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sábado, 15 de octubre de 2016

La ciencia en la sombra: Todo lo que siempre quisiste saber sobre criminología y Grissom nunca te contó.



Lo reconozco. Como muchos de los que cumplimos los 18 a principios de los 2000, de mayor quería ser forense.

Pertenezco a esa generación perdida, que creció buscando las bolas de dragón en primaria, capturando Pokémon a escondidas en secundaria (no como ahora, que han salido del armario y hasta del portal), y que durante el bachillerato no se perdía un capítulo de CSI los lunes por la noche.

Y aunque hace ya una década larga que perdí la pista a Grissom, Horatio y demás incondicionales del luminol, como fanático del género negro en el que luego me he convertido, siempre he tenido cierta fascinación por todo lo relacionado con la ciencia forense. Por saber qué había de cierto en las escenas que tantas veces hemos leído y visto en televisión. Aunque la verdad es que nunca me había planteado leer sobre el tema, hasta que hace unos días llegó a mis manos el libro que nos ocupa.

Alguna vez te has preguntado, ¿Qué veneno sería mejor para acabar con tu jefe? ¿Hasta qué punto son fiables las pruebas de paternidad con las que tratan de justificar que seas el único negro de la familia? ¿Cuánto tarda un fiambre en oler a muerto?

Todo esto y mucho más, es lo que encontrarás en “La ciencia en la sombra” (Destino, 2016), la tercera obra del profesor de la Universidad de Valencia J.M. Mulet.

Un completo libro que explica esas cosas que todo fanático del género debería saber, destapando algunos errores comunes extraídos de películas y series, al tiempo que desmonta leyendas urbanas como que las uñas y el pelo no dejan de crecernos al estirar la pata (cuando muchos incluso sospechamos que no lo hacen estando vivitos y coleando).

Un ensayo que hace gala del rigor científico que cabe esperar en un investigador, pero con una amenidad impropia de un académico (palabra de doctor) y un sentido del humor (negro) fuera de lo común.

Por si fuera poco, para cerrar cada uno de sus nueve interesantísimos capítulos, de por sí repletos de anécdotas, referencias pop y chascarrillos varios, Mulet analiza, a la luz de los últimos avances, casos tan célebres como el de Jack el destripador, la desaparición de Mengele, la muerte de la zarina Anastasia o el envenenamiento de Hitler.

En definitiva, un libro de divulgación que se devora con la fruición del thriller más absorbente, que te responderá dudas que ni siquiera sabías que tenías, y con una sonrisa en los labios. La lectura ideal para aprender cómo perpetrar el crimen perfecto…

O al menos, imaginarlo.

domingo, 9 de octubre de 2016

EL CLUB DE LOS MEJORES


Por Sergio Vera Valencia.

En 2010, Carlos Salem me convenció para asistir al taller para jóvenes escritores que impartió en la Semana Negra. Pero al terminar la primera sesión, el cabrón desapareció tras algún tanga de Piolín y me quedé solo y con cara de gilipollas.

Andaba buscando mi móvil para que alguien me rescatase, cuando una voz me preguntó si necesitaba ayuda. Era un chaval algo más mayor que yo, de acento terriblemente murciano, que ya había publicado un par de libros de fantasía (mientras que el resto de participantes no habíamos firmado ni un triste relato en un fanzine), por lo que se rumoreaba que solo se había apuntado al taller para que la organización le facilitara tickets de comida y alojamiento gratis.

Mientras tomábamos algo, para romper el hielo (y nunca mejor dicho), le pregunté si no tenía pensado escribir novela negra. Y ni corto ni perezoso, me dijo que ya había escrito varias, una de las cuáles había quedado finalista del premio Lengua de Trapo, pero que todavía no había conseguido publicar.

El tipo se llamaba Claudio Cerdán, y el libro “El país de los ciegos”, un novelón nigérrimo donde retrataba los bajos fondos de Alicante al más puro estilo GTA Light City que finalmente aparecería en 2011, y que se alzó con el premio Novelpol y quedó finalista del Memorial Silverio Cañada, que a mi juicio debería haber ganado.

