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domingo, 23 de julio de 2017

SAYONARA JAPÓN

Antes de continuar con las recomendaciones veraniegas, creo que va siendo hora de despedir definitivamente la novela japonesa, con una reseña de Leo y otra, muy cortita del que suscribe, escrita cuando leí mi primera obra criminal nipona hace cinco años.

La sombra del Kasha, de Miyuki Miyabe

Por Leonilde Álvarez

Miyuki Miyabe nació en Tokio en 1960. Ha escrito más de 40 novelas de casi todos los géneros: intriga, fantasía, juvenil, ciencia ficción y novela histórica. Por esta novela, Editada por Quaterni en 2010, recibió el premio Shugoro Yamamoto en 1993.

El tema central de la obra, es cómo influye en la vida de la gente la ignorancia de unas normas básicas de economía y el afán de consumir; el quiero y no puedo destroza la vida personal y familiar llevando a la gente a la desesperación y al suicidio.

Shoko Sekine es una joven que ha desaparecido, a la que su prometido buscará con ayuda de Shunsuke Honma, el marido de su difunta tía, policía recuperándose del disparo recibido en una pierna. Honma lleva una vida normal, tiene un hijo, y es muy bueno siguiendo pistas.

 Pronto comprobará que Shoko no es lo que parecía, que hay dos jóvenes diferentes y una suplantación de personalidad motivada por las deudas contraídas con tarjetas de crédito. Recibiremos una clase de economía sobre los efectos de la bancarrota personal, los elevados tipos de interés de los préstamos usureros y cómo la Yakuza controla la vida y la muerte de las personas que caen en sus manos. La autora nos muestra que la prostitución es la única salida que le queda a la mujer para pagar sus deudas, entrando así en un submundo del que es difícil salir.

El policía, siguiendo las pistas, va viajando por diversas ciudades, reflejando el sistema social y burocrático japonés con un mosaico de personajes cotidianos que nos enseñan diversos trabajos y estilos de vida en los años noventa, en un momento de crisis económica y paro en Japón que recuerda la España actual.

 El ritmo de la novela parece ir siguiendo la condición física del policía. Lenta al principio, cuando apenas puede andar, muy rápida al final cuando se ha recuperado. Un final que sabe a poco, pues nos quedamos con ganas de conocer la historia de la otra parte, de la cual solo sabemos inquietantes pinceladas que la investigación ha ido descubriendo.

La trama engancha, el estilo es blanco con atención a los detalles, fácil de leer, alternando diálogos y narración. Refuerza los valores de esfuerzo personal e integridad, nos hace reflexionar sobre el valor de las cosas inmateriales, la amistad, la ayuda entre personas y el interés por los demás en contraposición al dinero y al todo vale. Todo ello nos llevará a aprender un poco más sobre Japón y como trasladar estas enseñanzas a la vida española actual.

A mí me ha gustado, y os la recomiendo.

 


La devoción del sospechoso X, de Keigo Higashino

 Por Sergio Vera
Cansada de aguantar los desmanes de su exmarido, una mujer acaba estrangulándolo con ayuda de su hija. Acto seguido, su misterioso vecino, el profesor Ishigami, se ofrece a ayudarlas a deshacerse del cadáver.

Así arranca este formidable duelo intelectual entre dos mentes portentosas, el brillante pensamiento deductivo del gris profesor de matemáticas Ishigami, y el empirismo del reputado físico que ayuda a la policía, el conocido profesor Galileo, cuyo sensible desenlace contrasta con el aséptico racionalismo del que hace gala toda la obra.

Un thriller diferente, donde la intriga no radica en el quién sino en el cómo, en cómo ha logrado Ishigami engañar a los investigadores.  Uno de los mayores éxitos de crítica y público del Japón actual, donde la serie del profesor Galileo es un verdadero fenómeno, que ningún aficionado al género debería dejar de probar,y una de las mejores muestras de lo que nos estamos perdiendo por la escasez de títulos del país del Sol Muriente que llegan a nuestras estanterías.

domingo, 12 de marzo de 2017

LOS ATÍPICOS MAESTROS DEL THRILLER JAPONÉS


 Retomamos nuestro periplo por el país del Sol Muriente con dos senseis del thriller, el controvertido Ryu Murakami (ojo, no confundir con Haruki, aunque este empezara a publicar antes que el eterno aspirante al Nobel), y Fuminori Nakamura, el delincuente juvenil más laureado y prometedor de las letras niponas actuales.

