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martes, 7 de octubre de 2014

Presentación de Yonqui



Ahora que Adolfo Suárez ha pasado a mejor vida, y el rey a la mejor imposible, me he percatado de que muchos de los nacidos en democracia sabemos más, bastante más, de Felipe II que de González, del Tratado de Utrech que de los pactos de la Moncloa, y de la España grecorromana que de las calles de nuestros padres, si me permitís el tributo al maestro Ledesma.
 No sé si porque se trata de historia demasiado reciente para los libros de Historia, o porque la LOGSE es tan mala como dicen los que tripitieron 8º de EGB, pero me temo que así es.
Sea como fuere, ya se sabe que la Historia nunca la escriben los perdedores, y menos el “Yonqui” de Canillejas al que cede la palabra Paco Gómez Escribano en su última novela, donde retrata desde dentro dos de las mayores lacras de la Transición: la drogadicción y la delincuencia juvenil.
Nuestro cicerone por el infierno de la jeringa será un quinqui conocido como el Botas, pero que pasa tanto tiempo entre el caballo y el mono, que deberían haberle apodado Calzaslargas. Un antiheroinómano de padre muerto por cirrosis, hermano capút de hepatitis, hermana hippy missing, madre alcoholizada y novia fulana.
Y claro, con semejante percal, este perro callejero opta por huir hacia adelante: esnifando para encontrar razones para respirar, chutándose para no hacerse mala sangre, fumando petas para olvidar que no hay nada para llevarse a la boca, metiéndose rayas para no rayarse, robando y trapicheando para pagar los vicios, todo el tiempo con la pasma en el retrovisor de coches mangados,  Leño en el radiocasette y speed en las venas,  viviendo al día, y muriendo colegas todos los días.
Porque las pagaran o no, las drogas siempre pasan factura.
Así es la vida del Botas, y así nos la cuenta: con su lenguaje, con su argot. Con sus bugas y sus kelis, sus pipas y sus notas, logrando tal naturalidad y verosimilitud  que el resultado es más literario que si lo firmase un académico de la lengua. Porque un licenciado de la calle con más horas de comisaría que de escuela, no escribe, transcribe, habla. Así es, y así debe ser.
Con este, su primer “Thriller quinqui”, como el autor gusta en llamarlo, Paco Gómez Escribano se destapa no sólo como un escritor de raza, sino también como un avezado lector de género, que se aleja de los clásicos del hard-boiled, de los Chandlers y los Hammetts, para adentrarse en el lado más marginal del crimen literario, erigiéndose en uno de los escasos hijos putativos ibéricos de Edward Bunker y George V. Higgins, en un apasionante y veraz cronista de nuestros bajos fondos.
Porque estamos ante una obra con el ritmo de un pasapáginas y la carga crítica de una novela social, escrita con la autenticidad del que ha vivido lo que cuenta, y el pulso de un juntaletras que conoce bien su oficio.
Tan adictiva que cuando termines, tendrás síndrome de abstinencia.
Si quieres probar la mercancía, pásate por aquí este fin de semana, que al primer chute invitan las Casas.


Atrévete, y seguro que el 17 vendrás por más.

domingo, 2 de marzo de 2014

Con Franco esto no pasaba: la primera generación pata negra.

Por Sergio Vera Valencia, coordinador del club de novela criminal las Casas Ahorcadas (casasahorcadas.blogspot.com)

Sergio con Andreu Martin

Como mencionamos en la primera entrega de este breve repaso a la historia de la novela criminal española, durante el franquismo  fueron contados los autores patrios que se atrevieron a abordar el género con pretensiones verdaderamente testimoniales y literarias,  aunque las traducciones y los pastiches causasen furor en los kioscos del país.
Sin embargo, el  inesperado éxito cosechado por los primeros escarceos bibliocriminales de Pepe Carvalho en las postrimerías del franquismo pusieron de relieve como el género negro hacía posible lo imposible: conjugar calidad y ventas, compromiso sociopolítico y entretenimiento, alta y baja literatura.


        Juan Madrid                          Eduardo Mendoza      

                       Francisco González Ledesma    Jorge Martínez Reverte

No obstante, muchos parecen olvidar que Eduardo Mendoza jugó un papel igual de  importante que Montalbán en la redención criminal ibérica. No en vano, “La verdad sobre el caso Savolta” (1975) supuso el exilio de la experimentación técnica tan en boga durante el tardofranquismo y el retorno de la narración tradicional, constituyendo un hito fundamental dentro de la historia de la Literatura española en general, y la de género en particular. Por si ello fuera poco, un ya consagrado Mendoza terminó de desterrar los prejuicios  académicos hacia el negro, cuando echó mano de un anónimo detective con camisa de fuerza para satirizar la España de las últimas décadas, en novelas tan hilarantes como “El laberinto de las aceitunas” (1982) o “La gran aventura del tocador de señoras” (2001).
Por todo ello, no es de extrañar que a finales de los 70 y principios de los 80 surja la primera generación de patas negra. Un primer boom noir que tendrá su epicentro en las dos grandes urbes:
Madrid, gracias a la pluma de  dos periodistas que, ante la censura mediática que incluso en democracia imperaba en los periódicos, emplearon la ficción para hacer una crónica fiel de la Transición  en el Foro. Así, Jorge Martínez Reverte parió al periodista Gálvez, y Juan Madrid al antiguo policía Toni Romano, personajes cuyas desventuras llegan hasta nuestros días, pero que alcanzaron especial éxito y notoriedad a finales de los 70.
Pero sobre todo Barcelona, donde a Montalbán y Mendoza, no tardaron en  sumarse dos capos del crimen ibérico: Francisco González Ledesma y Andreu Martín. Un Ledesma que, tras 400 novelas de kiosco, dio a luz al inolvidable inspector Méndez, que en 1984 se alzó con el Planeta, y un Martín que sin duda es el autor más prolífico y todoterreno, habiendo perpetrado más de medio centenar de crímenes de todos los estilos y para todas las edades.
Mas, estos autores sólo son la punta del iceberg, porque la fecundidad creativa vino arropada por la editorial y, como suele decirse,  son todos los que están, pero no están todos los que son.

