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domingo, 3 de diciembre de 2017


 
The voices, de Marjane Satrapi.

 
Por Nieves Guijarro.

 
Jerry es un joven aquejado de esquizofrenia, que se aferra a la realidad mediante el uso de medicación. Un universo gris y traumático para él, por ello decide optar a una existencia mucho más amable, desechando el uso de sus pastillas.
 Así, su tediosa y rutinaria vida se transforma en una fantasía más en consonancia con su frágil espíritu. A diario, escucha las voces de sus mascotas: El señor bigotes, un gato que le recrimina su locura y los peligros que deberá soportar en el mundo, y Bosco, un perro que le anima a continuar con su vida y ensalza sus virtudes personales.
 Profundamente enamorado de su compañera de trabajo, Fiona, Jerry decide seguir el consejo de sus mascotas, y proponerle una cita, lo cual le sumerge en una espiral de locura de la cual sólo es partícipe, en cierto grado, su psiquiatra.
 A partir de ahí, Jerry se sumerge en una espiral de muertes, degradación y confusión, a medio camino entre la fina línea que separa la realidad de la ficción.
 
Nacida el 22 de marzo del año 1963 en Rasht (Irán) y afincada en Francia desde el año 1994, la directora, escritora, periodista y gran dama del cómic Marjane Satrapi firma esta particular alegoría de la locura que le ha valido el favor de público y crítica en festivales como Toronto o la 47 edición de Sitges.
 Es la primera producción americana de la reconocida autora, que cuenta en su haber con más de 25 nominaciones a prestigiosos premios internacionales gracias a su primer proyecto de animación titulado Persépolis, adaptación de la novela gráfica del mismo título firmada por la escritora, que vio la luz el año 2000 por obra y gracia de Norma editorial.
La vuelta al ruedo de Satrapi en 2015 no es solo un nuevo ejercicio poético y visual que camina entre los vericuetos del drama, el horror y la comedia alternando colorido, musicalidad y momentos de emotividad.
The voices supone mucho más que eso, pues es la primera incursión de la directora que cuenta con guión de otro autor, en este caso Michael R. Perry, con gran experiencia en el ámbito de las series televisivas, que firma un trabajo repleto de diálogos para quitarse el sombrero.
 Y cabe decir que el resultado es espectacular, e incluso más notablemente artístico que sus anteriores trabajos. Lejos de presentar el cruento retrato introspectivo de una mente psicópata, el mundo de Jerry se presenta ante el espectador como un trágico y bello cuento donde todo es alegría, diversión y saturación de colores, eso sí, mostrando de cuando en cuando, a retazos, la trágica realidad que envuelve su existencia.
Armónico ejercicio que combina, con singular maestría, aspectos cómicos o fantásticos sin olvidar el toque macabro de ciertas pinceladas de sangre y violencia.
Acertadísima la elección de Ryan Reynolds (The Proposal, 2009, Buried, 2010), que logra dar vida a uno de los villanos más dicotómicos y, a la vez, entrañables de los últimos años. Teatral, que no histriónico, profundamente mordaz y totalmente convincente, resulta evidente que Reynols constituye el punto fuerte de la cinta, poniendo también voz a las mascotas que, con sus dictados, rigen la vida del protagonista.
 Del mismo modo, y no menos importante, cabe reseñar un excelente plantel de secundarios entre los que destacan nombres como Gemma Arterton (Clash of the titans, 2010, Hansel & Gretel, 2013), Anna Kendrick (Up in the air, 2009, Into de Wood, 2014) o la veterana y dos veces nominada al Oscar, Jacki Weaver (Ilver lining, 2012, Stoker, 2013).
 
Asombrosa, magistral, formalmente perfecta, The voices constituye una victoria en toda regla tanto para Satrapi como para su público, así como para todo tipo de espectadores.
Una atípica muestra de cómo componentes que pueden parecer diametralmente opuestos, pueden dar forma a un conjunto hermosamente equilibrado. Inolvidable.

lunes, 16 de marzo de 2015

RELATOS SALVAJES



 

Por Sergio Vera Valencia, coordinador del club de novela criminal las Casas Ahorcadas (casasahorcadas.blogspot.com).