Que los disfrutéis tanto como yo.

 


Sopa de Miso, de Ryu Murakami.

 A pesar de su título, más que un plato japonés, esta novela es una montaña rusa.

Y es que, tras años ganándose el sushi como guía por el Tokyo más sórdido, el joven Kenji creía estar de vuelta de todo… hasta que conoció a Frank.

A primera vista, Frank no se diferencia en nada de otros gayjin con ganas de marcha. Uno de tantos hombres de negocios yankys de interminable billetera y paquete insaciable… pero, ¿qué pasa por la impenetrable cabeza del americano? ¿Por qué es tan frío al tacto? ¿Por qué sus historias están repletas de mentiras y contradicciones? ¿Qué oculta?

El desconcertante comportamiento de Frank y la pasmosa habilidad del maestro del thriller psicológico japonés conseguirán que más de la mitad de la novela sintamos el estómago encogido. Pero además de una adictiva novela de suspense, “Sopa de Miso” es un doble viaje iniciático.

Kenji será nuestro impagable guía por la cara oculta del radiante Sol Naciente. Un país que, a pesar de ser una de las mayores potencias económicas del mundo, comprueba estupefacto como sus jóvenes se prostituyen para pagarse los caprichos, sus intachables padres de familia se emborrachan casi a diario y sus castas madres visitan bares de alterne. Y todo para olvidar la soledad.

 Porque Murakami nos muestra un Japón infinitamente solitario y triste, donde cualquier cosa se vende, cualquier mujer lo vende”, si la cartera es lo suficientemente abultada para pagarlo. Una nación de siervos que pretende emular a un amo capitalista que ni siquiera comprende, que persigue el sueño americano sin saber que se adentra en la pesadilla.

Una pesadilla en la que Frank será nuestro Freddy Krueger, nuestro Cicerone en la particular Divina Comedia de Kenji, en su descenso a los infiernos con todos los gastos pagados, al lado más enfermo del lugar más enfermo de la Tierra: la América más profunda y oligofrénica, la cuna de Trump.

El Murakami menos conocido, confronta la basura blanca con la amarilla, las vergüenzas de oriente con las de occidente, sin misericordia ni escatimar en violencia y detalles escabrosos, pero con sorprendente lirismo.

Engullida con mezcla de temor y ansia, de gula y desasosiego esta sabrosa Sopa de Miso, premiada con el Yomiuri Literary Award por un jurado presidido por el premio Nobel Kenzaburo Oé, sólo puedo decir que me falta tiempo para probar el resto de la escasa carta del restaurante Murakami que, por desgracia, ha sido traducida a nuestro idioma.
 

 

El ladrón, Fuminori Nakamura.

 Ishimura es un joven solitario e introvertido, que huye del pasado hacia un futuro incierto. Un atormentado carterista con ética, que sobrevive al deshumanizado Tokio moderno, metiendo mano solo en bolsillos acaudalados. Una sombra silenciosa al que nadie ve, hasta que un día descubre a un niño robando en un supermercado.

Un niño que le recuerda demasiado a sí mismo como para dejar que siga su camino.

Y hasta aquí puedo escribir. Porque estamos ante una novela intimista, de las que trascienden las convenciones del género, donde la trama no es tan importante como los personajes y la atmósfera. Una atmósfera hipnótica y absorbente, narrada con un estilo engañosamente sencillo, pero que te envuelve y te mantiene pegado al papel hasta su última página, a la que, dada la brevedad de la obra, llegarás casi sin darte cuenta.

 Una historia conmovedora, impregnada de melancolía y ternura, escrita con exquisita sensibilidad, y que podría transcurrir en cualquier gran ciudad moderna.

Una pequeña gran obra, unánimemente elogiada por la crítica nipona y estadounidense, que le concedió premios tan prestigiosos como el Kenzaburo Oé o el David Goodies, ideal para descubrir a uno de los autores jóvenes más prometedores y laureados de la literatura japonesa actual.

viernes, 17 de febrero de 2017

LOS MISTERIOS DE LA GATA HOLMES


 
Los misterios de La gata Holmes, Jiro Akagawa.
Por Sergio Vera Valencia.
Reseña originalmente publicada en Elemental, el blog de novela negra de El País.

 

Desde pequeño, siempre he odiado al inspector Gadchett.