Desde entonces, sigo con admiración y gran interés la carrera delictiva de Claudio, “el pequeño César" del género negro ibérico. Un joven escritor tan prolífico como versátil, que en 2013 publicó en la editorial de ese mismo nombre la incomprensiblemente olvidada “Cien años de perdón” (que nada tiene que ver con la película) sobre un policía corrupto inmerso en mil y un delitos, y en 2014 “Un mundo peor”, premio Tenerife noir, un hard-boiled clásico sobre un detective alcoholizado y triste en busca de un niño desaparecido bastardo de Ross MacDonald.

Todavía en 2014, Cerdán dio un nuevo giro a su obra, publicando ese delicioso e inclasificable pulp a caballo entre la novela histórica, la bélica, el noir, el western y la fantasía, que Alrevés editó como “La revolución secreta” que por desgracia hizo honor a su título, pues pasó sin pena ni gloria por las librerías.

Como también, la que hasta ahora era su última criatura, “Sangre fría”, una irreverente parodia del género zombi en clave de crook sttory, rollo Tarantino de la España profunda.

Por eso, cuando hace poco me enteré de que Claudio tenía libro nuevo bajo pseudónimo, me faltó tiempo para interesarme por el libro, que gracias a Ediciones B, pude disfrutar antes de que saliera a la calle.

Y como siempre, Claudio se ha vuelto a reinventar y a dejarme patidifuso con su talento.

Porque, ¿cómo carajo es posible que un acho de Yecla, que para más inri vive en Suecia, ambiente una novela negra en Estados Unidos y resulte tan creíble?

Pero vayamos por partes. Empecemos por el principio. Y el arranque de “El club de los mejores” es de los que dejan sin aliento:

Una noche, alguien aporrea con insistencia la puerta de Walter, un ingeniero acomodado de Mineápolis. Resulta ser Cormac, Un amigo de la infancia, que arrastra una bolsa llena de billetes, mentiras y problemas que tienen su origen en un secreto de treinta años atrás, que pondrán la vida de Walter patas arriba.

Así comienza este adictivo thriller con más giros que una peonza de Pierre Lemaitre, de lenguaje y ambientación tan hollywoodiense que nos parecerá estar leyendo una película americana, con continuas alusiones a la infancia, que ha hecho que sea comparado con “Mystic River”.

Una de esas novelas magnéticas que resulta difícil soltar, y que no deja de sorprender al lector sin necesidad de regar sus cuatrocientas páginas de cadáveres.

El libro más accesible de Claudio Cerdán, con el que espero que al fin logre llegar al gran público, ya que sin duda estamos ante el miembro más joven del “club de los mejores” criminales literarios del país.

sábado, 1 de octubre de 2016

Y el Tormo Negro 2016 es para...


Lo prometido es deuda.

Ayer, 30 de septiembre, se celebró la sesión inaugural del séptimo (¡séptimo! ¡como el de caballería!) curso de las Casas Ahorcadas. Y como ya es habitual,    en esta primera reunión se llevó a cabo la elección del Tormo Negro 2016, en la que votaron un total de 24 negritos.

Recordamos que las obras finalistas eran….

Pues bien, las Casas Ahorcadas han resuelto por amplia mayoría que el Tormo Negro a la mejor novela criminal leída por el club de lectura durante el curso 2015-2016 sea para…
“¡Siempre pagan los mismos”!
Enhorabuena, al gran Carlos Bassas.
Y a los demás otra vez será.

La entrega del premio está previsto que se efectúe en el marco del próximo festival de las Casas Ahorcadas, aunque como el futuro del evento es cuanto menos incierto, en caso de no celebrarse, se realizaría al final del presente curso, en junio de 2017.

lunes, 26 de septiembre de 2016

La última reseña


Si por algún casual sigues este blog, pero no formas parte del club, a lo mejor te estás preguntando, ¿Qué carajo es esto?  ¿Dónde demonios está el ganador del Tormo?  ¡Dijisteis que se sabría el 22 de septiembre!