En suma, que la novela negra dio voz a una primera generación de criminales con voto, y grandes títulos a la de lectores, sentando las bases para la Roja, próximamente en este Centro de Interés.

 Títulos:

  • Juan Madrid: Huida al Sur, Adiós princesa y Hotel paraíso.
  • Eduardo Mendoza: El laberinto de las aceitunas, La aventura del tocador de señoras y La verdad sobre el caso Savolta
  • Andreu Martín: El blues de la Semana más negra, no pidas sardina fuera de temporada, la noche que Wendy aprendió a volar.
  • Francisco González Ledesma: Cinco mujeres y media  e Historia de mis calles.
  • Jorge Martínez Reverte: Gudari Gálvez.

domingo, 5 de enero de 2014

Las Ahorcadas reciben al “Enviado” de Álamo



¿Qué tienen en común un mercader de un futuro de pesadilla, y  las pesadillas de una administrativa sin futuro?
¿Un despiadado publicista de doble vida y un despiojado camarero que va por la segunda?
¿Un angelito al que las visitas nocturnas de su tío quitan el sueño y un tío hecho y de derecho que cree que un ángel vela porque los suyos se cumplan?
¿Una partida de póker de barrio y las deidades que evitan que no nos vayamos todos al otro?


Un enviado
Un libro.
Un originalísimo libro de relatos magistralmente escrito y maquiavélica, milimétricamente pensado para desafiar al lector a  dejar de leer y a encajar los cuentos que componen esta fantástica novela fantástica urbana teñida de negro.
Así que ya sabes, si quieres descubrir un libro diferente y un autor inolvidable, déjate de cuentos, y pásate por aquí, pásalo por ahí.


Como adelanto, ahí va un microregalo de reyes.

WRITING OFF
Para Joe álamo, maestro desde la primera línea, hermano desde el primer abrozo.


En el principio fue la luz.
La luz de un bar, el lugar donde nacen las historias.
Pero parecía que en el desértico As de Picas”, sólo lo hacían las cucarachas.
Y por el gruñido con que me recibió su piojoso camarero, que más bien era el “rey de bastos”.
- Un trato, maestro. Un  bourbon por una historia- propuse.
- Si le contase la mía, pensaría que es un cuento, y que bautizaron al Jack Daniels  en mi honor. Puerta.
Soy un hombre perspicaz, sé pillar una indirecta.
Y a aquellas horas, incluso una puerta.
Iba a entrar al “Cafesito cubano”, cuando un ruido del callejón anexo me invitó a cambiar de idea.
 Un armario andante y una rata humana linchaban a un tipo que aún así no perdía el sombrero y la sonrisa.
-¡Por aquí, policía!- los espanté haciendo gestos a la nada. -¿Se encuentra bien, amigo?- añadí cuando dejamos de ser multitud.
-No sin un  trago- contestó con una sonrisa teñida de sangre.
 Sin embargo, no lucía ojos morados a juego, sino blancos como pescado.
Parecía que el sueño eterno apenas había sido una cabezadita para mi joker particular.
Con todo el dolor de mi corazón y alborozo de mi hígado, no tuve más remedio que  pasarle mi petaca de emergencia.
-Vaya, pensaba que los ángeles de la guarda seríais un poco más altos- se mofó, incorporándose para cogerla.
-Y yo, que las damiselas en apuros algo más guapas y agradecidas, señorita….
-Boggart- replicó con una carcajada.
- álamo, pero busco historias, no problemas. Un placer.
-Espera. Puedo contarte una de detectives reanimados desencantados con la no vida.
-¿La tuya?
-  De un amigo, si quieres publicarla.
- ¿qué tal Tom Z Stone?
-¿Por qué?
-Porque sería un gran epitafio- dije quitándome las lentillas y los iris.

viernes, 1 de noviembre de 2013

ENTRE PÁJAROS ANDA EL JUEGO




Por Sergio Vera Valencia
Coordinador del club de novela criminal las Casas Ahorcadas

¿Hay algo más raro que un canario montando en Ave? – me pregunto cuando llegamos a la estación para recoger al palmense Alexis Ravelo.
Mientras llega, aprovecharemos para rebobinar: es viernes, 25 de octubre, un sol de justicia se empeña en reírse del calendario y el hombre del tiempo, y el autor viene del festival Getafe Negro, para presentar “La estrategia del pequinés” (Alreves, 2013), una novela negra de perdedores que se ha ganado el favor del público, agotando su primera edición en apenas tres meses.
Hablando del gran canalla de las Palmas, ahí viene. Espera un segundo, que lo abrace. Y otro, para que pongamos al cachondo mirando para Cuenca,como hace él con sus personajes en la novela.


Hecho. Ahora, breve parada en boxes, y volando para la biblioteca, que llegamos tarde.
Bien, ya estamos en el salón de actos, y un pajarito me sopla que el aforo sobrepasa la treintena. No está mal, para una ciudad donde la historia de la Balompédica es un superventas, y su presentación, el acto más multitudinario de la feria del libro.
Cinco, diez minutos de cortesía, y empezamos.
 Comento brevemente su vida, obra y el milagro que es traer a un autor de tan lejos de la corte, en plena época de recortes.
 Hablamos de lo humano, nos reímos de lo divino. Charlamos de sus orígenes humildes, nos partimos con el éxito de su primera novela, escrita para mojar bragas, pero que terminó secando bolsillos.

 

Y así, entre parrafadas y carcajadas, disquisiciones y chascarrillos, nos pasamos de la hora.
Y entre sorteos y firmas, camisetas y Resolis, se nos van treinta minutos más.
 




En otros treinta, las Casas Ahorcadas sentencian: la novela ha convencido, pero los negritos callan, tras el duelo de mudos, no queda mucho que añadir, dicen.