 

-¡Tienes que verla!-

Anita, que ya sabes que soy bastante cinéfobo. Que para mí las películas son como libros aburridos, sin narrador, relajantes musculares chutados por vía auditiva.

-Que no, que esta es diferente, ¡que te va a encantar! Si quieres, te cuento la primera historia, y te haces una idea.

-Venga, va, pero sólo porque pagas el desayuno.

-Empieza con dos argentinos ligando en un avión.

-Qué original. Dos por el precio de uno…

-Cállate, o no acabaré nunca. Como decía: están dos argentinos ligando en pleno vuelo. Hablando de esto y aquello, de aquello y de lo de más allá. De que el hombre es crítico de música clásica, y de que, casualmente, un exnovio de la muchacha, un tipo llamado Gabriel Pasternac, había sido compositor frustrado. Pero la casualidad no termina ahí. El crítico no sólo conocía al tal Pasternac, sino que había sido el principal culpable de que nunca publicara nada. No habían terminado de comentar lo mucho que había afectado eso a Pasternac, cuando  una mujer mayor se entromete en la conversación, y dice que Pasternac había sido alumno suyo. El peor alumno en toda su carrera. Extrañados por tanta casualidad, preguntan si alguien más en el avión conocía a Gabriel Pasternac.  Todos levantan la mano. Y uno por uno  cuentan como les había llegado el billete, siempre de forma gratuita, siempre justificada. Entonces, por boca de una azafata, descubrimos que Pasternac es el comisario de vuelo, que se ha encerrado en la cabina y no responde. La cámara sale del avión, vemos como se aproxima hacia nosotros. Como está a punto de estamparse contra un chalet, con  todos los que habían jodido la vida a Pasternac. Y justo cuando va a estrellarse, justo en ese momento, aparecen los créditos.

Y falta que me hacen, porque a pesar de conocer este primer relato, cuando lo veo, no doy crédito.

Y como mi amiga me aseguró, ese es sólo uno de los seis relatos salvajes que componen “Relatos salvajes”, la película más taquillera de la historia del cine argentino.

Y no me extraña.

 

 Seis historias breves pero más contundentes que muchas trilogías de tres horas. Historias cargadas de crítica social y humor negro. De  diálogos, personajes y escenas inolvidables. De guión, dilemas morales, guión, justicia poética, y más guión.

 

 Seis relatos que se podrían resumir en la pregunta: ¿Y si?….

¿Y si pudieras deshacerte de todos los hijos de puta que en tu vida han sido?  ¿Y si un día viniera a comer a tu restaurante el cabronazo que  destrozó la vida a tu familia? ¿Y si ese pijo gilipollas que te hizo una pasada con su cochazo sacándote el dedo, quedara a tu merced en medio de la nada? ¿Y si por culpa de un error burrocrático perdieras tu trabajo y tu matrimonio? ¿Y si tu hijo cometiera un delito, hasta donde estarías dispuesto a llegar para salvarlo? ¿Y si en medio de la marcha nupcial descubrieras que tu recién estrenado marido te la pega con una invitada a la boda?

Seis situaciones límite, pero cotidianas, aterradoramente plausibles. Seis situaciones límite llevadas al límite, que te dejan sin aliento, y sin palabras.

 Sólo con preguntas.

 Montones de preguntas.

Preguntas que se pueden sintetizar en una: ¿qué habría hecho yo si…?

Una película con tanto guión y tan original, con tanta actuación  y tan magistral, con tanta miga y tan nutritiva, que no entiendo  como no arrasó en los Goya y los Óscar.

Porque a su lado, La isla mínima, no pasa de ínfima.

 

Un peliculón que me ha reconciliado con el séptimo arte, planteándome incluso ser infiel a Tarantino y cambiar de película favorita.

 

¡Tienes que verla!

sábado, 7 de marzo de 2015

CLUE: EL JUEGO DE LA SOSPECHA



Por Raquel Soler.