Paciencia, motivos de fuerza mayor (aunque las piedras que rondaban mi riñón fueran cuasi microscópicas) obligaron a posponer la deliberación. Mas no temáis, que el 30 de septiembre se acabarán vuestros desvelos y sabremos al fin quién es el flamante Tormo Negro de este año.

Entre tanto, despedimos el verano (o damos la bienvenida al otoño) con una reseña, de la negrita más aplicada de la tribu, que nos habla de la última novela del escritor escocés más valorado de cuantos leímos el curso pasado.

Y sin más, Bienvenidos a….

ENTRY ISLAND, de Peter May.
Por Aurelia Martín Mayordomo.

        La acción de la novela transcurre en una pequeña isla, la primera que se encuentran los barcos  que vienen de Europa con dirección al golfo de San Lorenzo. Es un minúsculo pedrusco azotado por el viento, donde apenas residen una centena de habitantes que viven de la pesca; gente curtida y obstinada, acostumbrada a soportar las inclemencias del tiempo.
Un día, aparece muerto el hombre más rico de la isla, un comerciante de langostas llamado James Cowell, y los isleños empiezan a sospechar de la mujer de la víctima.

       Asignado a la investigación del crimen, acude desde Montreal el detective Sime Mackenzie, cuyos antepasados eran escoceses. Sime piensa que el cambio de aires le sentará bien por estar pasando un mal momento en su vida. Por desgracia, su ilusión se desvanece en cuanto llega a la isla y se encuentra con su ex mujer, analista forense, Marie Ange con la que intercambia agrios reproches.
Pero lo más angustioso, es su encuentro con Kirsty, la esposa de la víctima, a quien cree reconocer del pasado, provocándole pesadillas en las que aparecen los relatos que le contaba su abuela.

       Por eso, aunque la mayoría de las pruebas acusen a la viuda y el equipo de investigación esté ansioso por cerrar el caso, Sime estará dispuesto a todo por defender su inocencia.

martes, 13 de septiembre de 2016

EL PAIS DEL SOL MURIENTE







Por veinte euros, escritores japoneses, como por ejemplo, Haruki Murakami. Un, dos, tres… responda otra vez:


Haruki Murakami….


Cling- Clong.


…


Cling -Clong.


…


Cling- Clong .


Auuuuu (sonido de bocina, para que nos entendamos).


¿Cómo? ¿Que no sabes de ningún escritor Made in Japan que no sea el puñetero Murakami?


Entonces, de novela negra nipona, mejor ni hablamos, ¿verdad?


Pues será porque no quieres.


Hasta Junio, mensualmente iremos publicando artículos sobre los principales autores y movimientos del negror amarillo en el blog de novela negra de El País, y críticas de las obras más representativas que han llegado a nuestras librerías en esta sección, para hacer un repaso histórico de la novela criminal nipona.


Porque la novela negra japonesa y la española se parecen tanto como Oliver y Benji a la Roja.


Así que, si te apetece descubrir el lado más oscuro de Japón, el país del Sol muriente, no tienes más que pasarte por las Casas Ahorcadas.


Para abrir boca, ahí va el artículo introductorio en elemental.


Y próximamente, las primeras reseñas.


Sayonara, baby

martes, 6 de septiembre de 2016

Una propuesta original para este curso



Yeruldelgger. Muertos en la estepa, de Ian Manook.
Por José Ángel Vera.


Este año, en la Semana negra de Gijón, una de las presentaciones que más me gustó fue Yeruldelgger de Ian Manook, seudónimo de Patrick Manounkian, pues en la presentación habló de Mongolia, un país que yo tenía olvidado y que en mis años jóvenes era, junto a Albania y Corea del Norte,  los lugares que ponía en el pasaporte que no podíamos visitar.

Es curioso, Manook había escrito esta su primera novela a los 64 años, algo que me recordó a su compatriota Pierre Lemaître, que también empezó a publicar a avanzada edad. En la presentación, contó como un país diez veces mayor que Francia y con solo 3 millones de habitantes, tiene unas peculiaridades que no se dan en país alguno. Así hasta 1990 los habitantes de Mongolia carecían de apellidos y se ponían los nombres que querían basándose en deseos o habilidades de la persona. También comentó como los mongoles para preservar la estepa, en vez de decir que no es de nadie, prefieren decir que es de todos. Aunque en la actualidad con el descubrimiento de "tierras raras", muy útiles para la fabricación de led y energías limpias en occidente, su extracción está acabando con el ecosistema de la estepa.