Me tocaba mucho las narices (por no decir bastante más abajo) que nadie en toda la puñetera serie se diera cuenta de que le faltaba un verano y dos o tres inviernos. Que todos pensaran que ese retrasado (¿cómo podía tener tantos chismes y tan pocas luces?), desbaratara él solito todos los malvados planes del tío raro ese de la mano de metal y el gato blanco que daba grimilla, cuando los que le sacaban siempre las castañas del fuego  eran su sobrina la coletas y su superperro naranja.

Por eso, al principio La gata Holmes me tiró un poco para atrás. Porque al principio el detective Katayama, sin ser tan lerdo como el inspector multiusos, no era un lumbreras precisamente.

De hecho, se nos presenta como un policía sin actitudes ni aptitudes, sin vocación ni intuición. Un investigador sin instinto que se marea con la sangre. Un  tipo incapaz de hablar con las mujeres, al que su tía  trata de citar con chicas de buena familia para ver si lo coloca.

Por suerte, eso es sólo al principio, porque luego, el bueno de Katayama se destapa como un investigador sagaz  y un personaje con el que terminas encariñándote, cuando le encargan vigilar la residencia de una Universidad femenina de Tokio. La residencia donde vivía una chica recientemente asesinada. La misma donde se sospecha que algunas de sus estudiantes están ejerciendo la  prostitución.

Y claro, como suele ocurrir en estos casos, y nunca mejor dicho, pronto empezarán a sucederse los misterios y los fiambres.

Misterios como el de la desaparición de todo el mobiliario de una sala de la residencia.

Y fiambres como el decano, que un buen día amanece desnucado en una habitación cerrada a cal y canto por dentro.

Ya, no hace falta ser John Verdon para  saber lo que estáis pensando. ¿Qué  carajo tiene esto que ver con el gabacho de los dibujos?

No mucho, en realidad. Solo que el difunto decano tiene una gata con más olfato que el sabueso, e irá dando pistas a Katayama para resolver el asesinato de su amo, el misterio de habitación cerrada  más original que he leído Nunca.

Porque sí, amigos, por si todavía no lo habían sospechado, estamos hablando de una novela enigma. Una de esas deliciosas historias policíacas repletas de sorpresas y vueltas de tuerca, que pese a la inusitada inteligencia del felino, no llega a caer en la inverosimilitud (al menos, no más que los clásicos del género) y juega limpio con el lector, sin escamotearle datos ni tenderle pistas falsas  (al menos no más que al propio detective).

Un misterio que me ha hecho disfrutar como un enano y recordar a ese enano que se leía de tirón las novelas de Agatha Christie.

Pero  no sólo eso. Porque además de una absorbente trama que te mantendrá pegado a sus páginas (y prometo que ni es una forma de hablar, ni es sencillo lograrlo con el que suscribe), la obra tiene momentos cargados de humor (algo peculiar, dicho sea de paso) y un personaje carismático como pocos: la gata que da título a la novela.

Y es que, es increíble la fuerza narrativa de este minino, pese a que  ni habla ni apenas aparece. Porque cada vez que entra en escena (algo que estaremos deseando) logra, sin dejar de actuar como un animal, resultar más humano y perspicaz que la mayoría de los detectives que me vienen ahora a la mente.

Por eso, no me extraña que Holmes sea uno de los personajes más queridos del género en Japón, donde esta prolífica serie, que lleva la friolera de cuarenta y siete entregas, es un auténtico fenómeno, con millones de ejemplares vendidos y adaptaciones al cómic, la televisión y los videojuegos.

En resumen, si te gustan las novelas de misterio a la antigua usanza, y te apetece pasar un buen rato sin buscarle tres pies al gato, no lo dudes, llévate a Holmes a casa.

sábado, 11 de febrero de 2017

LADY KILLER


Qué, ¿ya echabais de menos vuestra ración de sushi literario?

Pues no dejéis de hincarle el diente a nuestro sabroso artículo en elemental sobre un viejo conocido de esta sección, Seishi Yokomizo, y sobre todo, de paladear la deliciosa reseña que el Grissom de Buenavista (y mejor oído, que el interfecto es otorrino), nos ha preparado.

¡Buen provecho! O como dirían en japolandia, ¡Itadakimasu!
 
 

Ladykiller, de Masako Togawa.
Por Miguel Esparcia.

 
Masako Togawa (1933-2016), ha sido una de las figuras con más éxito dentro de la novela negra japonesa. Mujer polifacética, siempre entregada a las artes, destacó en su país como cantante, actriz y   creadora de series televisivas de gran éxito.