 



Cena, paseo, discoteca…y fundido en negro, que luego todo se sabe.













9:30 de la mañana, estación de autobuses. Doce negritos y dos mulatitos salen para Getafe con camisetas a juego con las ojeras.

 Les da igual. Montan tanto follón, que parece una excursión de instituto.
Aunque algunos tienen edad para que sea del INSERSO.

Y con la cháchara, ya han llegado a Getafe. Desayuno exprés, y para la carpa de actividades.


12 de la mañana, lección magistral sobre el origen del género a cargo de Claude Mesplede.
Muy interesante, pero ya nos lo sabemos. Hablamos largo y tendido de la “Cosecha Roja” de Hammett el curso pasado.
1 de la tarde, mesa redonda sobre novela negra vasca con Jon Arretxe, José Javier Abasolo y Félix Modroño.
 Genial, pero no hay ejemplares. Tenemos suerte, El editor nos regala los únicos.


Almuerzo vasconquense, las risas corren de nuestra cuenta.


Y a las cinco, vuelta al ruedo: presentación de Holocausto-Manhattan de Bruno Nievas.
El siguiente acto, el resurgir del cómic negro, es en otro lugar. Salimos a todo gas, y a medio aplauso.
Houston, Houston, tenemos un problema: hablan gabacho. Hay intérprete y auriculares. Gracias, Houston
A las 7, firma de Fred Vargas.
Menudo ejemplar.
Hay mesa a las 8, pero nos marchamos a la francesa. Sin patata, la tortilla  resulta insulsa.


10 de la noche, ¡negritos al bus!
Increíble pero cierto, todavía tienen ganas de cachondeo.
Nadie diría que gente tan dispar pueden ser tan amigos.
Nadie diría que son un club de lectura.
Pero lo somos.
Y tú, ¿a qué esperas? No nos leas, ¡únete!



PS: Clownclusiones del viaje
By Pichuchina Fernández, alias Ana.


 Simenon es superdivertido comparado con algunos compatriotas.
 Las vueltas son más cortas porque vamos mirando para Cuenca.
 Un baño es un lugar muy digno para vivir.
 Nuestro club goza de una eterna primavera. 
Con una bolsa en la cabeza todas pasamos por veinteañeras. 
Desde Cuenca a Bilbao SanFrancisco es perversión. 
A Sergio la fuerza le acompaña para aguantarnos. 

domingo, 8 de septiembre de 2013

Atypical Spanish: padres del crimen literario ibérico

Por Sergio Vera Valencia, coordinador del club de novela criminal “las Casas Ahorcadas.

Hoy en día, si le pegas una patada a un bote (no digamos ya a una librería), te salen catorce novelas negras made in Spain.
Sin embargo, no siempre fue así.
De hecho, hasta que Manuel Vázquez Montalbán no ganara a sus editores una apuesta en 1974 (las malas lenguas, aseguran que beodo) a que sería capaz de escribir una novela negra en quince días, y sobre todo, a que cinco años más tarde, se alzase con el Planeta con la tercera entrega de la serie Carvalho, salvo contadas excepciones, los criminales literarios patrios hubieron de refugiarse en los kioscos bajo pseudónimos anglófonos.
El caso más sangrante (valga el hemoglobínico juego de palabras) de estos auténticos sicarios de la palabra, que llegaban a ametrallar (decir teclear, disparar incluso, sería infravalorar su talento y velocidad al teclado) más de una “novela de a duro” a la semana, fue el de Francisco González Ledesma, que a la postre también se alzaría con el Planeta en 1984, pero que durante décadas firmó cientos de novelas populares (policíacas, románticas y, ante todo, del Oeste)con el ya mítico sobrenombre de Silver Kane.
Entre las excepciones (contadas, por supuesto), sin duda las más célebres y comúnmente reconocidas como auténticas pioneras dentro del género, fueron “El inocente”, de Mario Lacruz, y la serie Plinio, de Francisco García Pavón.
La primera, una valiente crítica (aunque velada, censura obliga) de la España franquista, galardonada con el primer (y único) premio Simenon 1953, narra con gran ambición técnica la interminable fuga de un inocente, que a consecuencia de la constante persecución de las fuerzas del orden (la justicia es otra cosa), terminará sintiéndose culpable de un crimen que no sólo no cometió, sino que ni siquiera existió.
Por su parte, las obras (porque hubo cuentos y novelas, incluso una exitosa adaptación setentera a la pequeña pantalla) protagonizadas por el jefe de la guardia municipal de Tomelloso y su inseparable ayudante, el veterinario Don Lotario, que  mezclaba con inusitado mimo literario costumbrismo y enigma , cosecharon Premios tan importantes como el de la Crítica 1969 por la divertidísima “El Reinado de Witiza”, o el Nadal 1970 por “Las hermanas coloradas”, donde esta atípica pareja de sabuesos manchegos visitará el provinciano Madrid de la época en busca de dos paisanas desaparecidas.
Con todo, hasta que Carvalho no cambió el traje de agente triple que vistiera en “Yo maté a Kennedy” (1972) por el de detective privado (de placa y fe en el sistema, no de paladar ni lengua afilada) para apatrullar el barrio chino barcelonés, el género pasaba por un momento tan negro como su nombre dentro de nuestras fronteras.
Fue Montalbán, y sólo Montalbán, de cuya desaparición este año se cumple su décimo aniversario, el culpable de lo mucho y bueno que vendría después, de que a finales de los 70 se gestase la primera escuela criminal española.

Pero para eso, amiguitos, habréis de esperar a la próxima entrega de este peculiar repaso a la historia de la novela criminal española.
Hasta entonces, ¿qué os parece pasaros por nuestro centro de interés en la sala de préstamo de la biblioteca municipal, y matar el rato con los sospechosos de hoy?
¿O preferís  seguir muriéndoos de aburrimiento?




