos que la presentación tendría lugar el 6 de febrero.
La semana del gran frío.
Tanto, que la víspera de su llegada, Cuenca amaneció alpina, más nevada que el pueblo donde Rosa ambienta su novela.
Y como además tenía pensado venir en coche con sus padres, nos temimos lo peor.
No contábamos con que Rosa es mujer de palabra, además de letras.
Ni con su padre-agente-chófer, que  haciendo de su capa un sayo y de su coche un todoterreno, se cruzó media España para traernos a su hija, pasar día y poco con nosotros, y salir el sábado de madrugada para la clausura de Barcelona Negra.
Un intenso día y pico, repleto de sorpresas sorpresas, que culminó con un abarrotado salón de actos y una memorable presentación de la que mejor no diremos nada.
Sólo, que se inició con la provocadora pregunta: ¿Qué tienen las salchichas de Fráncfort que no tengan las butifarras catalanas?


Que al más puro estilo hormiguero, Rosa tuvo que demostrar su “Don de lenguas” analizando al autor de algunos delirantes correos reales.
Y que, gracias al amigo periodista Javier Manzano, tenéis el audio completo a vuestra disposición, amén de las fotos que acompañan  estas líneas.
Y es que, tras horas de conversaciones bajo y sobre la nieve, el hielo estaba más que roto, en mil pedazos.
Porque digan lo que digan los documentales de la 2, no hay frío grande para la Rosa negra.
Ni Premio que se le resista a su Don de lenguas.
¿Lo hará nuestro Tormo Negro?
Todavía falta casi medio curso para saberlo.
Pero desde ya, autora y obra se merecen eso, y mucho más.
Por de pronto, Rosa ha sido invitada al III Congreso de novela criminal las Casas Ahorcadas, que se celebrará entre el 23 y el 26 de abril en la Diputación.


Y de momento, hasta aquí puedo escribir, hasta aquí podéis leer.

Pronto, muy pronto, el programa completo. 

Audio encuentro Rosa Ribas

domingo, 1 de febrero de 2015

DESDE PRUSIA POR AMOR





Comienza la cuenta atrás para el esperado encuentro con Rosa Ribas. Filóloga, escritora, y encanto de persona, nacida en Barcelona pero afincada  en Fráncfort desde hace décadas.
Una autora, que después de debutar con “El pintor de Flandes”, se ha volcado en la literatura de género, donde ha logrado hacerse un nombre gracias a obras como “La detective miope”, la trilogía protagonizada por la comisaria hispanogermana Cornelia Weber Tejedor, y muy especialmente por el gran éxito de crítica y ventas obtenido por la serie de Ana Martí, cuya primera entrega, “Don de lenguas”,  resultó co-ganadora del premio Novelpol y mención especial del Hammett 2014.
Una arrebatadora novela negra de esas que cuesta soltar, magistralmente ambientada en la Barcelona gris de los 50, protagonizada por dos investigadoras ciertamente  atípicas y carismáticas, una periodista de sociedad y una experta en lingüística, que tratarán de resolver un intrincado crimen en una ciudad condal tan pueblerina y poco condal que nada tiene que ver con la de Pepe Carvalho.
 Un auténtico novelón, que Rosa viene a presentarnos desde Prusia y por amor al arte, que nadie en la ciudad del crimen debería perderse.

 Así que, ya sabéis, ¡pasaos por aquí y pasadlo por ahí! 

miércoles, 28 de enero de 2015

A Pamplonoir hemos de volver




Justo antes de que nos dieran las uvas de 2014, dijimos que la invitación a Pamplona Negra fue una de las mayores alegrías de un año con más bien pocas alegrías. Que después de tanto tiempo trabajando como un negro por promocionar el género ídem alguien que te conoce sólo por tu labor (y no por tu belleza, como suele ocurrirme) apueste por ti, y más alguien tan capaz como Carlos Bassas,  fue el mejor regalo de Navidad para mi autoestima.
De hecho, estaba tan ilusionado, que la víspera de nuestra partida,  apenas pude pegar ojo de alegría.  Algo que  tampoco me había pasado nunca.
En la puta vida
 En fin, que aunque para llegar sanos y salvos a Pamplona Negra tuvimos que cruzar España y media , blanca y nevada, de autovía en autopista,  driblando carreteras congeladas y puertos con vocación de callejón sin salida, nos chupamos las siete horas de coche felices como perdices.
Pero por mucha ilusión que tuviéramos, ni en nuestros mejores y más tórridos sueños habríamos hecho justicia a Pamplona Negra.