Huérfana  de padre, en una familia en la que su madre tuvo que luchar para sacar adelante una familia numerosa en un país con una estricta estructura social, donde la mujer siempre ha estado discriminada, en un segundo plano, y en una época más que convulsa en el país nipón, podemos imaginar que sus inicios no fueron fáciles.

Comenzó como cantante de cabaret, consiguiendo un éxito notable, y  se ha pensado siempre que en sus creaciones  había algo autobiográfico.

Saltó a la fama cuando ganó el premio de novela negra Edogawa Rampo en 1962 con su primera obra, “la Llave Maestra”. Posteriormente publicó “Lady Killer” (1963) y “Un Beso de Fuego” (1985), con gran éxito de ventas a nivel mundial.

Cumple ciertos criterios característicos de la novela negra japonesa, que la diferencia de la occidental. La temática es cruel, sórdida. El sexo, los celos (el juego también), son ejes centrales del comportamiento de los personajes, y sobre todo, la venganza, el crimen, están hilados de forma reposada, parsimoniosa, incluso poética. No parece que hayan rencores satisfechos de forma iracunda o furiosa.

Los japoneses toman el té y el baño muy caliente, pero el crimen más bien lo prefieren en frío.

Lady Killer, ya desde su título, no deja lugar a la duda, hay una mujer asesina.

Una mujer que asesina por venganza. Venganza movida por la locura. Venganza sobre un Hombre, un canalla moral, que apaga sus necesidades sexuales insatisfechas con mujeres, también en cierto modo, necesitadas. Son sus trofeos, pero nuestro personaje, Sr. Honda, se caracteriza por ser un seductor, un Don Juan a la japonesa, un observador minucioso, un estratega, un hombre encantador…

Seduce a las mujeres, pero son amor de un día, es un verdadero depredador, pero un gentleman del amor efímero, si se me permite la expresión.

Es además un profesional con éxito, un casi héroe hematológico de la juventud, casado con una mujer de familia rica, pero ¿qué origina esa necesidad?  ¿De dónde nace esa insatisfacción?

La novela narra, de forma sencilla, ágil, rápida y cautivadora, una trama en la que la venganza no es violenta, no es física, no es sangrienta, pero no por ello menos atroz. Una orquestación de actos, datos, detalles que se ceban en nuestro Don Juan nipón. Un entresijo de fenómenos  que arrojan a nuestro personaje hacia  una muerte segura si no demuestra  su inocencia. ¡Qué paradójico!

 
Un rompecabezas que a base de una investigación laboriosa, llega a la conclusión del caso, no sin un giro final inesperado que sorprende al lector.

 
Una lectura rápida, agradable…. Y yo creo que recomendable. Del resto te encargas tú.

domingo, 4 de diciembre de 2016

El expreso de Tokio.


Konichiwa, babies.
¿Qué tal lleváis ese acueducto? Si no tenéis pasta para viajar, ¡siempre podéis visitar el país del Sol Muriente!

No tenéis más que pasaros por Elemental, para echar un vistazo a los artículos que hemos publicado sobre los orígenes de la novela criminal japonesa y sobre Edogawa Ranpo, el padre del misterio nipón y el subgénero erótico grotesco.
Pero antes, ¿qué os parece hacer una parada en el Japón de los cincuenta, de la mano de Seicho Matsumoto y la estupenda reseña que Pilar Narbón ha preparado de “El expreso de Tokio”?

Aunque si no has terminado la novela, te recomiendo que no leas el último párrafo.
¿Qué, preparados?

 ¡Pues lectores al tren!
 
 

El expreso de Tokio, de Seicho Matsumoto.
Por Pilar Narbón.