Podría seguir mencionando más anécdotas de las que nos contó, como que en 1969 ya estaba en Estados Unidos de camarero y para ir al festival de Woodstock, dejó su trabajo y se fue a la otra costa, y cuando llegó resultó que el festival se celebraba a pocos kilómetros de donde trabajaba. Así que perdió el trabajo, se gastó el dinero que tenía y no vio el festival.

 Pero mejor, pasemos a introducir la obra "Yeruldergger. Muertos en la estepa".

Yeruldelgger es un comisario mongol, destinado en Ulán Bator. Un tipo atormentado en lo personal, pues asesinaron a su hija de cinco años, su mujer se volvió loca y su otra hija se ha dado a las drogas. En lo profesional, sin embargo,  está muy considerado por sus iguales e inferiores  y denostado por sus superiores.

La novela comienza, cuando nuestro personaje se ve envuelto en un descubrimiento macabro. Una niña de cinco años aparece enterrada con su triciclo en plena estepa y en la capital se hallan unos hombres de negocios chinos ahorcados y emasculados. A partir de aquí, veremos infinidad de tramas que nos hablan de corrupción, mafias chinas, coreanas… al tiempo que nos descubre costumbres y tradiciones ancestrales de ese país tan lejano y desconocido para nosotros.

Esta compleja y adictiva obra ha resultado merecedora de infinidad de galardones en Francia, como el Premio SCFN du Polar o el Premio de los lectores Quais du Polar.

En resumen, una novela que me ha encantado, y que aunque solo sea por la originalidad de su ambientación, merece la pena ser leída.


martes, 30 de agosto de 2016

Premio Ángel Luis Mota: El ganador.





Despedimos Agosto igual que lo saludamos, con un relato negro.

Y no cualquier relato. Con el ganador del último premio Ángel Luis Mota , que recayó en Silvia de la Fuente Migallón, estudiante de 1º de Bachillerato (pronto segundo) del Instituto Alfonso VIII de Cuenca.

Felicidades a la autora y  su familia, esperamos veros pronto por las Ahorcadas.


 “CULPABLE”

Una estrella de seis puntas adorna, como es ya habitual, la mano derecha del cuerpo que yace muerto en el suelo del callejón en una postura macabra. El asesino ha vuelto a atacar y, como siempre, ha dejado su señal. Sabe que llevamos detrás de él varios años y encima tiene la poca vergüenza de reírse de nosotros marcando a sus víctimas.

No hay restos de sangre, nunca los hay. Todas son muertes silenciosas y limpias. Me gustaría decir que también son indoloras, pero de esto ya no estoy tan seguro. No sé si será del todo agradable que una sustancia que has ingerido te comience a destrozar el organismo por dentro, empezando por las cuerdas vocales para que no puedas gritar, hasta terminar con el corazón, pero eso sí, dejando intactos los huesos y la piel para que parezca que solo estás plácidamente dormido, aunque tu cuerpo en realidad esté vacío y tu pecho no suba y baje como hace cuando sueñas.

Miro la cara de la joven víctima antes de que la tapen con una de esas inmaculadas sábanas blancas. Inocente muchacha. Se ha fiado del primer tipo que le ha dado algo de beber, sin saber que en esa copa encontraría su muerte. En cierto modo es culpa suya. ¿Nunca le han dicho que no hay que fiarse de los extraños? Quizás es un castigo demasiado fuerte por no saberse la lección, pero le ha tocado un profesor tan cruel como es la vida y que no perdona una sola falta en sus clases.

Me quedo con unos cuantos compañeros del Cuerpo de Policía para ver si encontramos alguna pista, algún indicio de adónde puede haber huido el criminal. Siempre siento que nos observa, que está mucho más cerca de nosotros de lo que podríamos ni siquiera imaginar; sin embargo, nunca hallamos nada, ni una huella, ni un ruido delator, ni una mirada en mitad de la noche.

