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jueves, 31 de mayo de 2018

“El Proxeneta”: la puta realidad tras “Pretty Woman”.


¿Alguien es capaz de imaginar que una mañana, de pronto, una mujer se levanta y decide ser puta?
Vamos, que se cambia el vestuario, se pinta los morros y se lanza a la calle, a aguantar al primer tipo repugnante dispuesto a pagar por sexo y sentir que una tía es, al menos por un rato, de su propiedad.
Siempre me hizo gracia Pretty Woman.
Una mujer que entra y sale de la prostitución cuando le da la gana y como le da la gana, y encima encuentra el amor verdadero… Me pregunto de dónde sacarán esas historias los guionistas del cine y la televisión.
Sé que si las cuentan es porque venden más y porque así lavan las conciencias de mucha gente.
De los clientes, que siempre quieren sentirse limpios, pero son los que sostienen el negocio, para empezar.
De la sociedad, que mira para otro lado y es cómplice de lo que sufren ellas.
De quienes las explotamos, que intentamos justificar lo injustificable…
No hay prostitución que se ejerza libremente, eso es radicalmente falso.
Tanto la prostitución como la trata para la explotación sexual se ejercen por distintas circunstancias que vuelven muy vulnerables a las mujeres y que nosotros aprovechamos sin dudar. La feminización de la pobreza, la precariedad tan presente en sus vidas, sus necesidades económicas o emocionales las convierten en presas muy fáciles de manipular.
Más aún cuando se cruzan en el camino con especialistas en el arte del engaño.
Como nosotros.
Como yo.
 
El proxeneta, Mabel lozano. Al revés, 2017.


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