 No sabemos si es casualidad o una estratagema, pero la novela está armada con una estructura narrativa circular. Es cierto que los sucesos se narran de forma cronológica, y que el primer capítulo sitúa al sospechoso en el ámbito espacial y temporal de la estación de trenes de Tokio. Es cierto que su objetivo es conseguir testigos para fundar la certeza de que las víctimas son pareja. No es menos cierto que la intriga criminal se inicia con el presunto suicidio de esa pareja de posibles amantes y finaliza con el suicidio cierto de otra pareja de amantes imposibles. Las dos parejas: víctimas y asesinos perecen con la ingestión del mismo veneno. En torno a esa polaridad de sucesos idénticos se construye la trama novelística. Esa estrategia hace que consideremos que el relato pivota sobre una estructura circular o elíptica. Se vuelve al lugar donde se propicia la historia, no sólo a través del hecho repetido (el suicidio de dos amantes); también a través de la experiencia itinerante. El investigador Mihara, en busca de respuestas a sus sospechas, se ve obligado a repetir el mismo itinerario que el presunto homicida. Obcecado en encontrar una fisura en una coartada perfecta, lo vemos viajar de sur a norte y de norte a sur, en el expreso de Tokio. Si bien los espacios geográficos donde paran los convoyes únicamente se mencionan, el viaje es parte del enigma. El itinerario se convierte en un auténtico puzzle con ese enrevesado horario de trenes. El viaje físico e intelectual que realiza el detective para resolver el misterio del falso suicidio es también el viaje del lector. El narrador interactúa con el lector, para que este participe activamente en el proceso deductivo. A través de la fragmentación del relato, el lector hace suyas las sospechas de los dos investigadores y elabora conjeturas que a veces se descalabran. La complejidad del argumento reside en la exposición de hipótesis que unas veces se frustran, y otras se convierten en una madeja que se va desenredando. Pese a que ambos investigadores parten de una intuición, la investigación se desarrolla con irreprochable lógica. El interrogatorio de testigos, la comprobación de coartadas, el análisis de escenarios, se conduce con el rigor de la confirmación de pruebas.

Existe una sutil crítica social en torno a la corrupción, con un tono resignado de moraleja: que la corrupción no pasa factura y que los corruptos son premiados con un cargo político de mayor enjundia. La investigación de un caso de corrupción es el eje sobre el que gira la trama. Se inicia con la muerte del funcionario investigado  y su presunta amante. La vuelta de tuerca es que al final de la historia, las víctimas se convierten involuntariamente en verdugos, en una jugarreta irónica del destino.

Otra rareza de la estructura narrativa es la intervención de dos investigadores sin que veamos –como es de suponer- dos diferentes puntos de vista. Se evidencia que la perseverancia es el principal rasgo del perfil psicológico de los dos policías que intervienen en la resolución del caso. Su perspicacia se guía en principio por instinto. Algo les hace sospechar que un suicidio no es lo que parece ser. Van creciendo en profundidad a medida que perseveran en el planteamiento de hipótesis irrefutables. Desmontar las coartadas esgrimiendo pruebas, intenta demostrar que el instinto solo no funciona. La oposición entre los dos investigadores sólo opera en el aspecto físico. Frente al viejo y desastrado Torigai, se opone el joven y atildado Mihara. Sus caracteres constantes, disciplinados y metódicos se complementan. Se echa de menos –eso sí- una mayor diferencia en la manera de ser y comportarse en la investigación.

Además, resulta algo endeble el leit motiv y el perfil de la autora intelectual del crimen. Vertiginosamente resucitada, se convierte en una vengadora viajera que va y viene para matar. El asunto debería haberse centrado más en los motivos de la trama corrupta para eliminar a un testigo incómodo. Sin embargo pasa de puntillas por ese “móvil” y se fija en los irracionales celos y el rencor de una esposa despechada hacia la que cree su rival. Un tanto rocambolesco el desenlace, aunque propuesto desde la perspectiva de un final abierto a dos posibilidades.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Gokumon to. La isla de las puertas del infierno, de Seishi Yokomizo.



Por Fermín Cañizares.

La isla de Gokumón, situada en el Mar interior japonés de Seto, fue bautizada con el nombre de Isla de las Puertas del Infierno  por la Historia turbulenta de sus moradores, a lo largo de muchos siglos de existencia.

Finales de la Segunda Guerra Mundial. Los soldados japoneses vuelven a los hogares que les vieron partir, salvo aquellos que se quedaron en el camino, en lo que fue  una de las experiencias más horribles de la Humanidad.

Entre estos soldados, se encuentra nuestro protagonista, el investigador Kindaichi Kosuke, aunque esta última faceta la desconocen los habitantes de la Isla, de lo que se valdrá para sus indagaciones.

La población de la isla de las puertas del infierno, cual conformación de la Tierra, se formará en diversas capas o estratos a lo largo del tiempo, con la llegada de distintas oleadas de personajes, todos ellos caracterizados por ser gente de mal vivir, desterrados de otros lugares de Japón: nobles caídos en desgracia, delincuentes, asesinos, convictos, piratas …. profesión, ésta última, que ejercieron durante siglos, y que hizo que aunque haya algunas islas muy cercanas, sus habitantes no se aventuraran a ir a Gokumon.