P.D: ¡Ya estáis tardando en ir a la biblioteca municipal a apuntaros que solo hay treinta plazas!

lunes, 24 de junio de 2013

La tristeza del samurái, Tormo Negro 2013.




Como ya es tradición en las Casas Ahorcadas, durante la última reunión, aparte de cena de gala y copas con gula, abrazos y despedidas, también hay espacio para la votación del Tormo Negro, el premio que anual y democráticamente concedemos a la  mejor novela leída durante el curso.
Un Tormo negro pero transparente, humilde pero honrado, que en su primera edición hace dos años, recayó en “La niebla y la doncella”, la tercera entrega de las andanzas de la benemérita pareja de Lorenzo Silva, y el año pasado en “Tom Z Stone”, el debut del carismático Bogart reanimado por Joe Álamo, y que en esta ocasión ha sido para “La tristeza del samurái”, la segunda obra de Víctor del Árbol, que ya recibiera el (casi tan) prestigioso Premio a la mejor novela negra europea 2012 de la revista francesa Le Point.
Y aunque lamentablemente nuestro galardón no sacará de pobre al ganador (que para eso están los más de 100.000 ejemplares que lleva vendidos al otro lado de los Pirineos), hacerse con él no es moco de pavo, oigan.
 Porque, como el leitmotiv del presente año era analizar comparativamente la evolución de la novela criminal en España y Estados Unidos década por década, desde que surgiera el noir en las revistas pulp americanas de los años 20 hasta que Carvalho y Montalbán acometiesen su personalísima crónica sentimental en negro de la Transición española , el samurái del Árbol ha tenido que vérselas, entre otros, con rivales de la talla de la mítica “Cosecha roja” de Dashiel Hammett,” “Adiós, muñeca” del todopoderoso tándem Marlowe-Chandler, “El asesino dentro de mí” del deliciosamente desquiciado Jim Thompson, o “Las hermanas coloradas” que en 1969 le valieron un Nadal a Plinio, el jefe de la guardia municipal  de Tomelloso creado por Francisco García Pavón.
Un honor subjetivo (por definición, todos los artísticos lo son), pero indiscutiblemente merecido por su ambición narrativa y preciosismo literario.
 No en vano, este adictivo thriller histórico a caballo entre los primeros días del franquismo y los de la democracia, se sirve de un estilo crudo y poético para armar una laberíntica trama de engaños, traiciones y vendettas familiares repleta de personajes redondos, frases lapidarias y giros inesperados, que reflexiona de forma descarnada sobre un tema tan humano y universal como es la culpa. Porque, ¿es lícito que los hijos paguen por los pecados cometidos por sus padres?


Una lectura diferente, ideal para sobrellevar los largos y tediosos meses de verano.

Una novela que no te puedes perder

jueves, 28 de marzo de 2013

Entrevista con Víctor del Árbol, autor de “Respirar por la herida”


 
 

Víctor del Árbol  Romero nació en Barcelona en 1968. Mozo de escuadra durante dos décadas, tras abandonar el seminario por amor,  estudió Historia en la Universitat de Barcelona y participó durante dos años como locutor y colaborador en un programa de realidad social de  Radio Estel.

Aunque  resultó finalista del VIII premio Fernando Lara en 2003 con la inédita “El abismo de los sueños, su primera obra en llegar a imprenta fue “El peso de los muertos” (2006) que resultó ganadora del premio Tiflos.

El éxito nacional e internacional le llegó, sin embargo, de la mano de su segunda novela, “La tristeza del samurái” (2011), que le ha abierto las puertas de librerías de medio mundo y convertido en un auténtico “capo di tutti capi” del hampa impresa nacional, y  no por casualidad finalista del premio Novelpol 2012 y la primera obra española galardonada con Le Prix du Polar Européen a la mejor novela negra europea por la prestigiosa revista francesa Le point, que antes ganara gente de la talla de Philip Kerr o Arnaldur Indradason.

Y a principios del 2013, vio la luz “Respirar por la herida”, su mejor y más ambiciosa obra hasta la fecha.

Muy buenas tardes Víctor, y muchas gracias por prestarte a este viaje relámpago desde la ciudad condal a la del crimen para visitar las Casas Ahorcadas.

 

 

P:¿Podrías comenzar explicándonos como llega un seminarista a ser miembro de las fuerzas del orden y luego parte del lumpen editorial patrio?

R: Sería como explicar toda una vida de manera lógica y coherente, obviando los momentos de dudas, las contradicciones, los aciertos y los errores. Digamos que nunca me ha gustado quedarme al margen de la realidad que me envuelve, y que siempre he sentido una curiosidad innata por las puertas entornadas. A lo largo de mi camino, se han ido presentando diferentes opciones de implicarme en mi propio destino, y nunca he dicho “no”. En el barrio donde me crié los sacerdotes obreros eran una fuerza viva del barrio, se implicaban en la educación, en las manifestaciones para lograr mejoras…Y yo les veía vivir la Fe como una cosa que iba mucho más allá de las iglesias. Pasaron los años, y las dudas y las creencias me alejaron de la idea de la Iglesia, pero no de la idea religiosa, de un modo de entender la vida como algo trascendental.

En cierto modo, trabajar años después en la Policía tiene que ver con ese espíritu: Cambiar las cosas, participar de un momento histórico, sentirte útil.

Pero la única constante en mi vida, más allá de las privilegiadas circunstancias que se me han presentado, es la escritura. Nunca dejé de escribir desde que aprendí a construir refugios de palabras. El hacer de ello mi forma de vida es algo que solo ha ocurrido muy recientemente, y ojalá sea un salto definitivo, pero uno nunca puede dar nada por descartado.

 

P: Como hemos visto, entre “El peso de los muertos” y el samurái transcurrieron cinco largos años, ¿fue por falta de inspiración o de editorial que se atreviera con Publio i compañía?