Ahí van cinco razones por las que, sea como sea, a Pamplonoir hemos de volver:

1. -Por los amigos: Sin duda, este fue el primer motivo de que tuviéramos más ganas de recorrer las calles de Pamplona que un Miura en San Fermín. Porque, ¿quién puede resistirse a compartir mesas redondas y cuadradas con Jon Touré, Naranjito del Árbol, Pollito Ravelo, Yonqui Escribano, Javier Fiatlux o Marta Leersinprisa? Por no hablar de reencontrarnos con Juan Ramón Biedma, mi padrino, al que llevaba dos largos años sin ver, y cuya próxima novela espero con verdadera fruición.




2. - Por los actos: durante las dos intensas tardes de festival que tuvimos oportunidad de disfrutar, la calidad fue altísima. De acuerdo, la mayoría de invitados eran sospechosos habituales de las Ahorcadas, pero hubo dos actos que nos dejaron a todos fuera de combate: el crimen a escena y la charla de Michel Gaztambide. Porque escuchar a la jueza de instrucción estrella de Navarra desgranar con pelos y señales judiciales, un caso real de memoria y con más detalle que el sumario como si fuera una partida de Cluedo, dejó a propios y extraños con tres palmos de narices. Tres que al día siguiente se quedaron cortos, cuando Michel Gaztambide, el guionista de la caja 507 tomó el micro, y explicó el fascinante proceso de gestación de la película, y sus múltiples niveles de lectura. Y aún mejor, porque fue  de lo mejor de Pamplona, vino después, cuando el azar quiso que nos tocase cenar enfrente de Michel y su mujer, una de esas cosas que hacen que des crédito al célebre eslogan de la tarjeta, porque hay cosas que no tienen precio. Y para rematar, cuando ya creíamos que estaba todo el pescado vendido, ¡Bang! Bassas se saca de la manga un asesinato de clausura que supuso un espectacular chupinazo para cerrar el  evento por todo lo alto.


3. - Por el público: sí, habéis leído bien, por el público. Da gusto y envidia sana ver un auditorio  con sus casi 450 butacas rebosando humanidad e interés, preguntando sin parar. Algo que, después de años recorriendo y organizando eventos literarios, hacen que te den ganas de quitarte no ya el sombrero, sino hasta los gayumbos ante los navarros. Porque por muy atractivos que sean los actos que organices, nada, absolutamente nada, asegura que sólo vayan a verlo los de siempre.  Por eso, es triste reconocerlo, pero aunque Cuenca lleve la fama, de momento, Pamplona carda la lana del crimen patrio.



4. - Por la organización: si en algo somos expertos en las Ahorcadas es en buena gente y buen trato.  Pues la organización de Pamplona Negra no se quedó a la zaga. Los juntaletras locales, los Carlos Erice, Aitor Iragi, y Alejandro Pedregosa no sólo nos acogieron como si nos conocieran de toda la vida, sino que incluso se pringaron literalmente, haciendo de cocineros, camareros, pinches, guías…. Chapeau, amigos.



5. - Carlos Bassas: Y por último y más importante, no sólo porque es el cerebro y alma máter de todo lo anterior, sino también su máximo exponente, está Carlos Bassas, el escritor samurái con el don de la ubicuidad, que tan pronto se ocupaba de llevar y traer autores (¡y eso que no tiene coche!), como de moderar mesas, animar sobremesas, contar chistes, sacar sorpresas de la chistera , guiarnos por la ciudad, improvisar tesis sobre Hemingway (esa fue la excusa que puso, que estaba haciendo una investigación sobre el americano, para que nos enseñaran su habitación). Un tipo genial, que con esta Pamplona Negra me ha dado una lección magistral sobre eventos culturales. El mejor acicate para volver, para aprender, para esforzarse aún más porque ahora, el listón está aún más alto.




Y me gusta.