Kindaichi Kosuke, recibe el encargo de su difunto compañero de armas Kito Chimata de ir a su casa con una carta, cerrada, y con un mensaje incompleto, en el que teme por la vida de sus hermanas.

Una vez llega a la Isla, Kindaichi se encontrará una sociedad desconfiada y encerrada en sí misma, pues al no mezclarse con otras gentes, se ha ido formando una sociedad endogámica, impenetrable, con unos personajes y estatus muy marcados, sobresaliendo por su influencia, el Abad del templo Budista, máxima autoridad no solamente en lo Divino, sino también de facto en lo humano.

El autor Seishi Yokomizo nos ofrece una certera visión de Japón. Entre las cosas que podemos  destacar, está la grandísima relación de los Japoneses con la Naturaleza , reflejada en los nombres de las hermanas de Kito Chimata (Luna, Nieve y Flor); en Los Haiku, poemas en los que se  debe hacer mención a una estación del año; en la descripción de los árboles y flores que circundan el templo y los lugares más sobresalientes de la Isla; y en las referencias a flores en los diálogos.

También nos hace un semblante de sus creencias, pues además del Budismo, hacen prerrogativas a numerosos Dioses del Imaginario colectivo ancestral de la Cultura japonesa.

En este ambiente, profundizando en sus símbolos culturales, lleva Kindaichi a buen fin sus pesquisas.

lunes, 24 de octubre de 2016

Los maestros del misterio japonés


Por Leonilde Álvarez.

Hemos comenzado el curso de novela negra japonesa con una selección de relatos de Edogawa Rampo y Okamoto Kido, de principios del siglo XX.
Empezamos con el detective Hanshichi, que gracias a su perspicacia reconoce a los asesinos basándose en su conocimiento de la sociedad en la que vive. No  es un detective con un oscuro pasado ni  necesita apenas pistas, va a por el culpable y después comparte con los lectores como ha solucionado el caso.
 En sus cuentos, vamos aprendiendo sobre la vida japonesa en las primeras décadas del siglo XIX y encontrando algunos paralelismos con nuestra propia sociedad de la misma época.

Con Edogawa Rampo, nos asomamos  a la vida y costumbres del siglo XX. Son historias interesantes y fáciles de leer. Tienen ingenio, pero su desarrollo es bastante ingenuo. El autor utiliza el recurso de la carta en varios relatos para desarrollar las tramas o finalizarlas.
Después llegó el plato fuerte: “Moju, la bestia ciega”, una novela corta plagada de potentes imágenes mentales que impresionan, un clásico del género negro que nos presenta a un asesino ciego que seduce por medio del tacto y que ha creado su propia habitación del terror para las pobres mujeres que se le cruzan en su camino. Un poco gore, nos hace dudar sobre actividades tan inocentes como tomar un masaje.
En conclusión, es literatura popular, fácil de leer, con tramas cortas e ingeniosas para enganchar a los lectores y de vez en cuando hay un relato que  nos impresiona por la imaginación del autor y por la fascinación que sentimos al leer sobre el país del sol naciente.

martes, 13 de septiembre de 2016

EL PAIS DEL SOL MURIENTE







Por veinte euros, escritores japoneses, como por ejemplo, Haruki Murakami. Un, dos, tres… responda otra vez:


Haruki Murakami….


Cling- Clong.


…


Cling -Clong.


…


Cling- Clong .


Auuuuu (sonido de bocina, para que nos entendamos).


¿Cómo? ¿Que no sabes de ningún escritor Made in Japan que no sea el puñetero Murakami?


Entonces, de novela negra nipona, mejor ni hablamos, ¿verdad?


Pues será porque no quieres.


Hasta Junio, mensualmente iremos publicando artículos sobre los principales autores y movimientos del negror amarillo en el blog de novela negra de El País, y críticas de las obras más representativas que han llegado a nuestras librerías en esta sección, para hacer un repaso histórico de la novela criminal nipona.


Porque la novela negra japonesa y la española se parecen tanto como Oliver y Benji a la Roja.


Así que, si te apetece descubrir el lado más oscuro de Japón, el país del Sol muriente, no tienes más que pasarte por las Casas Ahorcadas.


Para abrir boca, ahí va el artículo introductorio en elemental.


Y próximamente, las primeras reseñas.


Sayonara, baby