R: Nunca me han faltado ideas ni ganas de transcribirlas. Cuando en 2006 El Peso de los Muertos ganó el Tiflos, fue con un jurado impresionante: Manuel Longares, Luís Mateo Díaz, Soledad Puértolas…Recuerdo las palabras que me dijo Luís Mateo. Me las guardo para mí, pero fueron muy valiosas. Hasta el 2011 seguí escribiendo, tratando de publicar y sufriendo ese Vía Crucis que los escritores pasamos en forma de negativas más o menos amables de editoriales, agentes y demás. Llegué a pensar que no lo lograría, y sufrí algunas decepciones muy importantes con ciertas personas del mundo del libro. Pero nunca dejé de escribir, no olvidé ni por un minuto el porqué lo hacía, y eso me ayudó hasta que apareció una editorial joven, independiente, y que conocían mi ópera prima. Insistieron, volvieron a insistir. Y al final empezó esta historia con el manuscrito de La Tristeza del Samurái, en 2011.

 

P: ¿Tienes pensado rescatar tu inédita ópera prima?

R: Creo que he crecido como persona y como escritor en estos años. Sí, volverá a editarse, pero muy probablemente la escriba de otro modo, le dé una revisión a fondo. Los derechos para El Peso de los Muertos se los cedí a mi editorial actual. Ya veremos qué pasa.

 

 

P: A propósito, ¿por qué  cuando la mayoría de autores, Lorenzo Silva,  Giménez Bartlett o González Ledesma por citar los más conocidos, pasan meses documentándose para pergeñar investigaciones e investigadores creíbles para sus series, tú que lo eras, apenas escribas sobre polis? ¿No te tienta crear tu propia serie?

R: Aunque la ficción y la Realidad deben parecerse y acercarse cuanto puedan la una a la otra, nunca hay que olvidar una obviedad: son conceptos distintos. Durante 20 años he trabajado en la Policía Autonómica Catalana en diferentes destinos y responsabilidades, de modo que podríamos decir que tengo una idea global bastante cercana del trabajo policial. Sin embargo, lo que me interesa de esta experiencia no es lo anecdótico, las cosas que me han pasado o que haya podido ver. Sin duda son importantes pero forman parte de mi espectro privado. Lo que a mí me interesa es trasladar el poso que esas vivencias han dejado en mi interior: una forma poliédrica de ver la realidad, empatizar con casi cualquier emoción, ser capaz al menos de describirla con intensidad y certeza.

 Respecto a la segunda parte de la pregunta, por ahora no me planteo crear una serie. Me apetece la exploración continua, buscar nuevos perfiles. Aunque si Respirar por la Herida funciona entre los lectores como espero, no descartaría una segunda parte con algunos de sus personajes más carismáticos.

 

 

 

P: Centrándonos ya en “Respirar por la herida”, que inevitablemente compararemos con el resto de tu obra, lo primero que llama la atención cuando uno empieza a leerla es su estilo. El lenguaje del samurái, frío y certero como una katana, ha dejado paso a una voz intimista próxima a la prosa poética y rebosante de aforismos, ¿obedece este cambio a exigencias del nuevo guión o a la mayor madurez de su autor?

R: Obedece a la voluntad de no quedarse en lo conocido. Me apetecía explorar otra forma de contar, arriesgarme a ir mucho más lejos con cada personaje, sentarme con ellos, desnudarlos hasta donde me fuera posible. Con respecto al lenguaje y al registro literario, sé que la prosa poética o que la metáfora están en desuso, pero bien utilizados estos son recursos que le dan una mayor dimensión al texto, y permiten profundizar en su lectura más allá de lo estético. Yo me he propuesto no renunciar a mi manera de escribir convencido de que es compatible con un público lector mayoritario.

 

P: Respirar por la herida es una novela muy compleja y argumentalmente ambiciosa,  que entrelaza el pasado y el presente de una decena de personajes, ¿cómo fue su proceso de gestación, partiste de la trama o de los actores?  

R: En mis novelas siempre son los personajes los que dibujan la historia. Lo que yo busco es provocar en el lector algo que va más allá de la curiosidad, de saber qué pasa, cómo acaba el misterio. Yo intento crear espejos para que el lector se identifique, le invito a participar, a ser parte real de la historia. Y eso sólo puedo conseguirlo si los personajes son creíbles, evolucionan al margen de las necesidades de la trama. Lo que importa es quiénes son y porqué son así. Más que lo que hacen.

 

P: Al igual que en las primeras, especialmente el samurái, estamos ante una obra coral,  con casi una docena de personajes grises, tan humanos que sería más acertado llamarlos personas imaginarias, personas de ficción a las que llegamos a conocer con mayor profundidad que a la mayoría de los protagonistas del 99% de los libros que llegan a  nuestras librerías, sean o no de género, ¿tienes un trastorno d personalidad múltiple o sólo una imaginación  portentosa?

R: A mí me fascinan las novelas corales, donde no puedes decir con certeza quién es el protagonista porque de un modo u otro todos lo son. Me gusta que los personajes secundarios crezcan como la levadura y lleguen incluso a superar en vigor narrativo a los supuestamente principales. Eso está muy presente en mis novelas, y quizá más que en ninguna otra en Respirar por la Herida: la capacidad de convertir a las víctimas en verdugos y viceversa.

 

P: ¿Por qué no hay lugar al humor en tus novelas?

R: Porque la ironía (ese matiz del humor que a mí me gusta) se lo dejo a la vida, a las circunstancias distónicas que los personajes tienen que afrontar. Ese humor del que hablo es el que te deja la sonrisa congelada. Paradójicamente, yo aprecio mucho en lo privado el sentido del humor como válvula y como evidencia de vitalidad. Pero en las atmósferas que creo en mis novelas, no tiene cabida.

 

 

P: Si bien la localización es casi testimonial en tus obras, más bien ambientadas en el mundo interior de sus protagonistas, llama la atención que de tu tierra natal te hayas desplazado a Madrid en esta ocasión, ¿se debe a algún motivo en particular?