Volvemos al cuartel. Me encierro en mi despacho y comienzo a anotar los datos de la chica junto al resto de víctimas de este asesino. El fallecido de más edad apenas llegaba a los treinta años. Me pregunto por qué tan jóvenes, aunque supongo que la respuesta es sencilla: son más fáciles de engañar. Mientras divago sobre el tema comienzo a dibujar en un papel, dejando libre mi mente y mi imaginación. No soy consciente hasta que termino de que he llenado la hoja de estrellas de seis puntas.

Ya de madrugada vuelvo a mi casa. Hoy ha sido un día duro. Antes de tumbarme en la cama junto a mi mujer y esperar a que los rayos del sol me despierten de nuevo por la mañana para comenzar otro fatigoso día, paso por la habitación de las niñas.

Los únicos indicios de que hay alguien en el cuarto son las suaves y tranquilas respiraciones que se oyen y los dos pequeños bultos que hay en cada una de las camas. Si no conociera mi propia casa, aseguraría que las mantas que las cubren son negras, pues es el único color que percibo ahora mismo. Sin embargo, sé que en cuanto la luz inunde la habitación, los colores vivos y los dibujos florales alegrarán esta siniestra estampa. Me interno en la sala y me acerco a la mesita de noche. La alfombra amortigua mis pasos y agradezco que me ayude a mantener el silencio del lugar.

Miro a las niñas, tan pequeñas… Pienso en el asesino: siempre víctimas jóvenes. No puedo evitar imaginar que mis hijas pueden ser las siguientes, que un criminal tan cruel no tendrá reparos en que la próxima persona que diga adiós a su vida sea tan solo una niña. Antes preferiría morir yo que tener que sufrir con la pena de ver desaparecer a mis seres queridos y mucho más si se trata de mis pequeñas.

No puedo seguir pensando en esto, así que salgo del dormitorio y huyo hacia la cocina. “Un buen vaso de whisky me ayudará a calmarme”. Es lo que pienso mientras busco la botella en la estantería. Cuando la encuentro, vacío todo el contenido que le queda en un vaso y doy un trago.

A pesar de todo, no consigo apartar de mi mente la atroz posibilidad de que el asesino venga a por mis hijas, porque al fin y al cabo llevo detrás de él casi una década y, además, lo conozco demasiado bien como para saber cuáles serán sus próximos actos. Sé que después de tanto matar, acabará por volverse loco y sus crímenes dejarán de estar tan bien organizados como hasta ahora. Empezará a envenenar indiscriminadamente y al final ya no distinguirá amigos de enemigos, familia de desconocidos. Acabará matando a sus seres queridos, no sin antes matar a los de otra mucha gente ajena.

Sin embargo, también sé qué pensará sobre todo esto y que, si tiene algo de sentido común, como creo que todavía tiene, preferirá matarse a sí mismo antes de sucumbir a los encantos de la locura.

Por eso, cojo el vaso con el alcohol y busco un rotulador permanente. Azul, negro, rojo… La verdad es que me da igual. Lo destapo y me pinto una estrella de seis puntas en la mano derecha. La costumbre hace que me quede perfecta. Saco del bolsillo interno del abrigo una de las pastillas que me son ya tan familiares y la echo en el vaso. Veo cómo, en contacto con el líquido, la pastilla se deshace con rapidez y en unos pocos segundos no queda rastro de ella.

Apuro el contenido del vaso hasta la última gota y noto cómo el veneno hace efecto inmediato en mi garganta. Sí, es una muerte silenciosa, pero no creo que se pueda sentir un dolor mayor que este.

Me dejo caer en el suelo, despacio, bocarriba, como siempre deja el criminal los cuerpos de sus víctimas, como siempre dejo yo los cadáveres de la gente a la que robo la vida.

Con mis últimas fuerzas miro de nuevo a la habitación de las niñas. Ellas serían las siguientes, pero nunca me permitiría hacerles daño a mis hijas.