Gracias, senshei, gracias por todo.

sábado, 17 de enero de 2015

LA SUPERIORIDAD (Alba Negral VII)
Por Manolo Polo

Nuestra oficina es grande, según los ejecutivos, espaciosa. El domicilio de la Empresa nunca cambió. Al inicial cuarto dividido mediante mamparas que fue el despacho de nuestro Fundador don Onofre, con ventanal a la calle, y un antedespacho donde trajinaba la señorita Inmaculada (archivo, almacén de muestras, secretaría y sala de espera), se le fueron añadiendo cuartos limítrofes hasta ocupar toda la planta del edificio. Doscientos metros cuadrados, ahora parte noble en su calidad de germen. Allí ostentan su majestuosidad los despachos del Presidente y del Gerente, hijos del fundador. Todos los demás bregamos en el moderno edificio anejo construido en la finca colindante comunicada con el antiguo caserón.
La discreción es norma acá, la virtud más preciada la invisibilidad, el mayor premio el anonimato. Aquí puedes entrar como el Cid Campeador, más tres carreras universitarias, dominando cinco idiomas, orlado con una docena de masters y no salir de don Nadie hasta que el personal olvide tu nombre y apellidos y seas conocido por el cargo que desempeñes. ¡Qué trabajo se toma la superioridad para pasar desapercibida! Aquí tu elegancia se mide por la dificultad de describir tu indumentaria y modales, tan sencilla ha de ser; has de mostrarte semejante a los Onofres pero diferente sin la menor estridencia. La sabiduría y la experiencia de la autoridad establecida no se achica ante los títulos universitarios ni reconocimientos foráneos.
Con estos pelos albinos sobre el poste curvado de mi silueta soy como un faro que pregona singularidad. Aunque poseyera conocimientos sobrados, inteligencia eminente, ambición de poder y el vicio del trabajo, aquí siempre sería un don Nadie, una nota discordante. Si la media docena de discretos mandamases no fueran protegidos en la misma medida que adulados, reverenciados y adorados por toda una clientela de súbditos, le daría yo para el pelo a más de uno. Tiempo al tiempo.

El primero SOR PRUDENCIA

Al Director de Transportes, responsable de la recogida de suministros de proveedores y  de la entrega a clientes, persona anónima como es de rigor en esta casa, lo nombrábamos Araceli y yo como Sor Prudencia por lo ordenado, meticuloso y esmerado en todos sus actos. Un pelín exagerado. Como zurdo, exigía a la izquierda el ratón del ordenador y el precioso vaso de cristal de Murano repleto de lápices, bolígrafos y rotuladores; el teléfono a la derecha. Dado que él y su secretaria Guadalupe, gente importante, entraban un cuarto de hora después que la plebe (y salían media hora antes), teníamos margen para gastarles bromas. Bastaba cambiar un elemento de izquierda a la derecha para alterarlos media mañana. Las pobres señoras de la limpieza pagaban el pato. Para eso está la plebe.
Guadalupe, cincuentona, que también gustaba jugar a médicos, era muy fea, tímida y vestía como una monja seglar, pero cuello abajo ocultaba un cuerpazo prieto, cálido y de piel sedosa. Los preámbulos convenían arrimados para no verle la jeta, solía morderle las orejas por ello, y ponerla mirando a Cuenca para acabar la faena o arriesgarse a un susto de muerte cuando se ponía a gemir y hacer muecas de gusto. Siempre de pie y rapidito. Daba buenas propinas.

Un día, enterado por ella de que su jefe viajaría de jueves a lunes, decidimos Araceli y yo pasar  a mayores. Entramos en el cuarto de aseo privado de Sor Prudencia y pusimos apaisado el espacioso espejo rectangular que colgaba vertical sobre el lavabo. Sólo eso. Cuando a primera hora del lunes el Director Gerente requirió la presencia de Sor Prudencia en su despacho para comentar las incidencias del viaje, este se miró antes en el espejo para asegurarse de la discreción de su imagen y su apariencia entre invisible y transparente. ¡Qué sofoco cuando se contempló en aquel reflejo dilatado! Su delgada figura apenas si era una ranura en medio de la inmensidad de la panorámica, en un espacio ampliado hasta la desmesura su presencia apenas si era una casi invisible línea divisoria. Desafinado el equilibrio, se le trastocaron las proporciones, se le difuminaron sus propios límites y con ellos se evaporaron la autoestima, el orden, la tradición y la lealtad inquebrantable. Pero no pudo aplazar la rendición de cuentas. Frenético y desasosegado, su informe verbal fue tan desastroso, tan descabalado, tan ridículo, que irritó al Gerente. Sor Prudencia cayó enfermo de los nervios y estuvo más de seis meses de baja. Demasiado tiempo. Perdió el puesto. Nos dejó. Hoy regenta el más pulido kiosco de la ciudad. Da gloria contemplar la distribución impecable de tanto artículo renovable. Yo lo visito de tarde en tarde y me fijo, siempre aprendo algo que aplicar en el archivo. Ahora se llama “señor Paco”.

sábado, 10 de enero de 2015

Hasta otro Viernes, Domingo.