R: Soy un barcelonés con el privilegio y la mirada del foráneo en Madrid. Me encanta la ciudad, ese nudo de caminos que parece no ir a ningún sitio. No quería describir la ciudad, sino las sensaciones que deja en una mirada que no está contaminada por el pasado ni por lo cotidiano. Algo parecido a lo que ocurre con el otro paisaje de la novela, Argel.

 

P: Aunque tus tramas, criaturas y estilo sean extraordinarios, quizá el rasgo más característico de tu trilogía del pecado, por llamarla de algún modo,  es que más que la sociología del crimen,  la crítica social tradicionalmente inherente al género, aquí lo más relevante es la exploración de algo mucho más universal como  son los traumas de las víctimas y cómo sus pulsiones de amor   se convierten en pulsiones de muerte, ¿estamos ante el nacimiento del thriller psicoanalítico?

R: Jajaja, me cuesta incluso pronunciar el concepto. Veamos, thriller sí, en cuanto a novela de suspense (lo hay, y mucho) y de emoción (la hay y mucha) y psicoanalítico, sí, al menos en parte, en cuanto que no me conformo con describir las acciones de los personajes sino  que para mí lo más importante es profundizar en sus razones y en las consecuencias emocionales que causan sus decisiones. En cualquier caso, novela negra, novela social, novela tremendista, hoy en día existe una tendencia generalizada al mestizaje, cosa totalmente acorde a los tiempos. Sigue habiendo purismos de la novela inglesa deductiva o del hard boiled, sin duda. Pero yo no entro a valorar un cierto tipo de justicia final. Me importa la historia, no la etiqueta que finalmente acabe teniendo.

 

P: Tus hojas no se parecen a ninguna que yo conozca, ¿Cuáles son las raíces literarias del Árbol? ¿Qué otras semillas negras recomiendas plantar  en nuestras estanterías?

R: Sé que esto es impopular, pero yo sigo pensando que los clásicos son el fundamento de la buena literatura, por una sencilla razón: ellos han superado el cedazo del tiempo. La literatura rusa de mediados del XIX, el existencialismo francés de posguerra, y sobretodo el realismo mágico latinoamericano. Para mí son las tres raíces que me alimentan. Más recientes, me llama la atención Pollock, Lehane, Franzen…Españoles estoy descubriendo a Zanón, Hill, Del Valle y cualquiera que un prescriptor de confianza me recomiende. Soy muy curioso.

 

P: ¿A qué crees que se debe que tus textos tengan más repercusión fuera de nuestras fronteras que dentro? ¿Tan vigente sigue en nuestro país el “nadie es profeta en su tierra?

R: Es algo que no pasa desapercibido para mí, claro. Y no te negaré que me apena un poco. No me voy a poner a elucubrar sobre los porqués, es obvio que se me lee más en el extranjero que en España. Pero tengo la confianza y la paciencia necesaria para que el gran público lector conozca mis historias. El camino ya empezó con La Tristeza del Samurái y con Respirar por la Herida pienso que por fin, va a suceder.

 

P: Y después de parir una obra de tal envergadura a todos los niveles, ¿cómo afronta Víctor del Árbol la próxima? ¿Cuántos bosques habrá que talar para la primera tirada?

           R: El futuro no existe más que en una hipótesis. Yo soy persona de realidades. Hoy toca luchar por esta novela. La próxima, que ya está en mi cabeza, tendrá que esperar turno.

 

 

 

Extraído del boletín “Entre líneas” de la Biblioteca Municipal  de Cuenca (http://bibliocuenca.blogspot.com.es/).

lunes, 4 de marzo de 2013

Víctor del Árbolpresenta su nueva y más ambiciosa novela

 

Dice el que tal vez sea el mayor experto en el tema, Salvador Vázquez de Parga, en su ya clásica obra “La novela policíaca en España” (1993), que salvo excepciones tan honrosas como escasas, los criminales literarios patrios se han limitado a imitar las modas y modos anglosajones y franceses (amén de los nórdicos, después del efecto Larson), por lo que no es posible hablar de una escuela criminal netamente autóctona.

Se nota que no leyó a Víctor del Árbol.

 Un autor, este mozo de escuadra barcelonés, que con sólo tres novelas ya ha marcado un antes y un después, gracias a su alquímica facultad para invocar personas   imaginarias (decir personajes sería faltarles al respeto y a la verdad),  su maquiavélico don para entretejer sus pulsiones y urdir las tramas más intrincadas y absorbentes que este psicoreader pueda recordar, y todo ello con una voz a un tiempo lírica y  descarnada, única,  diametralmente alejada de todo lo escrito hasta el momento en nuestro país (y probablemente también fuera), tanto como lo estuviera Dashiel Hammett de Arthur Conan Doyle cuando dio a luz la novela negra.

Y es que su inusitada mezcla de acción trepidante y exploración de las más oscuras sombras de la condición humana rompe con la tradicional aspiración sociocrítica del género, para centrarse no tanto en denunciar las desigualdades como en abordar los efectos que el crimen, metáfora de la injusticia, tiene sobre la psique de los individuos. Trasciende así las barreras de la novela negra y del más psicológico  de los thrillers, por focalizarse en vez de en la mente del criminal, en el análisis de los traumas que su acción causa en los familiares de sus víctimas, y cómo los fantasmas del pasado acaban convirtiéndoles en victimarios, fundando así lo que podríamos llamar “thriller sicoanalítico”.

Ya en su debut, “El peso de los muertos”, premio Tiflos 2006, dejaba patente su intención de alejarse de los arquetipos y lugares comunes, con  una historia de culpables sin culpa, crímenes sin castigo y secretos de familia a caballo entre los primeros y los últimos días del franquismo, que sorprendió a crítica y público por su frescura y calado literario.

Aunque su consagración llegaría con su segunda novela, “La tristeza del samurái” (2011), no por nada finalista del premio Novelpol 2012 y la primera obra española galardonada con Le Prix du Polar Européen a la mejor novela negra europea concedido por la prestigiosa revista francesa Le point, que le ha abierto las puertas de librerías de medio mundo y convertido en un auténtico “capo di tutti capi” del hampa impresa nacional.