 

La película que os traigo hoy pertenece al género negro más puro. Una reunión en una gran mansión, un asesinato, una pregunta ¿Quién es el asesino? ¿El mayordomo? Bueno...quizás exagero un poco porque, aunque esa sea precisamente la premisa del film, hablamos de una comedia llamada "Clue: el juego de la sospecha", basada en el popular juego Cluedo. Y cuando digo que está basada en el Cluedo es que lo está de verdad, no como esas supuestas adaptaciones de videojuegos. De hecho, tiene varios finales del tipo "Lo mató la Señora Blanco en el recibidor con el abrecartas", "Lo mató el Coronel Mostaza en la cocina con la cuerda" y demás. ¡Delirante!
La trama de la película, por tanto, es lo de menos (aunque yo la encuentro bastante parecida con "un cadáver a los postres"). Nada que no se haya visto antes en mil  películas o en los relatos de Agatha Christie. El rico anfitrión, Mr. Body (el señor Cadáver, como veis el humor negro y absurdo está presente desde el principio) invita a su mansión a seis personas a las que está haciendo chantaje y, por diversas razones que no voy a explicar, propone a los allí reunidos, matar a su mayordomo, Mr. Wadsworth, magistralmente interpretado por Tim Curry. Para que nadie sepa quien ha sido y no poder culpar a nadie, Mr Body apaga las luces, pero al encenderse de nuevo... resulta que el muerto es el señor Body.
Ahí comienza la locura. Sospechosos, celos, traiciones, asustadas madames francesas corriendo de un lado para otro, telegramas musicales, un montaje totalmente teatral y una banda sonora de locura. Todo ello para descubrir quién es el asesino. Y si la respuesta no te gusta... ¡Aún tienes tres finales más!
En resumen, una película que debía ser obligada para todos los miembros de este insigne club. Una joya de los años 80 imprescindible para todo amante del género negro y del humor absurdo. ¡¡Negritos!! Ya estáis tardando en verla. 


domingo, 23 de noviembre de 2014

CINECIDIOS


Con esta entrada, Raquel Soler, la más cántabra de las negritas, la más negrita de las cántabras inaugura la sección cinéfila de esta nuestra bitácora.

Gracias, Raquel.
 

 

¿Qué es el cine negro?

 Seguramente, cuando nos hablen de ello pensamos en el Halcón Maltés o en hombres duros que con un sombrero, gabardina y un cigarro en la mano, además de mucha sangre fría se enfrentan a un caso donde las cosas no son lo que parecen y la persona en la que confía (una mujer de largas piernas y curvas de infarto) le traiciona. Mujer con la que compartirá un apasionado beso y algo más…. Y sin embargo, para esta primera reseña no voy a utilizar una película que siga estos tópicos. Os voy a hablar de “La isla Mínima”.

La isla mínima no se encasilla dentro del género negro (si nos ponemos tiquismiquis ese término solo es atribuible a las películas de los años 30-50). Sin embargo entra dentro del género policiaco. Y dentro de este género es una magnífica película.

El argumento es a priori, bastante sencillo. Una investigación policial trata de resolver el asesinato de dos adolescentes  en un pequeño pueblo andaluz y, con ello atrapar a un asesino que lleva años matando a jovencitas que aspiraban a salir del pueblo. Toda la historia está enmarcada en el ambiente sociopolítico del inicio de la democracia. Los encargados de resolver este crimen son dos guardias civiles políticamente opuestos, detalle que en un principio pudiera hacernos creer que nos vamos a encontrar con “una peli más de rojos contra fachas”. Nada más lejos de la verdad. Si bien este detalle se desarrolla en un par de puntos de la trama, en ningún momento eclipsa al tema central de la película: la investigación.

Por otra parte, el trabajo de los actores es intachable, llegando a hacerte “creer” que son los propios personajes. Esto no solo es gracias al talento de los actores, sino a la buena construcción de los personajes que, lejos de ser una parodia o un estereotipo estándar tienen la profundidad adecuada para la historia que tratan. La división de los actos, el ritmo, las localizaciones…todos los detalles de la película están cuidados al milímetro, pero con una gran naturalidad, huyendo de pretensiones.

En resumen, “La isla mínima” es una película que no decepciona a los amantes de los thrillers policiacos. De hecho ha habido varias comparaciones con la serie “True detective”, algo que no puedo asegurar ni desmentir, puesto que no he visto la serie. Lo que si puedo os  puedo asegurar es que esta película es una de esas joyas que nos recuerda la grandeza del cine español. Esa que muchos pretenden negar pero que está ahí, aunque no sea especialmente reconocida.