 

 

Al principio, el único autor español que conocía era Lorenzo Silva. Es así, y supongo que es normal. Luego, Lorenzo me regaló a Pedro de Paz por Navidades  de 2008. Y  un estupendo artículo sobre Pedro y otras novelas negras ambientadas en la capital, a Tristante, Óscar Urra…. y reenganché al género.

Tanto,  que convencí a mi familia para ir a la Semana Negra de 2009.

Ya en Gijón, apadrinados por Pedro y el padre de Víctor Ros (estreno el lunes a las 10:30 en la primera) conocí a Salem, Biedma y un tal Domingo Villar, que había ido a presentar una antológica antología llamada “La lista negra: nuevos culpables del policial español”.

 Un gallego tímido y algo apocado, que me pasó bastante desapercibido… hasta que leí meses después sus novelas.

Desde entonces, siempre había querido hablar con él.

Y desde que las Ahorcadas abrieron sus puertas, comentar con él “La playa de los ahogados”.

Incluso, llegué a conseguir su correo gracias a un conocido común. Pero no sabía cómo abordarlo, sin que se diera cuenta de mi manía persecutoria.

Hasta que el año pasado, gracias al pollito Ravelo me enteré de que iría a Getafe Negro. Pero, cuando ya teníamos planificado un viaje Express entre semana sólo para conocerle, se cayó del cartel, y tuve que volver a callarme la boca.

Mi gozo in one pozo.

Y así llegamos a principios de curso. A las votaciones de los libros que leeríamos. A cuando la estupenda reseña de Amelia nos convenció de leer “La playa de los ahogados”.

A la semana siguiente, me enteré de que, esta vez sí, Domingo estaría en Getafe Negro….¡un miércoles! ¡Y nosotros no podíamos acudir hasta el viernes!

 Nada, que no había manera.

Así que pasé al plan M: cansinear a Manzano.

 Manzano, tío, tienes que leer a Domingo Villar. ¿Mola mucho, eh? Manzano, tío, tienes que entrevistar a Domingo Villar. ¿Cómo que no puedes?¡Pero si estará en Getafe Negro! Vaya, así que es un tipo de puta madre ¿eh?  ¿Y por qué no me lo presentas?  ¿Cómo, Que le has escrito pero no responde ¿ Bueno, es que son Navidades, ¿podrías escribirle otra vez?

Y así, pico y pala, pico y pala, hace diez días, me llegó un correo de Domingo. Un correo con el móvil de Domingo.

Y lo llamé.

Y aunque no nos conocíamos de nada (no debo ser tan guapo como dice mi abuela, porque no se acordaba de mí) nos pasamos casi una hora al teléfono, hablando de lo humano y lo divino.

Y aunque el 9 de enero tenía planes, los cambió sólo para poder comentar por videoconferencia “La playa de los ahogados” con nosotros.

¿Es o no es para hacerle un monumento?

 Pero claro, no contábamos con Murphy.

Con que , a pesar de que dos días antes todo funcionaba perfectamente, ayer la wifi se cayó, Facetime no conectaba, el micrófono tampoco rulaba….

Pero claro, Murphy no contaba con la familia Lara (que no es de este Planeta, ni existe premio que les haga justicia).

Con que Pepe ayudaría a Domingo a instalar Skype, a hacerse una cuenta, a conectar la cámara, a conectar el audio por el móvil.

Y después de media hora de infarto, pudimos compartir una hora larga tranquilamente con Domingo. Una hora larga, en la que tuvimos el placer inmenso de charlar con uno de los autores españoles más exitosos   y más humildes,  de comentar las tramas más complejas con las palabras más sencillas, de hablar largo y tendido sobre Galicia pero sin galleguismos.

Un encuentro virtual pero tremendamente humano, tan cercano que no parecía a distancia.

Y así, gracias a Amelia, Manzano, los Lara y sobre todo, Domingo Villar, finalmente  un lustro después mi deseo se hizo realidad.

 Muchas gracias a todos.

Especialmente a ti, Domingo.

 Esperemos que termines pronto tus “Cruces de piedra”, para compartir contigo otro viernes igual de humano, pero menos virtual.

 Y quién sabe, visto el éxito, a lo mejor para cuando vengas hasta te hemos hecho un monumento.

 Un Tormo Negro.