Y hace un mes escaso, vio la luz su tercera y más ambiciosa obra hasta la fecha, donde se sirve de una decena de soledades vivientes para abordar el dolor  humano y continuar así con su personal disección del alma.

De modo que si quieres descubrir qué tienen en común una promesa de la pintura venida a menos, un acaudalado empresario condenado por homicidio, un joven chapero chino con ansias de libertad y venganza, una violinista  obsesionada con la memoria de su hijo y un torturador chileno metido a buscador de personas entre otros, las Casas Ahorcadas se complacen en invitarte a la presentación de “Respirar por la herida”, que tendrá lugar el viernes 15 de marzo a las 18 h en el salón de actos del Centro cultural Aguirre, a cuyo término se sortearán dos ejemplares dedicados por el autor entre el público asistente.

Una oportunidad inmejorable para leer la que está llamada a ser una obra clave no ya del género, sino de la literatura contemporánea de nuestro país.

Palabra de lector compulsivo.



sábado, 9 de febrero de 2013

Entrevista con Antonio Santos, Creador de Mauricio Romero, el detective de Cuenca


 

Antonio Santos nació en Honrrubia, pero es conquense por casualidad, porque por aquel entonces sus padres vivían en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), donde residió hasta 1997. Afincado ya en la ciudad del crimen, estudió Humanidades en la Universidad de Castilla – La Mancha, trabajando en lo que podía, ya fuese encuestador, albañil, repartidor o  piscinero.  En la actualidad, imparte clases particulares de Lengua  y Literatura, tras perder su puesto de interino gracias a la proverbial austeridad Cospedaliana.

En lo estrictamente literario, ha publicado un poemario,” Del aire y la voz” (2005), y sus versos han aparecido en la revista Saigón y en las antologías “Inmaduros 26, jóvenes poetas de Castilla-La Mancha  “y “Los rostros de Medusa. 20 años de poesía conquense”.  Así mismo, ha resultado finalista de los certámenes poéticos Villa de Villamayor de Santiago y  el Luis  Ríus de Tarancón, del Alea Iacta est de relato corto y ha obtenido el 2º premio en  la edición 2008 del certamen de jóvenes artistas de Castilla-La Mancha.

“Los Casos de Mauricio Romero, el detective de Cuenca”, es su primera novela.

 

P: ¿Cuándo y cómo nació Mauricio Romero?

R: Mauricio nació hace como seis años, quizás más, como un entretenimiento en las horas muertas de tedioso trabajo de oficina, y, como nació en Cuenca, era lógico que fuese conquense con todos sus defectos y virtudes.  Así, escribí, primero, casi por casualidad, un relato muy cortito y sencillo, el que abre el libro, que solo buscaba matar el aburrimiento propio, y cuando, al dejarlo leer a amigos y compañeros, descubrí que también mataba el aburrimiento ajeno decidí hacer algunos más a ver qué pasaba.  En principio iban a ser como catorce o quince de la extensión del primero pero los otros dos relatos se me fueron de las manos y superaron con creces los límites con los que jugaba al principio.  

 

P: ¿Crees que haber llegado crecidito a Cuenca puede haber influido en que tengas una visión tan incisiva de los usos y gentes del  terruño?

R: Es posible, a veces se ven desde fuera cosas que desde dentro se ignoran, o, simplemente, no parecen llamativas hasta que alguien las señala, aunque realmente creo que va más con la personalidad de cada persona que fija su atención en unas cosas u otras, en mayor o menor detalle, así como el modo de exponerlas.  Realmente la mayoría de cosas que en el libro se destacan no son especialmente llamativas porque, si bien es cierto que me he criado lejos de aquí, lo es también que he crecido en contacto muy estrecho con la idiosincrasia del terruño.

 

P: Cuando, hace más de un año, empecé la novela, que por aquel entonces circulaba por la red, confieso que al principio me tragué lo de que hubiese un huelebraguetas apatrullando nuestras calles, dime por favor que no soy tan tonto como mi madre piensa y no fui el único.

R: No juzgaré los pensamientos de tu madre, pero es cierto que más de uno, obviamente evidenciando que no había leído el libro completo, creyó que un detective del corte de Mauricio Romero podía existir realmente en la ciudad de Cuenca.  Alguno, incluso, no sé si riéndose de mí o en serio, me expuso vía correo electrónico su problemática para contratar los servicios de Mauricio Romero.  Yo creo que esa es la magia del personaje, que puede ser real.  Que cualquier conquense podría ser Mauricio Romero, que cuando vamos al Roco o al Jovi, podemos mirar a nuestro alrededor y preguntarnos si alguno de los hombres que hay ahí en ese momento es Mauricio Romero.   Una vez que se dio por sentado que Mauricio Romero era un personaje, yo no lo tengo tan claro, comenzó la otra carrera, la de averiguar quién se escondía detrás. 

 

P: ¿Y qué te impulsó a pasar de la edición digital al papel?

R: El libro fue acabado una noche, y tras consultar con algunos amigos que me ayudaron y lo habían leído, aconsejándome que esperase un poco para hacer modificaciones y correcciones (mis amigos tenían y tienen razón, las necesita) les di la razón, como he hecho ahora, en todo y lo subí a bubook para descargarlo gratis.  Paralelamente creé una cuenta de facebook (eldetectivedecuenca@hotmail.es) a nombre del detective y envié algunos correos también a su nombre, presentándose y creando una ficción de segundo grado, con el enlace para hacer una cadena.  El enlace corrió por la red como la pólvora y en un par de meses o tres, quizás cuatro, ya ni lo recuerdo, el libro había tenido dos mil descargas.  Cada cual que juzgue por sí mismo.  En ese momento, lo que había comenzado como un juego, como una travesura, se me había ido de las manos.  Así que me lancé a buscar quien me lo publicase sin yo poner un duro, porque la Nota al lector final, desgraciadamente, es demasiado habitual.  Los editores me ponían una pega: el libro había tenido ya dos mil descargas, más los ejemplares que habían circulado en cadenas, por lo que no tenía posibilidad de vender más libros.  Finalmente, en Cáceres, en El Hinojal, encontré alguien que apostó por el libro para venderlo en papel en internet (http://www.alternativaluzdeluna.com/show_book.php?isbn=LOS+CASOS+DE+MAURICI&PHPSESSID=eqtl8tijcmq3pe29k4h5g0tn93) en las librerías donde fuese solicitado y en ebook en bubok (http://www.bubok.es/libros/208476/Los-casos-de-Mauricio-Romero-el-detective-de-Cuenca) . 

 

P: Un aspecto que llama poderosamente la atención en tu novela es la enorme cantidad de localismos que aparecen, ¿te has documentado a conciencia, o me has mentido como un bellaco y en realidad eres más de pueblo que los ababoles?

R: Se puede decir que llevo toda la vida documentándome, aunque realmente muchos de ellos se los he robado a mi amigo Marcos Huélamo que es el auténtico especialista en el habla del terruño. 

 

P: La Plaza Mayor y sus antros, el centro y sus bares, ninguna barra escapa al impenitente codo de Mahou, ¿sueles acompañarlo en sus correrías?

R: Los bares que aparecen lo hacen, creo, que bien reflejados y con cariño porque son los bares a los que yo soy o he sido en algún momento o periodo de mi vida asiduo.  Para mí son los mejores bares de la ciudad y claro, supongo que la gente pensará que conozco todos los bares como esos y quizás no es así, pero me gusta aprender y nunca es tarde si la dicha es buena: acepto invitaciones de quienes me quieran presentar sus bares favoritos.

 

P: Aunque la cita con que se inicia sea de Bogart, Mauricio tiene más de pícaro que de Marlowe, ¿cuáles fueron tus referentes literarios y cinematográficos para parirlo?,

R: No tengo claras las referencias literarias.  Si hago un inventario de mis lecturas creo que muy pocas encajarían con el perfil de Los Casos de Mauricio Romero, el detective de Cuenca.  Aunque realmente en este libro se recoge de forma velada y sucinta gran parte de la tradición literaria castellana, en ocasiones incluso redundando en tópicos y tópicos.  El libro que leí justo antes de comenzar a escribir el primer caso del libro fue uno protagonizado por un detective, Pulp de Charles Bukowski, pero creo que no hay demasiadas concomitancias entre ambos más allá de algunos tópicos detectivescos. Cinematográficamente sí podría encontrar algunas referencias del cine negro, el cual me gusta muchísimo.

 

P: Confieso que llevo meses observándote, buscando sin éxito el Mauricio que llevas dentro, ¿eres muy buen escritor o demasiado tímido para compartir tu socarronería?

R: Me gustaría ser buen escritor, pero en realidad me temo que soy más tímido e introvertido que diestro con la pluma.  Me cuesta conocer a gente y darme a conocer, no soy bueno en las relaciones sociales de primeras, pero cuando cojo confianza sí soy muy socarrón. 

 

P: A propósito, además del detective hay otro personaje, Santos, que aparece en  los tres relatos de los que consta el volumen, ¿no será un trasunto del hijo juntaletras de tu madre?

R: Supongo que al final los escritores son todos unos ególatras, y yo que pretendo serlo tengo por lo menos que parecerlo también y ser tan ególatra como el que más.  Dado que el libro no lo firmaba no pude resistirme a llevarme mi parte de protagonismo, mi parte del pastel. 

 

P: En el primer cuento, en origen un caso típico de cuernos aunque provisto de un desenlace sorprendente, se pone de relieve la enorme dificultad que entraña ser detective en una ciudad pequeña donde todo el mundo se conoce, ¿tienes constancia de que haya existido realmente algún investigador privado en nuestra ciudad?

R: Que yo sepa no, y como en Cuenca se sabe todo supongo que así será. Desde luego sería difícil.

 

P: En el segundo caso, parodia Da Vinci reconocida, una esperpéntica secta encomienda a Romero encontrar el Grial y el Santo Madero en la Semana Santa  de Cuenca, resulta asombrosa la abrumadora cantidad de datos históricos que aportas, ¿hasta qué punto  son verídicos?

R: Son verídicos todos, desde la cronología, actas auténticas de juicios de La Santa Inquisición, la autopsia de Carlos II, el Hechizado, etc… excepto aquellos que me fue necesario cambiar o añadir para crear mi trama narrativa.  El segundo caso es muy entretenido y quiere mostrar con qué poco puede hacerse una trama histórica para que la gente aprenda a no leer las novelas como si fuesen manuales de historia, porque son cosas diferentes y tienen objetivos diferentes.  Con ello no critico a los escritores de novela histórica sino a los lectores que hacen un mal uso de ella. 

 

P: Por último, en el transcurso del tercer relato, en que Mauricio tendrá que bregar con el kamikaze de la Parrilla, un conductor suicida que recorría en sentido contrario la carretera nacional, su cliente menciona otros casos célebres de Romero, ¿piensas dar a imprenta más entregas de la serie?

 

R: Lo comercial sería decir que si la gente compra el libro saldrán más entregas.  Pero entonces, Dios me libre, mi mentalidad estaría más cerca de la de un editor del siglo XXI que de la de un escritor, por lo que lo justo sería decir que igual que escribí esta entrega sin demasiadas pretensiones, empujado por cierto instinto y disfrute más que por puro interés, aunque no voy a negar tampoco el interés una vez que el libro se comienza a vender, seguramente, no sé si pronto o tarde, al final acabaré escribiendo más.  ¿Sobre Mauricio Romero?  Tengo ideas, algún caso ya avanzado en la cabeza pero sin comenzar en el papel.

Muchas gracias, Antonio. Ojala no tardemos en reencontrarnos con Mauricio en bares de Cuenca y librerías de toda España.